Puceladance y la exaltación de la juventud

Puceladance en la Plaza Mayor de Valladolid.
Puceladance en la Plaza Mayor de Valladolid. / Ricardo Otazo

Miles de jóvenes celebran la Máxima Puceladance en la Plaza Mayor, reunión de fieles a la llamada festiva de los ‘dj’s’

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

Visto desde fuera, lo de ayer en la Plaza Mayor parece el día de la marmota. Hay ‘dj’s’, hay chavales sudorosos con botellas medio llenas (porque a esa edad la botella nunca está medio vacía), hay música empaquetada, focos mil, locutores con la cabeza bajo los cascos y los dedos sobre la mesa de mezclas. Hay saltos, brincos, decibelios. Hay miles de brazos que se elevan para celebrar el subidón. Hay besos, risas, sorbos al cachi, mucha fiesta y gogós. Hay camisetas de colores. Hay camisetas que algún día tuvieron colores. Hay camisetas en las que, bajo esa capa de sudor y alcohol, están los colores. Hay ganas de juerga, hay baile, hay palabras a gritos (tu boca en mi oreja) y exaltación de la amistad. En noches como la de ayer, amigo es aquel con el que haces corro de botellón, con quien compartes la bebida de las bolsas de plástico, quien se encarga de la isotérmica para el hielo y quien hace un ‘boomerang’ para compartirlo en el ‘stories’. Hay pantallas gigantes, hay sábanas de leds, hay cabinas de discoteca y también de wc, hay proyecciones de anuncios de pizzerías, de cervecerías, de sexshops... y tuberías. Hay familias que cotillean desde la periferia o la terraza del Lion D’Or. Hay juerga, fiesta, musicón y calimocho. Por haber, en esta Plaza Mayor hay de todo menos prisa. Total, la cama no se va a mover de sitio y mañana es día sin clase.

Oscarmina dj abrió la fiesta a las 21:00 horas, antes del recital ofrecido por los locutores de Máxima FM

Por eso, hasta bien entrada la noche, es la Plaza Mayor fiesta eterna del sintetizador. Celebra Valladolid una nueva edición de la Máxima Puceladance (la emisora cumple 15 años), y lo hace con carrusel de pinchadiscos para este ‘dj’ de la marmota en el que así, visto desde fuera, todo parece igual. Como si fuera capítulo repe de ‘La que se avecina’, pelea de ‘Sálvame’ o noticia más sobre el ‘procés’. Visto desde fuera:¿otra vez lo mismo?

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Decíamos en 2015 que esto es «verbena techno, catedral del agithop, fanta de sudores»... y todo aquello vale todavía. Contábamos en 2013 que no suenan canciones completas, que una fiesta así es «el imperio de la frase melódica, mejor si puede resumirse en un ‘lolololo’ coreado por la concurrencia, con los brazos levantados y las tripas revolviéndose por dentro al compás del fum, fum, fum»... y todo esto está en vigor años después. Subrayábamos en 2014 que que esta fiesta discotequera «es una reunión con los colegas, con los colegas de los colegas, y con otros que no son colegas nuestros pero que seguro que lo son de alguien»... y algo así se puede decir de nuevo ahora. Contábamos en 2012 que asistir a una fiesta de este tipo sirve para imaginarse cómo serán las verbenas del Campo Grande en el año 2062, con música electrónica en lugar de pasodobles... y se puede mantener la misma teoría. Poníamos en 2011 que en la Puceladance hay «sobredosis de luz, de música, de house, techno y latineo perruno en la Plaza Mayor». Yaquí seguimos.

Visto desde fuera, parece que es lo mismo de siempre. Están Ramsés López, Arturo Grao, Myriam Rodilla (para abrir la fiesta). Están los ‘dj’s’, la música troceada y sampleada, los ‘mashup’ resultones, el silencio épico antes de que ataquen los decibelios, las canciones clásicas (ese ‘Seven nation army’ que ya es himno lololó), esos estribillosque resucitan –hasta suena retocado Raphael– después de pasar por la mesa de operaciones de un dejota. Visto desde fuera, aquí sigue esta fiesta que parece eterna y se repite año tras año, con trasiego de jóvenes del súper a Las Moreras, de La Rosaleda a la Plaza Mayor.

Visto desde fuera, lo de ayer parece el día de la marmota. Todo sigue igual, salvo tal vez lo importante. Quizá sea esto lo único que cambia:que quienes disfrutan del fiestón siempre tienen la misma edad (son jóvenes, siguen jóvenes) y quien lo mira desde la barrera es, cada año, un poco más viejo.

¡Qué bajón!

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