La lluvia no logra salvar 150 hectáreas de césped de los parques de la capital

Parque situado frente al Centro Cultural Miguel Delibes. /R. GÓMEZ
Parque situado frente al Centro Cultural Miguel Delibes. / R. GÓMEZ

El déficit hídrico de 2017 causa daños por valor de 860.000 euros en las zonas verdes de la capital y obligarán a aplicar un plan de resiembra

J. Asua
J. ASUAVALLADOLID

La comparación está algo manida, pero ayuda a hacerse una idea del desastre. Una superficie de trescientos campos de fútbol. Pónganlos juntos. Un total de 150 hectáreas. Un millón y medio de metros cuadrados de césped –el 80% de las zonas de pradera de la ciudad– tendrán que ser resembrados por el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de la capital en los próximos meses a causa de la severa sequía que ha azotado Valladolid en 2017.

Las lluvias de las últimas semanas han aliviado algo la situación de lo que aún que se mantiene vivo, pero la naturaleza urbana ha quedado «muy tocada» por el déficit hídrico, que se ha llevado por delante, también, 900 ejemplares de árboles entre coníferas, abetos, cedros y otras especies sobre un total de 80.000 –44.000 de ellos ubicados en las calles–, lo que supone el 1,1% de mortandad de esa masa. Calvas irrecuperables y algunos tocones, en menor medida, salpican las extensiones verdes de Parque Alameda, Covaresa, Parquesol, Villa del Prado, Pajarillos, Delicias o el barrio de La Rondilla.

Los técnicos de la Concejalía de Medio Ambiente, gestionada por María Sánchez, valoran en 860.000 euros la inversión necesaria para que los jardines –521,7 hectáreas, incluidas en ellas los caminos para el paseo y las áreas estanciales– recuperen un estado óptimo. Ángel Asensio, director del área y con 35 años de profesión, no recuerda haber vivido una situación como esta.

Admite que el Consistorio no las tiene todas consigo y por eso mantiene el plan de reposición en ‘stand by’ a la espera de las decisiones que tome la Confederación Hidrográfica del Duero sobre la dotación de metros cúbicos por hectárea con los que se contará en la próxima campaña para el riego en la ciudad. Para resembrar tienen que tener garantías de que se va a poder contar con agua. No comenzarán si se vuelven a decretar restricciones y no se asegura que los aspersores podrán funcionar hasta principios del mes de octubre. Sería un trabajo en balde.

Fue en junio de 2017 cuando el Ayuntamiento comenzó a cerrar el grifo. Primero, con una reducción de las horas de riego y, a continuación, de las jornadas. En agosto, llegaba la orden del organismo de cuenca. Se acabó el agua. Adiós a las tomas del Pisuerga, con las que se alimenta el 60% de la superficie verde de la capital con espacios tan importantes como Campo Grande, Poniente, Las Moreras, el parque Ribera de Castilla, Puente Jardín, las laderas de Parquesol o Huerta del Rey. Los camiones cisterna salieron a las calles para mantener los jardines del centro, mientras se autorizaron riegos de emergencia en las áreas más críticas por razones de salubridad o seguridad ante el riesgo de incendios. Respecto al arbolado, en su mantenimiento, que ha registrado en líneas generales un buen comportamiento, ha tenido que ver mucho la aplicación de abonos con alto contenido en potasio.

La CHD fija 3.000 metros cúbicos por hectárea, lo que garantiza la campaña

La junta de explotación del Pisuerga y Bajo Duero de la Confederación Hidrográfica del Duero se reunió ayer y fijó en 3.000 metros cúbicos por hectárea –las cantidades podrían variar– el consumo para la campaña de riego de los usuarios de este sistema. Fuentes del organismo de cuenca explicaron que al Ayuntamiento se le considera como un regante más y, por el momento, ese será su cupo. Si tenemos en cuenta que el consumo medio para el riego de parques y jardines en un ejercicio normal es de 800.000 metros cúbicos, el Consistorio tendría asegurado el mantenimiento de zonas verdes al corresponderle más de un millón y medio.

En la CHD avanzan que la situación podría mejorar, pese a que los embalses de los que se abastece la ciudad –Aguilar, Requejada y Cervera– solo alcanzan, de media, el 45% de su capacidad. Todavía se espera el agua del deshielo de la montaña palentina y la primavera se prevé lluviosa. Además, los agricultores, tras la experiencia de la pasada campaña, están «más sensibilizados» y buena parte de ellos reducirán los cultivos de regadío para no perder las cosechas, según apuntan las mismas fuentes

Así las cosas, la Confederación considera que el Ayuntamiento podría salvar de forma holgada la temporada de riego, que se prolonga desde abril o mayo a principios de octubre, sin los aprietos del pasado año, siempre que sepa administrar su dotación. Parques y Jardines cuenta con contadores en las tomas del Pisuerga, el río que suministra el 60% del líquido para el riego en zonas verdes. Por el momento, las previsiones no son malas y las precipitaciones del último mes y las que llegarán en abril permitirán retrasar la entrada en funcionamiento de los aspersores.

¿Y esta primavera qué? Los expertos municipales consideran que las precipitaciones de las últimas semanas –ha caído 194,4 litros en lo que va de año, más que lo registrado en todo 2017– suponen una buena noticia. El suelo tiene reservas y ayudará a la brotación de primavera, que, por ejemplo, en el caso de los almendros, ya en flor, han registrado un retraso de un mes sobre lo que es habitual, según señalan en el servicio municipal.

Los consumos

Ahora que hay que esperar el comportamiento de la meteorología para regular la campaña de riego, que comienza en abril de manera muy moderada y se intensifica a partir de junio. El mantenimiento de los espacios verdes conlleva un consumo medio de agua de 800.000 metros cúbicos al año, un volumen que varía en función de las condiciones meteorológicas de cada ejercicio. El 85% del agua para los parques y jardines llega de los caudales del Pisuerga, los canales de Castilla y del Duero y el Esgueva, mientras que el 15% de la superficie total –las zonas más interiores del centro urbano– se mantiene con suministro de la red potable de Aquavall porque sería muy costoso, además de técnicamente complejo, llevar las conducciones desde los cauces.

La experiencia del pasado año en Valladolid ha activado las alarmas en el Servicio de Parques y Jardines. La sequía vivida ha dejado su huella en los espacios verdes y ha servido, también, para tomar más conciencia si cabe de que el agua es un bien escaso, que seguirá menguando. El Ayuntamiento ha encargado un estudio técnico para determinar nuevas fuentes de captación alternativas a las ordinarias, desde perforaciones en zonas de acuíferos a la utilización de las aguas sobrantes de la estación depuradora. A ello se suma la plantación de especies que requieren de menores consumos, una práctica cada vez más habitual en Valladolid, donde la superficie verde supera los diez metros cuadrados por habitante.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos