Los vallisoletanos huyen de las marcas blancas después de la crisis

Mostrador de una frutería vallisoletana.
Mostrador de una frutería vallisoletana. / GABRIEL VILLAMIL

El informe anual de Mercaolid constata un nuevo perfil de cliente que se preocupa más por comer sano que por el precio

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Hay un nuevo consumidor que ha surgido de la crisis –después de diez largos años de apreturas y estrecheces económicas– y que ahora, cuando se atisba la recuperación, comienza no solo a mostrar sus preferencias, sino también a influir en la oferta del comercio. Los supermercados, las cadenas de alimentación y las tiendas de barrio se han visto obligadas durante los últimos meses a variar sus estrategias para adaptarse a estas nuevas demandas, que han identificado las principales consultoras y que certifica la última memoria anual de Mercaolid, el gran centro de abastecimiento y distribución de Valladolid y su entorno. ¿Por dónde van los tiros?Hay una idea clara y es que se ha terminado esa perspectiva de mera subsistencia en la que el precio y las ofertas eran el único criterio de compra.

Esto, en los años más complicados de la crisis económica (con el pico de desempleo en 2013),se tradujo en un auge de las tiendas ‘low cost’, con la marca blanca como principal bandera, algo que se constató también de forma clara en Valladolid. Ahora, con una menor tasa de paro, el precio ya no es el único criterio. Todavía importa, pero el comprador está cada vez más preocupado en encontrar productos saludables y de calidad.

Esto tiene su reflejo en datos, con un auge de los productos frescos, sobre todo las frutas y las verduras. La comercialización de este ‘género verde’, en los productos salidos de las tripas de Mercaolid (la gran despensa de la alimentación regional), crecieron el 2,47% durante el año pasado. A lo largo de 2016, desde estas instalaciones salieron 124.210.186 kilos de frutas y verduras hacia tiendas y comercios de Valladolid. El Ministerio de Alimentación dice que el consumo medio de frutas es de 99,54 kilos por persona al año, con un gasto medio de 141,2 euros.

Y hay frutas que triunfaron la pasada temporada, como la fresa y el fresón, cuyo consumo creció el 10,1%hasta los 4,8 millones de kilos en Valladolid. Este «notable incremento» –explican desde Mercaolid– se debe a que la plataforma logística ha empezado a operar con una de las empresas más especializadas del país en este tipo de productos. El calor del año pasado disparó también la ingesta de melones y sandías y fue una buena campaña para las frutas de hueso (melocotones y sobre todo albaricoques), que se beneficiaron de precios muy competitivos. En las cestas de la compra, eso sí, no hubo tanto sitio para los plátanos, cuyo suministro en Valladolid cayó después de que una planta de maduración «suspendiera acuerdos de suministro con alguna importante cadena».

Poder verde

Este poder verde, esta «valorización del producto fresco», como explica Javier Pastor, gerente de la Unidad Alimentaria de Valladolid en el prólogo a la memoria de Mercaolid, explica «el crecimiento de los precios de productos tan básicos y significativos como las frutas, las verduras y el pescado». Esta tendencia se ha trasladado también a las frutas y hortalizas, con incrementos generalizados en tomates, cebollas, pimientos o judías verdes... pero no tanto en las lechugas, que registra un descenso tal vez lastradas por esas nuevas bolsas de supermercado donde se ofrecen las hojas ya lavadas, peladas y listas para servir en ensalada.

Porque la comodidad es otra de las aristas del perfil del nuevo consumidor. El hipermercado sigue su tendencia a la baja (del 19,1% de cuota de mercado en 2009 al 16,3% actual)en beneficio de los supermercados de barrio (ya acaparan el 64,7%), que continúan su imbatible crecimiento (en 2009 suponían el 56,6%), también a costa del pequeño autoservicio y del comercio tradicional.

Esta comodidad del supermercado al lado de casa (en algunos casos con aparcamiento propio)se beneficia además de una tendencia cada vez más valorada por el cliente: el diseño de las tiendas. «El sector detallista tradicional debe reinventar su formato o modelo de establecimiento para captar este nuevo cliente que busca una alimentación más cercana y profesional, más saludable, de mayor calidad (producto ‘premium’), más sostenible y próxima en producción, con género local y de cercanía», proponen desde la Unidad Alimentaria de Valladolid, donde insisten además en ese diseño del establecimiento.

Esa apuesta por el producto de proximidad también es tendencia de este nuevo consumidor que se asoma, de momento con cautela, a la compra de productos alimentarios por Internet. Lo hizo el 13% de los españoles en 2016, según las últimas encuestas disponibles, frente al 49% de los británicos o el 35% de los franceses.

Porque está claro que para muchos Internet sí que sirve para comprar ropa, libros o electrónica, pero no tanto para adquirir yogures o pescado. Este sector, el de los productos procedentes del mar, es uno de los que más castigados salen de estos años de crisis. Ocho de cada diez consumidores afirman que comprarían más de este tipo de productos si no tuvieran un precio tan elevado. El Ministerio de Alimentación ha constatado un descenso el año pasado del 3,1% en el consumo de productos pesqueros. Aún así, España es el país europeo con mayor consumo mensual de pescado en los hogares, por delante de Suecia y Dinamarca, según datos de la Comisión Europea. En Mercaolid, la comercialización de este tipo de productos cayó el 4,34%, hasta un total de 16,641,848 kilos.

Hay otros aspectos que habría que tener en cuenta. El Ministerio de Alimentación ha constatado un incremento del consumo extradoméstico (la mejora de rentas se ha traducido en que visitamos más bares y restaurantes). Y además, aquí en Valladolid, como en Castilla y León, también influye la demografía, con la importante pérdida de población entre los 25 y los 34 años, que es un perfil consumidor más activo y abierto a nuevas posibilidades de distribución y negocio.

En cualquier caso, Javier Pastor concluye en la memoria de Mercaolid que habría que acercarse a todas estas apreciaciones con «cautela» respecto a las pautas de consumo, ya que todavía existe «temor al inicio de un nuevo proceso de recesión». Porque diez años de crisis, no habría que olvidarlo, han calado también hondo en el comportamiento de los hogares, mucho más cuidadosos para evitar las compras innecesarias y el desperdicio de comida.

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