La joya culinaria de Traspinedo llega a Valladolid

José Antonio, Arancha y Luis Miguel, en su establecimiento de la calle Asunción. /L. N.
José Antonio, Arancha y Luis Miguel, en su establecimiento de la calle Asunción. / L. N.
Arancha Arranz, Luis Miguel y José Antonio Soto ponen en marcha El Lagar de Traspinedo, donde asan con mimo los pinchos a la brasa para llevar
Laura Negro
LAURA NEGROValladolid

Un bocado tradicional de pastores convertido en toda una joya culinaria. Hablamos del pincho de lechazo de Traspinedo, exquisitez hecha a la brasa y todo un recurso gastronómico y turístico para esta localidad vallisoletana. Su sencilla elaboración no está exenta de secretos. La materia prima de calidad, el troceado homogéneo, la justa sazón, las brasas de sarmiento y por supuesto el toque del maestro asador, hacen de cada tajada un delicioso manjar. Este asado, hasta ahora solo disponible en los restaurantes de la localidad, ha llegado a Valladolid de la mano de tres traspindejos que han puesto en marcha El Lagar de Traspinedo, donde asan con mimo pinchos de lechazo churro a la brasa, preparados para llevar.

Luis Miguel y José Antonio Soto son hermanos y desde hace más de treinta de años regentan una herrería-cerrajería especializada en puertas y verjas metálicas. Por su parte, Arancha, la mujer de Luis Miguel, hace 14 años abrió una tienda de alimentación en su pueblo, en la que cada día demuestra lo mucho que le gusta la atención al público. No conforme, hace cinco años abrió otra tienda de comestibles en Huerta del Rey. «Soy muy luchadora y cuando creo en un proyecto, no para hasta que lo consigo.

El Lagar de Traspinedo

Emprendedores.
Arancha Arranz (45), Luis Miguel Soto (47) y José Antonio Soto (54)
Fecha inicio de la actividad.
7 de enero de 2018
Contacto.
Calle Asunción, 1- 47004 Valladolid. Telf: 983 627 465 www.ellagardetraspinedo.com

A esta familia le empezó a rondar la idea de abrir un asador hace cinco años, tras unas vacaciones en Cádiz. «Nos gustó tanto aquello, que empezamos a ir muy frecuentemente. Allí echábamos en falta establecimientos en los que se pudiera comer carne de calidad. Estuvimos a punto de irnos a vivir a Cádiz y montar allí un asador de pinchos de lechazo. Estábamos tan seguros de que sería un éxito que llegamos a mirar varios locales, pero al final decidimos no abandonar toda nuestra vida aquí por cumplir ese sueño», explica el matrimonio.

Aquella idea seguía en sus cabezas y empezaron a plantearse montar el asador en el centro Valladolid y compaginarlo con los otros tres negocios familiares. «La búsqueda de local fue extremadamente complicada. Un requisito imprescindible era que tuviera chimenea y que ésta constara en las escrituras, para no tener ningún problema con los permisos. Después de mucho mirar, finalmente dimos con este espacio en la calle Asunción, junto al túnel de Labradores. En febrero de 2017 empezamos con la reforma, pero la licencia de apertura tardó en llegar cuatro meses», relatan.

Luis Miguel y José Antonio contaban con amplia experiencia en lo de poner la carne del lechal la brasa del sarmiento. En las reuniones familiares, de amigos y de peñas, ellos siempre eran los encargados de asar. Y Arancha, con la intención de aprender sobre el sector, y mientras atendía sus dos tiendas de comestibles, trabajó durante varios meses en el Mesón El Laurel de Baco, adscrito a la Marca Pincho de Traspinedo. El Lagar de Traspinedo es un asador especializado en pinchos de lechazo al estilo de esta localidad. Abre de lunes a domingo en horario de 13:30 a 16:30 horas y de 20:30 a 23:00, y dispone de un espacio abierto para que el público pueda ver cómo se preparan las barras de lechazo. Sirven la carne en recipientes de aluminio que conservan el calor y la envuelven en un papel especial para evitar que se humedezca por la condensación. «De esta manera, la carne queda tal cual sale de la brasa», aseguran. «No se trata de un restaurante, sino que los clientes realizan sus encargos y vienen aquí a recoger sus pedidos. De cara al futuro quizá nos planteemos el servicio a domicilio. Ahora es pronto para ello», explican mientras las brasas sisean.

Cada día reciben encargos para eventos familiares, de empresas y de otros negocios de hostelería. Como expertos herreros, los hermanos Soto han construido una mesa metálica para asar y así poder ofrecer servicio de asador en el mismo domicilio del cliente. «Ya hemos atendido varios encargos de este tipo. Es algo muy vistoso y con lo que todo el mundo queda encantado», explica Arancha.

Los lechazos de raza churra los traen directamente desde una explotación de su pueblo. «La materia prima es excelente y además, asamos al estilo tradicional, con ramas de sarmiento. Hay muchas formas de cocinar el lechazo, pero Traspinedo se ha ganado una fama muy merecida, porque el sabor es especial. Por eso hemos querido traer este manjar a Valladolid y que todo el mundo pueda disfrutarlo», explica Luis Miguel mientras voltea los pinchos.

En el Lagar de Traspinedo también asan pinchos de pollo y panceta, chorizos, morcilla, conejo y costillar. Preparan ensaladas y venden pan de horno de leña y pastas artesanales. «Estamos trabajando muy bien. Pensábamos que iba a costar más hacernos un hueco en el mercado, pero para el poco tiempo que llevamos en activo, ya tenemos una clientela habitual. El que prueba repite, y ese para nosotros, es el mejor indicador» dicen. El asador se ha convertido en el cuarto negocio de este grupo empresarial familiar, lo que les exige largas jornadas de trabajo y estar siempre dispuestos a echar una mano al resto.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos