Hoteles catalanes con vistas al «odio»

Un joven muestra la estelada al paso de las furgonetas de la Policía Nacional en Pineda del Mar. / AFP

160 policías vallisoletanos enviados a Cataluña sufren a diario la «ira» de los vecinos de Calella y Tarragona

J. Sanz
J. SANZValladolid

«Somos profesionales y aquí hemos venido a cumplir con un mandato judicial, y así lo estamos haciendo; pero el problema es la incertidumbre en la que estamos viviendo y, sobre todo, el desamparo y la sensación de abandono que tenemos por parte del Ministerio del Interior ante la ausencia de órdenes claras sobre cuál es nuestro cometido y nuestro futuro inmediato», señala uno de los integrantes del contingente de 160 agentes vallisoletanos de la Policía Nacional –pertenecientes a las unidades de Intervención Policial (UIP) y de Prevención y Reacción (UPR)– desplegados desde hace días en Cataluña y que se encuentran repartidos entre uno de los barcos amarrados en el puerto de Tarragona y un hotel de la localidad barcelonesa de Calella. Todos ellos, y en especial los alojados en el hotel Las Palmeras de este último municipio, están viviendo en primera persona «la ira y el odio de los ciudadanos hacia nosotros en cuanto salimos a la calle».

Media docena de estos agentes, que fueron desplegados el domingo entre Tarragona y Gerona, sufrieron lesiones leves durante el dispositivo policial del referéndum del domingo. «Hubo situaciones tensas en los colegios, aunque es cierto que no tuvimos enfrentamientos graves dentro de lo complicado de la situación», resume otro agente que apunta a su día a día como «lo peor».

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Los policías lamentan que están sufriendo «el acoso y derribo por parte de los independentistas» en cuanto ponen «un pie en la calle» y reconocen que pasan prácticamente el día entero «encerrados en la habitación». Cuando salen, sobre todo en el caso de los que aún continúan alojados en el hotel de Calella, se encuentran «con escraches continuos a la puerta ante la pasividad absoluta de los Mossos, que se limitan a hablar con los concentrados, darse unos abrazos y marcharse».

Pitos, insultos y amenazas

«En cuanto salimos, al margen de las cacerolas y protestas nocturnas, nos pitan, insultan y amenazan con absoluta impunidad», añade uno de los agentes, quien lamenta que «da igual alejarse del hotel, ya que enseguida sientes que te miran raro». Así que la mayoría pasan directamente de poner «un pie en la calle».

Los policías, pese a todo, aseguran que se encuentran «bien de ánimo» y desconocen por ahora el tiempo que van a continuar desplegados en Cataluña. «A los que estamos en el hotel de Calella nos han dicho que aguantemos dos o tres días más, aunque luego hemos oído al ministro diciendo que nos mantienen a todos hasta el día 11», señalan. Así que allí, en unos los puntos más hostiles para mantener la difícil convivencia entre agentes e independentistas, continuaban alojados al cierre de esta edición los policías vallisoletanos a pesar de la presión vecinal e institucional recibida por los propietarios de este y de dos hoteles más de la localidad, de los que sí fueron desalojados la noche anterior los efectivos de la Guardia Civil. Todos, eso sí, tienen las maletas preparadas por si acaso toca mudarse.

«Nos sentimos desamparados y tenemos una sensación de abandono en el sentido político», inciden los agentes antes de aclarar que «nos trajeron aquí a cumplir un mandato judicial y ahora llevamos dos días esperando a qué alguien nos aclare la situación y nuestro cometido». Y todo ello en un «ambiente hostil», avivado desde algunos medios locales –«si vierais allí algunas cosas de TV3», suspiran–, al que también se enfrentan otros doce guardias civiles enviados desde la provincia vallisoletana.

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