El hombre que no quita ni sus multas

El Gobierno de la ciudad, más allá del despacho oficial

«A mí antes me pasaba. Decía: ¿tan difícil es mover un poco la parada del autobús?»

Luis Vélez, concejal de Seguridad y Movilidad. /Ramón Gómez
Luis Vélez, concejal de Seguridad y Movilidad. / Ramón Gómez
Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Movilidad y seguridad. Dicho así, en un ciudad con un alfoz que envía diariamente a cientos de conductores, que creció un poco 'a lo desparramado' con el boom inmobiliario, y con la conflictividad inevitable en cualquier lado, el área es como para pensárselo. Y sin embargo lo que a Luis Vélez le ha quitado el sueño en su puesto de concejal delegado de área no ha sido el tráfico en sí, o la peatonalización de la calle Regalado o las que están por venir, sino «lo de Auvasa». Esa negociación enquistada en la que ha tenido, de frente en la mesa de negociación, a algunos con los que había estado compartiendo banco algunas veces. «Tienes altibajos, algún día te baja un poco la moral. Tengo un área muy complicada, con muchos sectores difíciles y mucho personal, y hay épocas duras, sobre todo porque no alcanzas a explicar por qué hay cosas que no se pueden hacer. El conflicto de Auvasa me ha quitado muchas horas de sueño y lo he pasado realmente mal. Es gente, además, cercana, con la que tratas de encontrar soluciones, con los que he trabajado desde la oposición».

A su puerta llama gente, por ejemplo, para protestar por esa multa que juzgan injusta. «Me dicen que no puedo recibir a la gente por eso, porque los concejales no quitamos multas. Pero a veces lo hacen por desahogarse». Y también, claro, le paran para protestar porque el autobús no queda a mano, o porque, como ha pasado, han cambiado los recorridos. «Me encanta ir a los barrios, dar paseos con la gente de la asociación de vecinos y que te digan y te critiquen y te comenten que no están de acuerdo con esto o aquello. Porque muchas veces el rechazo de un ciudadano a alguna medida es porque no lo conoce y es importante poder explicarlo», dice. «A mí me pasaba antes, pensaba: ¿Pero tan difícil es que el autobús pare un poco más allá? Y sí, porque ese trocito son 500 metros más y eso supone un autobús más, y por tanto tres conductores más y 200.000 euros de coste al año».

Vélez, en uno de los nuevos multacar.
Vélez, en uno de los nuevos multacar. / R. Otazo

Para moverse por la ciudad no tira de coche oficial, pero sí de su propio coche. De hecho viene a ser el taxista particular del equipo de Gobierno. «Me resulta más cómodo moverme en mi coche, voy más libre y no me gusta depender de nadie», explica. Y eso que no tiene ninguna ventaja por ser edil. Ni para aparcar… Ni para los radares. «Lo de los radares le puede pasar a cualquiera, vas despistado... Y te pillan. No sé dónde están las cámaras puestas, ni quiero saberlo. No me interesa. Tengo la misma información que el resto de los ciudadanos. La Policía Municipal decide dónde ponerlas y en qué momento». ¿Y qué pasa si le pillan? «Siendo concejal hay que tener cuidado, pero nos puede pasar a todos. Es bueno que al concejal de Movilidad le pongan una multa y que la pague, y si no está de acuerdo, que la recurra».

La agenda densa que tienen en el equipo de Gobierno, y que es pública en la página del Ayuntamiento, hace que a veces encadenen acto tras acto. Y eso genera situaciones peculiares. «Estábamos en el Barrio Buenos Aires, habíamos quedado con la Asociación para ver algunas cosas de allí, de Urbanismo y demás, María Sánchez, Manolo Saravia y yo. Dimos una vuelta y cayó una tromba de agua y tuvimos que echar a correr. Iba con mi coche y luego había un acto sobre el PGOU en el Centro Cívico de la Rondilla y aparecimos allí calados», recuerda.

Procura «salir fuera» para ver qué se hace en otras ciudades. Y escuchar las propuestas de los vecinos, aunque a veces puedan tener efectos paradójicos. «Con los pasos de peatones hay infinidad de propuestas. Y no te da más seguridad tener pintado un paso, a veces al contrario, porque pasas confiado y no miras. Está comprobado que a veces han puesto pasos de peatones donde no había atropellos y después de ponerlos sí los hay».

En plena partida de futbolín con el alcalde contra los Bomberos.
En plena partida de futbolín con el alcalde contra los Bomberos. / Henar Sastre

Entre las anécdotas más sorprendentes que le han ocurrido en este periodo está descubrir que en los Bomberos no solo hay especialistas en combatir el fuego, sino también ‘manitas’. «En el caso de los Bomberos hemos pasado de la nada al todo con el apoyo y la implicación de ellos mucho más allá de lo que es su trabajo. Ellos han hecho parte de los muebles del Parque de las Eras y de Canterac. Se ha comprado el material desde el Ayuntamiento y ellos han hecho unas estanterías y unos armarios donde se guarda la ropa de intervención. En sus horas libres, cuando no tenían intervenciones, han ido haciendo y eso ha ahorrado mucho dinero al Ayuntamiento con una implicación que va más allá de lo que es su trabajo». Porque no todo iban a ser disgustos.

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