Fernando Guillén Cuervo: «El papel de mi vida siempre está por llegar»

El actor Fernando Guillén Cuervo junto a su compañera de reparto, Natalia Sánchez, en una escena de 'Oleanna'. /Fotografía cedida por Pentación Espectáculos
El actor Fernando Guillén Cuervo junto a su compañera de reparto, Natalia Sánchez, en una escena de 'Oleanna'. / Fotografía cedida por Pentación Espectáculos

El actor interpretó junto con Natalia Sánchez la obra de teatro 'Oleanna', sobre machismo, el sistema educativo y las contradicciones humanas

Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZValladolid

Una universitaria va al despacho de su profesor para reclamar una subida de nota. De ahí parte la trama de ‘Oleanna’, obra de teatro del estadounidense David Mamet, que aterrizó el domingo día 3 en el Teatro Zorrilla de la mano del director Luis Luque. Sobre escena, Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez interpretan un polémico drama en el que la particular lucha de poder que sostienen aborda temas como el acoso sexual o la conveniencia del sistema educativo. Fernando Guillén Cuervo (Barcelona, 1963) no se arredra ante temas controvertidos: lo mismo interpreta sobre las tablas que en las dos pantallas. Popular gracias a series de televisión entre las que se encuentran ‘Los misterios de Laura’, ‘El caso’ o la reciente ‘Servir y proteger’, es además director y guionista.

¿Existe algún rasgo que le defina como actor, alguna costumbre o principio que mantenga siempre sobre el escenario?

– No siempre, cada personaje y contexto de interpretación tiene unos elementos y una alquimia. Lo que sí busco desde hace tiempo es la relajación y el ‘jugar’ en el trabajo. Intento disfrutar, no sentir esa parte de sufrimiento que a veces conlleva este trabajo. Busco salir al escenario a divertirme y con mucha libertad.

¿Cómo explicaría brevemente esta versión de ‘Oleanna’?

– Es una versión en la que intentamos desnudar mucho a los personajes y alcanzar la verdadera esencia de lo que quiso decir Mamet, porque fue una obra muy polémica que yo creo que fue mal entendida. El texto habla en un tono demasiado poco partidista para lo grave que era la situación de la mujer en aquel momento. Expone en un duelo cuerpo a cuerpo a dos personajes que hablan sobre la utilización del poder pero arremete contra el machismo de una manera que no se entendió y que nosotros intentamos equilibrar. Queremos dar una lectura que muestre ese machismo latente, normalizado, en profesores, médicos, padres... Ese machismo del piropo, del poner una mano encima, al que también hay que ponerle coto y sobre todo en contextos de poder como el de un profesor sobre una alumna. Es un machismo normalizado que tenemos también en la música, en las canciones latinas, en la publicidad, en guiños heterófilos permanentes que agreden y son caldo de cultivo de un machismo que aparece luego como grave y atávico. En la obra aparece en este hombre aparentemente moderado, social y docente, al que yo voy quitando capas hasta que aparece ‘la bestia’, el ser primitivo.

‘Oleanna’ se estrenó a principios de los noventa. ¿Los temas que plantea son más turbadores ahora o lo eran antes?

– Son igualmente turbadores. Oleanna pone en cuestión un sistema educativo anquilosado y basado en la jerarquía, pero también la propia contradicción y el caos de John, que es un ser humano que vive en el capitalismo presente en Occidente y se debate entre la ‘progresía’ de su discurso y el querer vivir mejor o tener un BMW. Lo curioso es que en los 90 esta disyuntiva era un mal embrionario y ahora es un mal universal que ha roto la fe en la política, ha impregnado todo de materialismo y en muchos casos ha roto a la izquierda por no ser coherente el discurso con la necesidad material. Para John esto es casi el origen de todos sus problemas. No puede mantener un discurso anti-sistema porque forma parte del sistema y no puede salir de él, aunque al final se da cuenta de ello. Todo esto está aún más vigente que antes, se ha involucionado: veinte años después, no sólo nada ha cambiado sino que haya ido a peor.

¿Cuál fue la primera reacción que le asaltó al leer el texto?

– Una sensación inquietante. Mamet no escribe en un mundo de verdades absolutas sino en aquellas que auto-justificamos y de las que somos presos. Pilló en un momento en el que se trabajaba mucho ese teatro de pequeños dolores, pequeños sentimientos... todo eso resulta muy inquietante, ver que de una situación mínima empiezan a salir los grandes monstruos de una forma natural. El texto crea un laberinto dramático muy complejo de qué somos y qué nos ocurre. Es muy interesante la elaboración teatral.

Usted... ¿qué tal estudiante era?

– Inteligente, y aplicado también, pero lo justo. Eso sí, mi paso por la universidad me resulta fundamental.

