Manuel Royo: «Podría estar jubilado pero quiero hacer reír a la gente»

El humorista Manuel Royo /Henar Sastre
El humorista Manuel Royo / Henar Sastre

El cómico zaragozano actúa el día 4 de septiembre en el Teatro Zorrilla con 'La Revista Alucinante'

Javier Ayuso Santamaría
JAVIER AYUSO SANTAMARÍA

-47 años actuando, ¿qué tienen las tablas del teatro para retenerle tanto tiempo?

Sobre todo la ilusión de poder ver reír a la gente como el primer día. La gente se ríe de la misma forma, aunque de diferentes cosas. Es muy gratificante subir al escenario. Yo me hice cómico porque soñaba con ello y soy comediante porque quería serlo. No use la fama para llegar a un grado de amistades o influencias. Yo quería ser cómico, ir de pueblo en pueblo o de ciudad en ciudad haciendo reír a la gente, es lo que me encanta hacer. Ir a Valladolid el día 4 es un privilegio, poder estar ahí con los amigos y hacerlos reír. Al día siguiente sigo actuando en un pueblo de Castellón y el día de antes vengo de un pueblo de Valencia. Me matan los viajes, hago una media de 700 kilómetros para cada actuación. Exceptuando los viajes salir a actuar me da vida, no puedo retirarme del escenario. Podría estar jubilado pero quiero hacer reír a la gente mientras se rían de mi ingenio. El día que vea que no se ríen o deje de hacer gracia me marcharé sin decir adiós. Mientras tanto yo tengo que seguir actuando ya que es mi oficio.

-A Valladolid viene con 'La Revista Alucinante', ¿qué tiene preparado?

La actuación es una mezcla. La primera parte es una revista, la segunda es todo 'Monolorroyo' y al final aparecemos todos juntos. Hay fantásticos artistas: un gran ballet, grandes cómicos, una gran actuación musical y por último mi actuación. Normalmente actuó solo, pero cuando me integro en un espectacular ya formado paso de 1:15 horas a menos de 50 minutos de actuación.

-¿Qué experiencias ha tenido en Valladolid?

Había una discoteca llamada 'Paladium' en el Paseo de Zorilla en la que actuaba hace muchos años. El dueño de esa discoteca, Esteban Rodríguez, era el padrino de mi hijo. Yo a Valladolid llevo más de treinta años yendo, hasta que cerró la discoteca, luego al Teatro Zorrilla. En los años 80 actuaba en el Teatro Portátil. Por aquel entonces tenía toda la fuerza del mundo para poder hacer tres y cuatro actuaciones diarias.

-Dice que es un payaso sin pintura, ¿por qué?

Porque no me atrevo a pintarme, me dan muchísimo respeto. Admiro tanto a los payasos que sería como ponerme a pintar 'La Gioconda'. También soy pintor, pero no me atrevería a pintarla.

-¿Qué le supuso el premio Peregrino de la Alegría dado por la mítica familia circense Tonetti?

Empecé con ellos, así que imagínate. Estaba allí toda la familia Tonetti, yo me encontraba entre familia. Además estaba en el circo que es lugar donde más a gusto me encuentro. También vino mi familia: mi hijo, mi nuera, mi mujer. Me lo pasé muy bien. Que la gente reconozca la labor de tantos años con el Premio Peregrino de la Alegría es de agradecer. A mí me hizo muchísima ilusión.

-Varias generaciones han podido ver en la televisión o en teatro tus actuaciones, ¿cómo se mantiene fresco?

Tendrías que ver cómo me muevo por el escenario. Casi todos los días que puedo hago casi 20 kilómetros en bicicleta de carretera. En ese peregrinar de la bicicleta mantengo el corazón en marcha, porque claro, estás una hora y pico ahí dando pedales. Me encuentro bien, con las pulsaciones adecuadas. También leo y veo bastante la televisión para enterarme de las noticias de cómo está el mundo. Trato cada día de hacer un humor más sutil, sin meterme con nadie.

-Su humor donde reside, ¿cuál es su punto fuerte?

En mi ingenio y en mi gracia para comunicar mis chistes. También en el doble sentido. Hay que tener en cuenta que soy un humorista que nació y empezó a actuar en el franquismo. Al nacer en una dictadura ya sabía que no se podía hablar de la Iglesia; porque molestaba a los cristianos, lógicamente. No podía meterme con la política, porque era meterse en un jardín sin flores. No podía hablar del Ejército, porque el que mandaba aquí era un señor que era General. Había montones de cosas con las que no se podía bromear. Esto mismo lo he aplicado a todo en la vida, ¿por qué me tengo que meter con un colectivo determinado si a mí no me ha hecho nada? Cuando tengo que decir algo lo digo de tal manera que el que lo quiera entender, bien, y el que no quiera o sepa entender, pues se lo ha perdido.

-Como comediante, ¿es difícil sobrevivir en Internet o las Redes Sociales?

