Max Verdié: «Me encanta poder estrenar el espectáculo en el Teatro Zorrilla»

El mentalista Max Verdié
El mentalista Max Verdié / Ramón Alonso

El mentalista vallisoletano presenta en el Teatro Zorrilla ‘La magia del pensamiento. Segundo Movimiento’ del 7 al 9 de septiembre

PALOMA AGUADO CARRO Valladolid

- ¿Quién es Max Verdié?

- Max Verdié es un personaje teatral que interpreta el actor Marcos Pastor. No sólo es un nombre artístico, es el personaje y la obra. Gracias a esta teatralización sucede lo imposible.

- El nombre, ¿guarda una historia?

- Sí, y además, por casualidad. Mi nombre hace referencia al protagonista de la película ‘Gladiator’, Máximo Décimo Meridio. Fue mi mote durante un verano, cuando la película estaba de moda. Ese año mis amigos y yo descubrimos que podíamos hacer todo lo que queríamos, que las barreras son sólo mentales. Ahora, cuando me subo a un escenario y estoy nervioso me ayuda a recordar que puedo derribar todas las dificultades.

El apellido proviene de una antepasada mía. Mi padre hacía un estudio genealógico de la familia. Cuando falleció, yo me encargué de guardarlo y ojeándolo, encontré a una mujer con dos actas de nacimiento, una francesa y otra española. Mismo día, mismo mes y un año de diferencia. En su acta de defunción, su apellido aparece escrito como yo lo escribo, ‘Verdié’. Me gustó la historia y de pronto, ya tenía nombre artístico.

- ¿Siempre hubo un Max Verdié, un mago, un ilusionista, dentro de Marcos Pastor?

- Yo siempre cuento la entrevista mentirosa. Me regalaron el juego de Magia Borras y desde entonces, me gusta la magia. Pero es mentira. Sí me regalaron el juego cuando yo tenía unos nueve años. Lo usé, pero no me influyó más que muchos otros juguetes. Es más, de adolescente quería ser actor. Cuando tenía 17 años y estaba en un curso para presentarme a las pruebas de acceso de arte dramático conocí dos magos. Fue la primera vez que viví la magia en la palma de mi mano. Y pensé, tengo que aprender. Poco a poco fui estudiando y descubrí el mentalismo. Hasta ese momento, creía que eran “unos tíos con poderes”.

- ¿Los espectadores conciben a Máx Verdié como uno de esos “tíos con poderes”?

- Presentarte como metalista ante el público permite que la gente acepte como real lo que no ocurre. Ese poder es muy potente e implica una responsabilidad muy grande. Cuando se abre la puerta puedes fingir lo que quieras, pero luego, el telón se cierra y la puerta se abre. Y en mi opinión, usar esa fuerza para que la gente piense que tienes poderes fuera del escenario, no es responsable. Eso sí, durante el espectáculo, aseguro que opinarán lo contrario.

-Y estas técnicas para que ocurra lo imposible, ¿en qué se basan?

Lo explica muy bien Max Maven, uno de los mejores mentalistas y magos. Él dice que si englobamos todo como un truco de magia, estamos faltando a la verdad, porque es mucho más. Tampoco es psicología, porque hay técnicas de ilusionismo. Y además, sin la parte teatral, nada sería posible.

- Un mago, un ilusionista o un mentalista, ¿en qué se diferencian?

- Es un debate continuo entre los profesionales, además de apasionante y absolutamente inútil. Cuando se abre la puerta y se levanta el telón, ser mago o mentalista no hace que seas mejor artista. Yo quiero que la gente salga pensando que ha visto a Max Verdié en acción, no que ha visto magia o ilusionismo. Así lo expresaba Larry Becker, uno de los grandes mentalistas americanos.

- ¿Qué se encontrará el público en su espectáculo?

- Este número trata de cómo todas las decisiones que hemos tomado en nuestra vida conducen a ese lugar y momento de la actuación. Los espectadores serán quienes decidan el curso del espectáculo. Además, terminará con un juego de ruleta rusa y el público decidirá el final. Si sale mal, la publicidad va a ser impagable.

- ¿Sorprenderá?

- Yo sólo le voy a pedir a los espectadores que me escuchen durante 30 segundos. Después, si no están convencidos, que se levanten y se vayan.

- Cuando hablamos de leer la mente, de hipnotizar, ¿hay reacciones de miedo?

- Claro. Es por una cuestión de expectativa social y de la imagen que han mostrado el cine y la literatura. Mucha gente cree que se va a subir a una escalera y va hacer la gallina o el hipnotizador va a conseguir que haga lo que él quiera. Sin embargo, ahora existen propuestas escénicas muy diferentes. En mi función, primero explico la realidad, les confieso que los protagonistas son ellos y que su imaginación se encargará de realizar el espectáculo. Cada aplauso, cada risa y cada emoción van a salir de sus corazones y de su alma.

-¿Existe también el mido a un error en el escenario?

Las artes del engaño son muy sensibles. En el momento en el que se ven los hilos de las marionetas, la burbuja se pincha. Y se acabó. Mi mago favorito, René Lavand, decía que los públicos perdonan un error, lo que no perdonan es el aburrimiento.

-El público, ¿reacciona con aplausos o con asombro?

En los espectáculos de hipnosis la gente no acierta aplaudir porque le sobrecoge lo que está sucediendo. Es tan bello y potente que no lo perciben como un espectáculo. Los buenos aplausos tardan unos segundos en aparecer.

- ¿Cómo es actuar en Valladolid, su ciudad natal?

- Siempre es espantoso. Actuar en casa es una responsabilidad muy grande porque todo se nota más. Y sobre todo, vienen amigos, que son los peores públicos. Valladolid también es mi casa, el lugar en el que todo empezó. Me encanta poder estrenar una parte del espectáculo en el Teatro Zorrilla.

-¿Qué consejos daría a los futuros ilusionistas, a los jóvenes enamorados de la magia?

- Ya he aconsejado en alguna ocasión y de una forma muy bonita. En un colegio de Madrid, cuando terminé de actuar se me acercó una niña. Me dijo que el año pasado yo le había recomendado un libro de magia para iniciarse. Se lo había comprado y allí mismo, me hizo un juego de magia. La sensación que experimenté no la puedo describir con palabras. Max Verdié ya ha puesto su granito de arena para que la magia, pueda seguir siempre.

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