En esta obra le acompaña Natalia Sánchez, ¿qué es lo que más valora de ella como actriz?

– Es que es una mujer maravillosa, de una cultura y preparación musical y actoral fantástica. Destaca un caso como el suyo, porque empezó a actuar muy joven pero no sufrió ninguno de los males que afectan a ese tipo de carreras. Se ha dedicado a prepararse hasta convertirse en una gran profesional y una gran persona. Es muy buena compañera, muy humilde y muy bonita.

¿Resulta más fácil identificarse con la estudiante universitaria o con el profesor?

– Los espectadores se identificarán con quien más les llegue, depende de la persona. John y Carol somos todos porque somos víctimas de esas cosas que les pasan.

¿La identificación con uno o con otro tiene que ver con el sexo de cada personaje?

– No tiene por qué. Indudablemente, ahí hay un problema de género y es imposible no identificarse con el propio, pero bueno, Mamet difumina los límites y nos veremos reflejados en cosas buenas y malas. Por encima del género se habla del ser humano, así que no puede circunscribirse a una cuestión de género, sobre todo ahora que hay que reconocer diferentes tipos.

¿Qué retos planteó la preparación de este guion?

– El reto es el texto, porque está muy vivo y es muy naturalista. Resulta complicado de estudiar, por su altura técnica. Sin embargo, una vez que lo tienes, es pura vida.

Bajo dirección de Luis Luque y tras presentar la obra en ciudades como Avilés y Santander ¿cómo percibe la acogida de esta obra entre el público?

– La acogida ha sido muy buena, las críticas han sido positivas y el público ha respondido muy bien. Es una obra que se presta a que cada función sea como un taller porque tendrá su propia energía. Unas saldrán mejor que otras porque está realmente viva, es un material muy poco estático. De momento, personalmente he disfrutado mucho de lo que llevamos, y creo que en general tanto el público como nosotros estamos muy contentos.

¿España aprueba o suspende curso, si hablamos de educación?

– Íbamos camino de aprobar, pero tenemos grandes cerebros y los estamos dejando irse. Un pacto social por la educación definitivo sería necesario: aprender de los países que lo han hecho bien y andarnos con menos tonterías de políticos, porque está en juego nuestro futuro. La educación es el mimbre de nuestra sociedad futura y éste tipo de problemas son los que nos dejan siempre un poco a la cola de Europa de las vanguardias importantes. No es serio, es más bien lamentable formar a gente e invertir en ella para que luego tenga que emigrar... está todo patas arriba y manga por hombro.

Además de actor de teatro, usted es director y guionista, y ha aparecido en cine y televisión, ¿con cuál de esas facetas se siente más identificado?

– Yo soy actor de profesión y es lo que me ha dado de comer toda la vida, pero por otro lado mi gran sueño paralelo y creativo ha sido escribir y dirigir. Es la osadía para la que estudié, he aprendido al lado de grandes directores profesionales y es algo que también me encanta.

En cuanto a la fama, ¿cuándo fue la primera ocasión en la que le reconocieron por la calle?

– Pues no lo recuerdo y además soy muy ‘invisible’. Me he ganado a pulso esa invisibilidad que considero un gran tesoro y voy por la calle tan tranquilo, da igual la serie en la que esté apareciendo o la popularidad del momento. Soy uno más.

¿Se agradece esa invisibilidad?

– Buff, ¡muchísimo! Se agradece por comodidad y porque la fama hace que pierdas un contacto con la vida real sin el que difícilmente puedes representar a seres humanos.

Sus padres, su hermana Cayetana... ¿hasta qué punto la vena artística le viene de familia?

– Es indudable que somos familia de actores, además se suma ahora también mi hijo. Es un oficio bellísimo, lo hemos mamado y así es muy difícil que no te fascine, aunque por ejemplo a mi hermana mayor no le ha pasado, es abogada y se dedica a otras cosas.

¿Cuál es, ha sido o será el papel de su vida?

– Siempre está por llegar. He hecho papeles maravillosos y realmente he tenido mucha suerte en mi carrera, pero la mentalidad de que el papel de tu vida está en el futuro te mantiene joven.

¿Y entre los favoritos cuáles podría destacar?

– Por ejemplo ‘Adán y Eva’ me encantaba, también representar a John ahora en ‘Oleanna’, el Rambo de ‘Eclipse total’, mi Tony Towers de ‘Año Mariano’... me gustan muchos de los personajes que he hecho.

¿Habrá tiempo en la agenda para tomarse algo en las fiestas de Valladolid?

– Hombre, sacaremos al menos media horilla o algo, ¿no? ¡Que me espere Valladolid con los brazos abiertos que de fiesta voy seguro!

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