Herido un vecino de 58 años en la capea de Peñafiel

Momento en el que el peñafielense sufrió el puntazo./Agapito Ojosnegros Lázaro
Momento en el que el peñafielense sufrió el puntazo. / Agapito Ojosnegros Lázaro

Ha sido atendido en la enfermería del coso por un puntazo en el muslo derecho

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZAROPeñafiel

Un vecino de Peñafiel, de 58 años de edad, sufrió esta mañana un pitonazo en la cara interior de su muslo derecho propinado por el segundo novillo que se soltó por fuera del ruedo en las capeas que se celebraron tras el encierro, en la localidad ribereña. El varón, acompañado de otros participantes en el festejo y de voluntarios del Ayuntamiento que colaboran con la seguridad en el recinto taurino, entró por su propio pie en la enfermería de la plaza donde fue curado de la herida, la cual fue valorada como menos grave. E igual que entró, salió del dispensario médico, por su propio pie.

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La capea que se celebraba en la plaza del Coso, discurría con toda normalidad hasta que un novillo colorado pasó barriendo por la empalizada de la parte de abajo del recinto taurino, y, el peñafielense herido, no pudo resguardarse entre los palos. Todo transcurrió muy rápido, pero afortunadamente no hay que lamentar daños mayores.

De susto a simpática anécdota

Otro susto que quedó en simpática anécdota fue la protagonizada por una vaquilla que se soltó durante la misma capea, la cual se coló en la empalizada provocando momentos de cierto desconcierto pero sin mayores consecuencias que la pequeña estampida de los que en ella se resguardaban, que tuvieron que salir por piernas.

Un momento del encierro celebrado esta mañana en Peñafiel.
Un momento del encierro celebrado esta mañana en Peñafiel. / Agapito Ojosnegros Lázaro

Anteriormente, el encierro programado para las 9:30 horas se desarrolló sin percances pero se alargó 25 minutos –cuando suelen durar menos de 3 minutos- a causa de un novillo que salió de los corrales del Valdobar rezagado de la manda y, al quedarse en solitario, y posiblemente por un defecto visual en el ojo izquierdo, apenas avanzó unos metros, moviéndose entre el puente del Valdobar y la puerta de los corrales sin entrar en los mismos. Tres cabestros soltados desde la plaza del Coso consiguieron que el astado entrase finalmente en los corrales desde los que salió.

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