Mariano Peña: «Hemos querido desmitificar a ese Dios regio y recto de barba blanca»

Mariano Peña caracterizado para 'Obra de Dios'. /Sergio Parra
Mariano Peña caracterizado para 'Obra de Dios'. / Sergio Parra

El actor onubense protagoniza en Valladolid hasta el 7 de septiembre una comedia que habla de religión en clave de humor

Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

Aunque muchos le identifican con Mauricio Colmenero, el actor onubense Mariano Peña va mucho más allá del personaje que le catapultó a la fama televisiva en 'Aída'. Flanqueado por un par de ángeles (Bernabé Fernández y Chema Rodríguez-Calderón), los días 5, 6 y 7 de septiembre encarna en el Teatro Calderón a un Dios divertido y juguetón que, ya que el mundo anda tan despistado, baja para actualizar los mandamientos.

¿Qué puede esperar un espectador de ‘Obra de Dios’?

– Tengo que aclarar que lo que no puede esperar es que se desvele el misterio de la Santísima Trinidad. Ahora en serio, el espectador verá una revisión de los mandamientos que todos conocemos con las gafas del humor, aunque por supuesto siempre desde el respeto. Echará un rato divertido y responderemos a esas preguntas que todos nos hemos hecho de pequeños y para las que no teníamos respuesta o teníamos una anodina o extraña.

Ahora hagamos la pregunta al revés... ¿qué espera usted de este papel, qué significa esta obra en su carrera?

– Este papel no es nada más ni nada menos que uno más. Tal y cómo está el patio, que te den trabajo es maravilloso. Partiendo de ahí, me encanta esta profesión y considero una grandísima suerte dedicarme a ella. Esta feo que lo diga yo, pero es un trabajo interesante que es comparable a encerrarte en una plaza con seis toros. Me gustan los retos, por eso pasé de la tele a un musical y ahora mi plaza es este monólogo, enorme, intenso, hablando sobre religión y en clave de humor. Espero que la gente comprenda la obra y mantenga el cariño que me demuestra día a día a través de todos los personajes que hago. Si me trae éxitos como los de la tele o las funciones anteriores, bienvenidos sean, por supuesto.

Sin embargo, los temas divinos pueden resultar sensibles, ¿ha recibido alguna crítica respecto a este papel por la temática?

– No, sinceramente no. Evidentemente yo no soy el guionista, pero dentro de mi papel he recibido alguna crítica por lo contrario: quejas que piden más caña, más agresividad o que dicen que no me mojo. Me toca la parte más intensa del texto, pero ni yo ni la dirección pretendemos herir sensibilidades ni molestar a nadie. Evidentemente sí que queremos hacer pensar, pero el objetivo es pasar un rato divertido, no revolucionar el mundo, que suficientemente revolucionado está ya. Reírse de uno mismo me parece de sabios y de inteligentes: hay que reírse de nuestros tópicos, pero desde el cariño y desde el respeto. No es mi estilo entrar como un elefante en una cacharrería rompiéndolo todo, y afortunadamente tampoco el de la productora ni el de Tamzin Townsend, la directora.

El Altísimo siempre ha despertado mucha curiosidad. ¿Puede adelantarnos algo más de cómo es su personaje en esta versión?

– Aquí juego con ventaja porque tengo el honor de que el Altísimo, como no tiene ni rostro ni figura y quiere comunicarse con la humanidad, se ha dignado a abducir a un actor famosete, un tal Mariano Peña, y a hablar por su boca. Además de honor, para mí ha supuesto un reto, porque aunque no tenga un aspecto cada uno tiene una idea muy clara de cómo le imagina. Hemos querido desmitificar a ese Dios severo de barba blanca, regio y recto que no deja pasar ni una: este es un Dios mucho más actual, más campechano y divertido, casi más terrenal que divino.

¿Qué aciertos considera que tiene esta representación teatral?

– El primer acierto en general es reírse, quitarle seriedad y sobriedad a algunos temas que nos dan como miedo y respeto. Ya lo he comentado en otras ocasiones, parece que la gente 'aprieta el culete' cuando habla de religión. Si hay que hablar, se habla, que se puede hacer sin intención de herir a nadie en sus creencias y susceptibilidades. Cuando yo era pequeño estaba harto de ver cómo los ingleses se reían de su monarquía, de la reina y de las orejas del príncipe Carlos, ¡y no pasaba nada! Sin embargo, aquí en España la monarquía hace diez años era intocable, y ahora se está abriendo la veda y ya nos parece normal ver portadas, gags y sketchs con la monarquía. Pienso que pasa parecido con la religión, que no pasa nada por hablar de ella y que se puede enfocar desde un punto de vista simpático y divertido.

¿Qué impresión profesional le causan y cómo es trabajar con Bernabé Fernández y Chema Rodríguez-Calderón, sus compañeros de reparto?

