La lucha contra la violencia de género se cita cada mes en Fuente Dorada

Un par de zapatos rojos en memoria de una de las mujeres asesinadas en julio, en la concentración contra las agresiones machistas en la plaza de Fuente Dorada.
Un par de zapatos rojos en memoria de una de las mujeres asesinadas en julio, en la concentración contra las agresiones machistas en la plaza de Fuente Dorada. / A. Mingueza

La asociación ADAVASYMT alerta de que la violencia machista se desata «más rápido en adolescentes, el riesgo de recaída es mayor y son reacias a ir a terapia»

Alexandra Rodríguez Ibarra
ALEXANDRA RODRÍGUEZ IBARRAValladolid

La fuerza de los rayos del sol viene de frente y, con las prisas por coger el autobús a tiempo, el bolso se resbala del hombro a casa paso. Parece una mañana más para una mujer que acude a una nueva jornada laboral. No tiene por qué tener miedo, camina por una calle transitada a plena luz del día. Pero eso no evita que un joven vestido con ropa de deporte y gafas de sol se cruce con ella y le susurre un venenoso «furcia», sin razón aparente y sin nada más que añadir. Él prosigue en su dirección; ella se para creyendo haber oído mal, pero no lo ha hecho. «¿Por qué?». Si esta situación se hubiese producido de noche, durante la vuelta a casa y sin transeúntes que infundan algo de seguridad a esa mujer, ¿habría sido esta publicación una noticia de una nueva víctima que sumar al mes?

No es más que la punta del iceberg de la violencia de género, el motivo por el que decenas de mujeres y hombres se reúnen, desde hace seis años, el día 25 de cada mes a las 20:00 horas en la plaza de Fuente Dorada, soportando frío, lluvia o la afilada indiferencia de los paseantes. «El 25 de noviembre es el día contra la violencia hacia las mujeres; nos pareció un buen día», explica Concepción Minayo, presidenta de ADAVASYMT, una asociación de asistencia a víctimas de agresiones sexuales y malos tratos, fundada hace casi veinticinco años. «Primero asistíamos a mujeres de violencia de género y ahora también de agresiones sexuales». Pese a que hay otras agrupaciones que luchan por esta causa, ellas son las únicas que atienden a las víctimas en Valladolid, incluyendo a menores de edad.

La asociación, compuesta por mujeres y «con algunos socios», nació a raíz de dos crímenes que asolaron Valladolid en 1992: «Decidimos formalizar la asociación por los asesinatos de Olga Sangrador y Leticia Lebrato; nos dimos cuenta de que no había ninguna que apoyara a las víctimas», recuerda la presidenta.

Sobre el número de miembros, expresa con seguridad: «Somos suficientes», a lo que añade «no importa el número, sino la calidad de los socias y socios, que somos capaces de visualizar la violencia contra las mujeres», algo «fundamental para atajar el problema». Concepción Minayo habla sobre la importancia de «tener las puertas abiertas a cualquier persona que quiera trabajar y luchar» contra esta situación. «Creemos que es una lucha que tenemos que hacer junto a los hombres, no en contra de ellos», aclara. El colectivo cuenta con seis miembros fundadores masculinos.

Una cruzada cada día 25

Seis víctimas más a las que rendir homenaje en la concentración del 25 de julio hacen un total de 67 asesinadas por la violencia de género en 2017 en España, según contabilizan desde la asociación. Por desgracia, la cifra pronto quedó desactualizada debido a la mujer que el jueves pasado apareció semicalcinada en un parque de Sevilla.

El suelo de la plaza de Fuente Dorada acoge seis pares de zapatos, seis máscaras blancas y seis carteles con los nombres de las últimas fallecidas. Cada una de ellas recibe un momento para su recuerdo antes de unirse a las de meses anteriores. Un gran corro de miembros de la asociación, de paseantes solidarios y de curiosos amparan el momento.

El respetuoso minuto de silencio precede a la lectura de un comunicado. En esta ocasión, acerca de la violencia de género sufrida por adolescentes, que durante 2015 y 2016 afectó a más de 1.000 menores. «Creen que los signos de violencia contra ellas por parte de los chicos son muestras de amor», rezaba el texto. Se trata de un colectivo que no se reconoce como víctima. «Creen que esto no es cosa de su generación». Mediante cánticos («¡No más violencia contra las mujeres!» y «¿A cuántas más tienen que matar?») y un aplauso se dio por terminado el acto hasta el próximo día 25.

