Manzanares vence y convence en Valladolid

El torero Manzanares salió a hombros de la Plaza de Toros vallisoletana./Henar Sastre
El torero Manzanares salió a hombros de la Plaza de Toros vallisoletana. / Henar Sastre

Manzanares se lució, Morante estuvo inspirado y Talavante no encontró el toreo que lo identifica

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJO

Viene que ni pintada para esta crónica y para resumir lo que pasó en la tarde de ayer en el coso del paseo de Zorrilla esa letra del maestro Sabina que dice algo así como: «Nos sobran los motivos» y en este caso, tanto como para decir «con Dios», como para que los aficionados se sigan reivindicando como tales.

Primero, lo bueno. El reencuentro de Morante de la Puebla con el arte, inspirado, entregado, con ese duende especial que reconocieron los tendidos en los derechazos al cuarto, al que mató de una estocada y al que cortó una oreja. Del primero poco se puede decir; es verdad que el toro fue algo mansito, con mejores inicios que finales, pero Morante, empeñado con la izquierda, tampoco estuvo por el tema, así que más pronto que tarde se lo quitó de en medio con tres pinchazos y media estocada.

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Pero si hubo un torero que venció y convenció ese fue Manzanares, y no porque lo digan las dos orejas que cortó, una a cada uno de los de su lote, sino porque se lució como él sabe a la verónica, toreó en redondo muy ligado y, tanto con la derecha como con la izquierda, dejó muy buena faena en su primero, un toro bueno humillando al que quizás le faltó un tranco más. En el quinto, el de más movilidad y más enrazado, más de lo mismo, pero con una estocada marca de la casa recibiendo después de un intento fallido.

Morante de la Puebla se luce durante un natural.
Morante de la Puebla se luce durante un natural. / Henar Sastre y Alberto Mingueza

Talavante fue el único que abandonó el coso de vacío. En el tercero de la tarde dejó una buena tanda de verónicas. Comenzó la faena con la muleta cambiándose el toro por la espalda y lo basó todo en naturales. Intentó hacer el toreo que siempre lo ha identificado, enganchando adelante y rematando por debajo, pero el aire no se lo permitió. Falló con los aceros y fue ovacionado. Con el sexto no tuvo opción, pues el astado acusó la voltereta sufrida. Silencio. Los tendidos recordaban grandes faenas de Talavante en este mismo coso, en muchas retinas todavía la tarde del homenaje a Víctor Barrio en septiembre de 2016 y, aunque es verdad que estuvo más inspirado y asentado que en tardes precedentes, no acaba de encontrar la magia que atesora.

Las tres cuadrillas cumplieron, sobresaliendo Jesús Miguel González, al que los tendidos reconocen como 'Suso el de la Nava', a las ordenes de Manzanares.

Lo peor. A pesar de que la tarde fue buena, con toros de Núñez del Cuvillo nobles, aunque algo faltos de fondo, y con buenos detalles para comentar, no es de recibo que el festejo comenzara 15 minutos tarde y que con los toreros en arena, el público siguiera accediendo a sus localidades. No es de recibo que el callejón esté repleto de gente que no desempeña una tarea concreta. No fallan: ni algunos de los antes ni de los de ahora.

Y como epílogo, un coso prácticamente lleno, como en los mejores tiempos. Hubo el rumor de que José Tomás estaba en los tendidos, pero que había conseguido pasar desapercibido, y cómo no, el espontáneo que saltó al ruedo, quien, por supuesto, no merece comentario.

Jaime Ostos se dispone a fotografiar a su esposa, María Ángeles Grajal, con Froilán Marichalar. Luguillano saluda en el callejón. Abajo, el activista antitaurino holandés Peter Janssen es reducido por dos subalternos. / Henar Sastre y Alberto Mingueza

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