Todo el mundo se cree muy normal que el monólogo que tú vayas a hacer tenga 2 millones de visitas y que cuando vayas a actuar lo vuelvas a contar, la gente ya se lo sabe. Aquí Gila solo había uno. El humor no se puede repetir. Si yo digo: Te sabes el chiste del cura pobre, y dices que no, y digo yo: es que no hay ninguno. Ya está, ya lo he contado, puede tener gracia o no. Lo que no puedes hacer es el día siguiente con el mismo chiste en el mismo programa de televisión, tres días más tarde repetirlo en el pueblo cobrando entrada y repetirlo. El humor tiene que sorprender, si no sorprende no es humor, es rutina. La diferencia entre la música y el humor es que cuanto más escuchas 'Las cuatro estaciones' más te encanta la música clásica pero cuando escuchas cinco veces el mismo chiste no tiene gracia.

-Ha escrito varios libros, dibujas viñetas y pintas, ¿qué límite tiene?

He escrito 18 libros, con las viñetas he colaborado con algún periódico, escribo en varias revistas, también en un periódico de la Sierra de Madrid. Ahora mismo estoy escribiendo un libro que me hace mucha gracia, me mantiene distraído y pensando constantemente en ese tema. Me lo estoy pasando muy bien mientras escribo libros. Además en algún rato muerto me bajo a mi taller y me pongo a pintar. Tengo una gran libertad. Yo como los agricultores, empecé en un campo, luego acabe tocando otros campos. Al final he comprado más campos y mi campo es muy extenso pero claro, yo empecé con una parcelita, la parcela del humor. Tengo suerte de que lo que hago le gusta a gente. Si yo pinto y no gusta a nadie, dejo de pintar. Igual para mí o para regalar a amigos. Si pintas e interesa, llegas a exponer e incluso a vender se convierte en un hobby lucrativo.

-Tantos años en la carretera, ¿En qué ha cambiado el país?

Ha cambiado mucho. Los cambios tienen cosas buenas y cosas malas. Cosas buenas que vamos mejor y cosas malas que al arrastrarlas te llevas fauna y flora que no debería. Las redes del avance de la sociedad se llevan el coral, se llevan a delfines, se llevan cosas que tendrían que estar ahí. Se llevan de tu vida cosas que estaban bien encajadas socialmente y porque a una determinada parte de gente no le gustaba, lo ha dejado atrás y ha abrazado nuevas cosas y tú tienes que estar con lo que está la gente. Hemos mejorado en unos aspectos y perdido valores muy importantes. Por ejemplo, empecé a trabajar de tornero en un taller con 16 años, a los años, el jefe compró un torno semiautomático. Despidió a tres personas. Al poco, compró a otros y otros tres se fueron a la calle, yo me quedé porque era aprendiz y era el que menos cobraba. Fabricamos máquinas para quitar el trabajo de las personas. Las máquinas pueden acabar con el trabajo del hombre y tendremos que volver a lo artesano, a lo hecho a mano. Como los cubanos que presumen de hacer tabaco a mano.

-¿Qué futuro tiene Manolo Royo?

El mismo, para que voy a cambiar. Mientras no me aburra voy a salir al escenario. Seguiré subiendo al escenario y haciendo lo mismo. Empecé siendo Manolito hasta que tuve a mi hijo, que fui Manolo. Cuando sea abuelo seré Don Manuel Royo, si es que sigo trabajando, es la escala de la vida y me lo he ganado.

-Y Manuel, ¿qué futuro tiene?

Estaré aquí lo que tenga que estar hasta que vengan a por mí y me lleven para otro lado. Espero que el alma vague por ahí, por las galaxias en las que pensamos que hay vida. Igual somos nosotros mismo reencarnados en otros seres u otros lugares. Estaré aquí hasta que se me apague la luz.

-¿Qué anécdotas le ha dejado tu carrera de cómico?

En la carretera puedo presumir que tengo los 15 puntos. Haciendo 35 mil o 40 kilómetros con un coche. Solo en 10 años hice kilómetros para ir a la Luna, le hice 384 mil kilómetros. Sobre actuaciones me pasó una cosa curiosa hace poco tiempo: me llamaron para actuar en un pueblo en fiestas, en una romería. El escenario estaba al lado de la iglesia. La gente iba a la romería, no a verme a mí. Pasaban por delante del escenario, entraban en la iglesia, hacían su ofrenda y salían. Yo estaba allí como un feriante esperando a alguien que se parase para escucharme. Lo pasé fatal. Se quedaron 40 personas en un remanso viéndome. Los demás entraban y salían de la ermita donde iban de peregrinaje. El que se equivocó fue el empresario. Es algo que dices, ¡Dios mío!, ¿para qué he venido?

-¿Algún mensaje para el público de Valladolid?

Si se quieren reír que se vengan al Teatro Zorrilla a las 19.00 o a las 22 horas del 4 de septiembre. Verán un gran espectáculo, una gran revista, con buenos cómicos, números musicales muy bonitos, mucha luz, mucha pluma, un buen ballet. Y luego a Manolo Royo en 'la créme de la créme', no se lo pierdan.

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