Una historia detrás de cada botella

Javier Domenech y José Antonio Pérez, en el establecimiento de la calle Enrique IV./ L.N.
Javier Domenech y José Antonio Pérez, en el establecimiento de la calle Enrique IV. / L.N.
El farmacéutico Javier Domechez pone en marcha su proyecto empresarial De Vinos y Viandas, en la calle Enrique IV
Laura Negro
LAURA NEGROValladolid

En el corazón de la zona centro de Valladolid, en la calle Enrique IV, encontramos una vinoteca caracterizada por un espectacular diseño, un estupendo trato al cliente y una sabrosa oferta de productos. Este nuevo proyecto empresarial, De Vinos y Viandas ha sido puesto en marcha por Javier Domenech (53), un farmacéutico con el corazón dividido entre Valladolid y La Rioja. Presume de haber nacido en la capital del Pisuerga y de ser alumno de La Salle. A la hora de enfocar su futuro profesional, Javier quiso seguir los pasos de su abuelo y decidió estudiar la carrera de farmacia en Salamanca. «Al acabar estuve trabajando en varias farmacias, pero no quise cerrarme puertas y a los 29 años me fui a Madrid a estudiar un máster de ingeniería medioambiental. Pronto encontré trabajo en una empresa de depuración de aguas en mi ciudad», explica.

Su carácter inquieto le ha llevado a tener un historial laboral salpicado de interesantes experiencias. En 1997 puso en marcha su propia farmacia en San Millán de la Cogolla, en La Rioja, aunque no quiso desvincularse de su antigua empresa de depuración de aguas, en la que durante años colaboró como ‘freelance’. Más adelante, interesado por el mundo del vino, hizo un máster de viticultura y enología con la intención de montar un negocio de enoturismo con su hermano, aunque la crisis hizo mella en este proyecto y tras algunos años, tuvo que cerrar. «En 2011 hice balance de temas personales, profesionales y económicos y vi que tenía que reinventarme», expone Javier. La decisión que tomó fue mantener su farmacia y emprender en su Valladolid natal dentro del sector del vino. Los meses siguientes los dedicó a recorrer España visitando vinotecas de Bilbao, Zaragoza, León, Barcelona, Madrid y Logroño. «Eran todas parecidas. Eran como bibliotecas de vinos, en las que no había ningún orden ni una arquitectura bonita que acompañara a los vinos», expone.

Con su proyecto muy claro en la cabeza, contactó con un arquitecto madrileño que le presentó varios bocetos interesantes para crear su vinoteca. El local adecuado para su negocio lo encontró en la peatonal calle Enrique IV, que tras muchos meses de obras, abrió sus puertas al público en agosto. «Aquí he invertido todos mis sueños y mis ahorros», expone este emprendedor.

En su vinoteca, Javier ha conseguido crear el contexto idóneo en el que poder apreciar un buen vino y conocer la historia que hay detrás de cada botella. Un pequeño templo del diseño y del disfrute con un catálogo de más de 110 referencias, escogidas con mimo y expuestas en unos estantes muy bien optimizados. Se trata de un establecimiento en el que cada detalle importa.

«Me ha llevado mucho tiempo poder hacer realidad mi proyecto. Valladolid se merecía algo distinto y llamativo y mi deseo es que mi gente pudiera sentirse orgullosa de tener una tienda así en su ciudad. De los riojanos he aprendido que defienden su tierra y sus productos ante todo y sobre todo. En Valladolid nos hace falta ser más embajadores de nuestra tierra, ya que tenemos mucho de lo que poder sentirnos orgullosos», asegura. «Lamentablemente en el mundo del vino hay mucho postureo. Las grandes marcas las conoce todo el mundo, pero hay pequeñas bodegas familiares que son fantásticas y que son muy poco conocidas. Las bodegas que yo llevo a mi tienda hacen vino en familia y lo hacen con pasión. Yo animo a la gente a que pierda el miedo a conocer nuevas cosas. El vino es para compartir, no para competir. No hay que ser un enólogo experto, simplemente hay que saber disfrutarlo», añade.

Le acompaña en esta andadura su empleado, el sumiller José Antonio Pérez, con el que comparte filosofía, «en la tienda disfrutamos mucho. Creemos que el trabajo tiene que tener un componente importante de disfrute», explica este joven tras el mostrador. Con un gran brillo en los ojos, ambos muestran su tienda orgullosos a todos los que en ella entran, que no son pocos.

Emprendedor.
Javier Doménech Llorente (53). Farmacéutico.
Fecha de inicio de actividad.
30 de agosto de 2017.
Contacto.
Calle Enrique IV, 4. 47002 Valladolid. Telef: 983 074 078. www.devinosyviandas.es

Además de vinos, este establecimiento tiene a disposición de sus clientes otros productos artesanales, como mermeladas de La Rioja, quesos de Palencia y Valladolid, cecina de León y embutidos y aceites que Javier elige con esmero. «Detrás de cada producto no hay una fábrica, hay personas con nombres y apellidos», asegura. Si de algo está orgulloso este emprendedor es de su política de precios. «Aunque la tienda sea así de bonita, mis precios son muy económicos. Trabajo con márgenes muy pequeños. Mi idea es que la gente pueda comprar a diario», indica. Domenech compagina su trabajo de farmacéutico en San Millán de la Cogolla con su vinoteca. «Paso dos semanas aquí y otras dos allí. Es cansado pero a la vez muy interesante ya que son dos mundos muy distintos. En mi farmacia los clientes entran por obligación para resolver una dolencia y a mi vinoteca entran por devoción y con una sonrisa en la cara», dice.

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