Los carteles que recuerdan a las víctimas de violencia de género de 2017. / A. Mingueza

«Ojalá no tuviéramos que concentrarnos», afirma la presidenta, pero asegura que seguirán con su activismo todos los días que hagan falta, incluyendo el de Navidad. «Surgió porque veíamos sangrar» las crecientes cifras de mujeres asesinadas. Decidieron visualizar para sensibilizar. «La solidaridad es vital para que la sociedad sepa que las mujeres no somos un juego».

El machismo del día a día es algo complicado de retirar, pero «si vamos haciendo campañas de concienciación y a uno que cuenta un chiste machista no se le ríe la gracia, la gente se va sensibilizando», explica Concepción Minayo; a lo que Cristina Alcalde, coordinadora, añade: «Ante esto hay que mostrar rechazo».

Sobre los apoyos que perciben, Alcalde explica que reciben subvenciones de «administraciones públicas y de fondos privados, con cuotas y demás». Por otro lado, Minayo reconoce que ha habido un importante cambio en la implicación de figuras políticas: «Desde que el Ayuntamiento ha cambiado en esta ciudad se nota mucho, vienen concejalas y concejales a estas concentraciones. Antes no se veía a nadie».

Un acuerdo nacional

El lunes 24 de julio fue aprobado por el Congreso el Pacto contra la Violencia de Género, respaldado de forma unánime por todos los partidos, con doscientas medidas y un presupuesto de 1.000 millones de euros para los próximos cinco años. Este acuerdo se basa en varios ejes de actuación: la sensibilización y prevención, la mejora de la respuesta institucional o del conocimiento sobre la violencia de género.

«Como asociación, todavía no nos hemos reunido para estudiarlo», admite la presidenta, pero «todo lo que sea en beneficio de las mujeres está muy bien». El pacto recoge exigencias demandadas por las asociaciones, como las de educación; sin embargo, Minayo declara que, por el momento, «valoraremos según en lo que se vaya quedando todo esto».

Ante la pregunta de si podría significar un antes y un después, la presidenta asegura que lo van a intentar «por todos los medios», pues las asociaciones tienen un papel vital para que esto llegue a buen puerto como primera línea de la lucha: «Esas medidas hay que ponerlas en práctica y se debe ser muy riguroso».

Uno de los aspectos más destacados de este Pacto es el de las medidas enfocadas a la educación. Tal y como las asociación trataba en su comunicado, «la violencia machista se desencadena más rápido en las adolescentes que en las mujeres adultas, el riesgo de recaída es mayor y son reacias a acudir a terapia». Todo esto, señalan, tiene que ver con «cómo estamos construyendo a nuestras niñas y niños».

Una socia de la asociación coloca los símbolos del homenaje. / A. Mingueza

Los centros educativos son vitales en esta lucha y los partidos pretenden aprovecharlo. Una de las medidas es promover actividades para prevenir la violencia sexual y realizar campañas de sensibilización. Estos actos ya se han estado llevando a cabo por asociaciones como ADAVASYMT, por lo que lo más llamativo es lo que afecta a los contenidos que van a cursar los jóvenes. Esto implica ofrecer libros de Historia en los que se trate el origen, el desarrollo y los logros del feminismo, así como incluir la igualdad y el rechazo a la violencia de género.

Cristina Alcalde ve con buenos ojos estas iniciativas: «Creemos que la educación en igualdad es una de las bases para terminar con la violencia machista». ¿Será suficiente? «Esperemos» es su respuesta.

Un compromiso social

La asociación cuenta con perfiles profesionales como una psicóloga y una trabajadora social, que es Cristina Alcalde, activista «de toda la vida» que siempre ha tenido clara su ideología y sus valores: «El feminismo, la igualdad y la lucha contra la violencia es el día a día».

La principal motivación para ella es «ver todo lo que nos hacen a las mujeres: nos siguen violando, nos siguen asesinando, seguimos sufriendo discriminación sexual, laboral y vital». Compaginar esta labor con su rutina no le supone esfuerzo, se trata de «una forma de vida que está ahí siempre».

La mayoría de socios son voluntarios. Minayo explica que son «personas que hemos decidido dedicar parte de nuestra vida a la solidaridad de las mujeres y a la lucha contra la injusticia». Una labor por el bien común y por todas esas personas que, por el hecho de pertenecer al género femenino, deben batallar día a día. «No es algo que se pueda pagar o contratar, es un compromiso social», sentencia la presidenta.

Primero un halago, después un insulto; primero un tocamiento en la discoteca, después una violación; primero un empujón o un golpe, después un asesinato. Pero todas ellas, víctimas de la violencia de género. «Esperemos que el próximo 25 de agosto la lista sea corta o que no haya que dar ninguna».

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