– Bueno, qué voy a decir yo: que son encantadores. Pero es que es verdad, tengo el placer de trabajar con dos compañeros estupendos: yo tengo muchísimo texto, son 80 minutos largando y me siento muy amparado, además de por la dirección y los técnicos, por estos dos compañeros. Están muy al quite, son grandes actores y grandes personas, me cuidan, me miman y en cualquier momento, si me despisto, reconducen la función maravillosamente. Me siento muy arropado.

La adaptación al español surge de una obra original de David Javerbaum que aterrizó en Broadway con mucho éxito, ¿había presión por ocupar un puesto que en la versión estadounidense encarnaba Jim Parsons, el protagonista de 'The Big Bang Theory'?

– No, al revés, me sentí extremadamente halagado. Yo ya admiraba el trabajo de Tamzin Townsend y de pronto me abordó en la despedida del musical de 'Priscilla' para decirme que había leído un texto, que le ponía mi cara, que estaba hecho para mí y que quería trabajar conmigo. Eso ya, parafraseando al amigo, «me llena de orgullo y de satisfacción». Además, cuando te cuentan que es una comedia que está triunfando en Estados Unidos y que protagoniza Jim Parsons, el orgullo y la satisfacción se multiplican. En ningún aspecto me ha supuesto presión, de hecho, hemos modificado cosas de la versión americana que nos parecían fuera de lugar o pensábamos que no estaban bien porque no queríamos agredir. Había demasiados nombres de famosos y quisimos adaptarlo un poco a la actualidad.

¿Cree que el humor español y americano tienen puntos comunes o son las diferencias lo que definen a la versión?

– El texto se ha adaptado, en esencia sigue siendo el mismo. Sí es cierto que el texto americano tiene menos prejuicios, pero también puede resultar algo irreverente, así que lo hemos suavizado. Uno de mis ángeles baja y pregunta entre el público, pero son preguntitas sobre cómo se llama y de dónde es, no le pregunta por el ying y el yang ni nada complicado. No queremos que el público se sienta invadido. Claro, en cuanto se encienden las luces de la sala, la gente se asusta (risas). ¡Qué no! Queremos que la gente se relaje, esto es una comedia.

Y usted, ¿hay algo en lo que crea por encima de todo?

– Sí, en mí mismo. Precisamente es uno de los 'mandamientos actualizados', que creamos en nosotros mismos. Si no creemos en nosotros mismos, ¿en quién vamos a creer? Aunque a veces por supuesto, como todo humano, me vengan las dudas, debería creer más en mí mismo. Creo que esa sería una lección estupenda para todos.

Ya que ha trabajado en los tres ámbitos ¿podría explicar cómo es para usted el teatro respecto a televisión y cine?

– Para empezar mis orígenes fueron teatrales: a ello vuelvo y en ello me mantengo, vengo y por el camino me entretengo (risas). El teatro para mí lo es todo, es mi origen y donde se puede ser un actor de verdad. Volviendo al símil taurino, estás en la plaza, la gente te está mirando y es algo en directo. Lo que se ve en el teatro, mañana, o en la próxima función, será otra cosa completamente distinta, aunque se diga lo mismo o la luz sea la misma. La comunicación entre actores nunca será igual ni de un día para otro ni de un segundo para otro, no tiene que ver con el modo de hacer del cine y la televisión, en los que todo es mucho más enlatado. El cine es más laborioso y en la tele mucho más rápida, esta segunda te da una popularidad y seguridad que no te da el teatro. Si 'pillas cacho' con un personaje fijo, te da una inmediatez y una estabilidad económica que no te da por ejemplo el cine, en el que no sabes cuándo será la próxima película. Sales un día en la tele y al día siguiente descubres que te ha visto media España, o al menos los de tu pueblo.

¿Hay vida más allá de Mauricio Colmenero?

– Bueno, creo y espero que sí. De momento, personalmente me parece que hay grandes aciertos: hay una Bernadette de 'Priscilla' maravillosa, un aristócrata Don Benito Benjumea en la serie de 'Allí abajo', ahora un Dios celestial y terrenal... afortunadamente parece que en la vida de la farándula efectivamente hay más allá. En la vida cotidiana, Mauricio está ahí acechando continuamente. No reniego ni voy a renegar nunca de Mauricio, me siento súper orgulloso de haberle dado vida a este personaje. Le tocó bailar con la más fea, porque tenía todas las papeletas para caer antipático o ser un personaje odiado y, sin embargo, con él me he ganado el cariño, el respeto y la admiración tanto del espectador de a pie como de mis compañeros profesionales, cosa que agradezco. Me ha deparado premios como un Ondas, y yo no puedo tachar a un personaje que me ha dado tanto. Ahora bien, me gustaría que la gente se mentalizara y se diera cuenta de que detrás de Mauricio Colmenero hay un actor, una persona que se llama Mariano Peña, que es el que le da forma. Dentro de que es un personaje que ha pasado a la historia televisiva, que estoy muy orgulloso y es el trampolín de mi vida profesional, se hace algo difícil cuando la gente me llama Mauricio por la calle, insisto y digo: 'No mire, yo soy Mariano' y me responden 'Pero para mí eres Mauricio'.

