La laureada de la discordia (2)

Escudo vallisoletano en el frontal de la Casa Consistorial/J.S.
Escudo vallisoletano en el frontal de la Casa Consistorial / J.S.

La Ley de la Memoria Histórica dispone la retirada de placas, escudos e insignias de exaltación del levantamiento militar

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Lo que sucedió a continuación tampoco estaba previsto: el decano de la prensa, que tanto fervor había puesto en el diseño del nuevo escudo, no ocultó su malestar aduciendo que el boceto aprobado tampoco se ajustaba a las bases: no indicaba con puntos y rayados, «conforme a la heráldica», los esmaltes y metales que correspondían a cada elemento del escudo, la dirección de «las llamas» discrepaba de lo indicado en las bases y por ningún lado aparecía el lema de «muy noble, muy leal, heroica y laureada».

La respuesta del Ayuntamiento, publicada al día siguiente y firmada por Juan Agapito y Revilla, rechazaba la primera objeción indicando que el escudo dibujado se había hecho «para el pueblo, y a este se le confundiría con dichos detalles», que él poseía las figuras de pendones o banderas, no de llamas, que dichas banderas «salen del diestro, como se decía en la convocatoria», puesto que en heráldica «el diestro y el siniestro se relacionan con el escudo, no con el observador», y que la supresión de la leyenda la había acordado la Comisión gestora a propuesta del Jurado.

Lejos de arrugarse, el periódico siguió en su empeño por demostrar que el boceto contradecía lo preceptuado, que el escudo era claramente desproporcionado, que el modelo en negro no se ajustaba a la norma heráldica de representación de colores y que la decisión de suprimir la leyenda se había llevado a cabo después de publicadas las bases: «Esto creemos haber dicho y esto es verdad por muchos cubileteos heráldicos que se hagan», sentenciaba. De hecho, en días posteriores, el rotativo publicó opiniones encontradas sobre la composición del escudo: si Carlos Rodríguez Díaz trataba de demostrar que las figuras heráldicas del cuartel interior son llamas, Félix Beltrán Calvo hacía lo propio asegurando, también con argumentos históricos, que se trata de banderas.

Pese a todo, la polémica cesó de inmediato y, como demuestra una nota publicada en El Norte de Castilla el 24 de octubre de 1939, el boceto aprobado siguió adelante, pues varios «industriales» de la ciudad ya habían solicitado la venta de insignias con el «nuevo escudo laureado de Valladolid» conforme a las normas estipuladas. Días más tarde, según informaba El Norte de Castilla, el Ayuntamiento procedió a confeccionar una «cromolitografía con el laureado escudo de Valladolid, declarado oficial», para enviar a instituciones, organismos y periódicos locales.

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Sosegadas del todo las aguas estéticas, este periódico dedicó su editorial del 17 de julio de 1940, fecha del primer aniversario del decreto, a loar la decisión del Caudillo de conceder la laureada a esta ciudad y quejarse, de paso, del poco orgullo que mostraban los vallisoletanos ante tamaña decisión: «No Podría tener Valladolid gloria mayor, ni podría colocar más rica presea entre los cuarteles de su escudo, ni hallaría motivo de más profunda gratitud al Generalísimo, ni por ninguna cosa se enorgullecería con mayor razón que ostentando las insignias de la laureada», podía leerse en portada aquel día, lamentando, a continuación: «Aquí, lo sentimos, lo agradecemos, nos emociona la suprema distinción de que hemos sido objeto; pero a la hora de manifestarlo parece que nos olvidamos de ello».

Posteriormente, la Diputación Provincial también incorporaría la cruz laureada a su escudo, y lo mismo hizo el club de fútbol local a partir de 1962. Al contrario que en Navarra, cuyo Parlamento Foral decidió suprimirla de su escudo en octubre de 1981 por tratarse de un símbolo que hace «referencia al enfrentamiento civil entre navarros », en Valladolid aún persiste como recuerdo de la contribución de la ciudad al triunfo de las armas sublevadas contra la legalidad republicana. Sin embargo, a día de hoy, 78 años después de aquel decreto firmado por el general Franco, la cruz laureada que rodea el blasón vallisoletano se enfrenta un futuro más bien oscuro, pues la llamada Ley de la Memoria Histórica, aprobada en 2007, dispone la retirada de los edificios y espacios públicos de los «escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura».

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