Hábleme un poquito de su papel como don Benito Benjumea en 'Allí abajo', ¿supone un reencuentro con su Andalucía natal?

– Yo siempre que puedo le hago homenajes a mi tierra, porque me apetece, me gusta y me siento andaluz por los cuatro costados. Yo me eduqué en esa tendencia en la que, sobre todo en los años sesenta y setenta, los actores teníamos que castellanizar nuestra forma de hablar. Si no hablabas con acento castellano hacías de taxista divertido o de chacha. El acento andaluz se consideraba un castellano mal hablado. hablar castellano era un símbolo de elegancia, de aristocracia, y la gente de alta alcurnia lo buscaba, aunque evidentemente metían la pata y se les escapaba alguna expresión. El de Don Benjumea era un personaje ya escrito como andaluz, en el que el homenaje viene en la reproducción de esa manera de hablar que disimula el acento.

Ese papel, el de Benito Benjumea, nos lleva a su propio manejo del acento. ¿Cuál diría que es la valoración de la sociedad hoy día del acento andaluz?

– Evidentemente, los personajes, igual que tienen una forma de peinarse o de vestir, tienen una forma de hablar. Yo en la medida de lo posible, lo mismo que el catalán o el gallego intenta suavizar el acento cuando el personaje no es de allí, yo lo intento, pero si el personaje es andaluz, venga el andaluz ahí. El 'hacer un acento' ya lo marca demasiado, así que a no ser que esté escrito que el personaje es de ahí, yo prefiero hacer un 'castellano neutro'. No obstante, si tengo la oportunidad de expresarme en mi idioma, yo lo prefiero. Por ejemplo, en 'Obra de Dios', si saco el acento andaluz habría reacciones de 'ya viene el gracioso que quiere hacer el andaluz' y no, lo que no quita que en entrevistas y mi vida normal hable con mi acento.

¿Cree que hay prejuicio en cuanto al acento?

– Sí, está claro. Además con unos acentos más que con otros. Yo sé que el andaluz es un acento agradable, muy musical y simpático al oído, pero los andaluces no vamos por ahí '¿Qué pasa, mi arma?' continuamente. Hay de todo, hay pueblos en los que se habla con la 'z', otros en los que se cecea... pero bueno, como en todos lados. El acento marca y mucho.

De entre todos sus trabajos, ¿tiene algún favorito respecto a papeles, obras, películas o series?

– Es que hay varios personajes mencionados antes que son muy recientes y a los que yo les tengo mucho cariño. Por supuesto Mauricio, pero es que Bernadette también me ha dado muchísimo y Benito me está llenando ahora del agradecimiento de la gente. Esta feo que lo diga yo, no tengo abuela, pero me parecen trabajos muy interesantes y potentes. Creo que todos están teñidos de una gran personalidad y eso me gusta mucho. Hay unos cuantos de teatro y de cosas anteriores que también recuerdo con mucho cariño, por ejemplo Rober, de los Serrano, pero esos tres recientes en concreto me han aportado mucho. Dios es que lleva poco tiempo, pero espero que la gente me mantenga el cariño que ya me ha mostrado.

No sé si hay más proyectos en el horizonte que se puedan revelar.

– Lo único que puedo decir es lo que está firmado, ya sabes (risas). Sobre octubre retomaremos la grabación de nuevos episodios de la serie 'Allí abajo' y don Benito seguirá con su bastón, con su mechón y con su Maritxu, espero.

¿Cómo convencería a alguien que dudara en cuanto a sacar entrada o no para ‘Obra de Dios’?

– Yo le diría a esa persona que deje de dudar, que tomar la vida en serio es una tontería, que bastantes problemas tenemos ya en la cabeza y que si quiere ver una versión renovada, iluminada y brillante de los episodios que ya conoce de Caín, Abel, el diluvio, etcétera, que no se lo pierda. Sobre todo que vaya con la mente abierta y con ganas de reírse y pasarlo bien, que es lo que pretendemos.

¿Ha estado alguna vez en Valladolid? ¿Cómo se imagina que será la acogida de 'Obra de Dios'?

– Pues mira, si he estado en Valladolid o no es la pregunta del millón, porque claro, los artistas a veces, para nuestra desgracia, vamos, venimos, viajamos de noche, llegamos cansados... Me imagino que sí, pero si te soy sincero no la recuerdo lo suficientemente bien. Me ha pasado con otras ciudades, que luego a veces me sorprenden y me enamoran como si fuera la primera vez. Aunque la gente no debe esperar ver a Mauricio Colmenero y dicen que la gente del norte es más fría, una cosa es fría y otra es distante. Me espero un público muy respetuoso y no voy mal predispuesto, espero que la gente mire al espectáculo con el mismo cariño con el que yo les miro a ellos.

3 días en Valladolid dan para alguna escapada... ¿se pasará por las casetas?

– Aunque veré cómo me las arreglo, evidentemente, igual me armo de valor y tiro para allá, que en fiestas hay que ser un poco festival. Aunque a veces es un poco cansado que tu cara sea reconocida, a mí me gusta que la gente se acerque en los lugares a los que voy.

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