Libertinaje, pantalones de cuero... y buenas canciones

Bobbie Gillespie, líder de Primal Scream, durante el concierto ofrecido en la Plaza Mayor./Ricardo Otazo
Bobbie Gillespie, líder de Primal Scream, durante el concierto ofrecido en la Plaza Mayor. / Ricardo Otazo

Primal Scream encandila a sus incondicionales en el concierto internacional de ferias

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

Las estadísticas de Google marcaron un pico seguro hace un mes en Valladolid cuando se anunció que Primal Scream estarían gratis en la Plaza Mayor y una humareda gris cubrió la ciudad. No eran los ozonos de aquel junio que fue infierno, sino el humo de los motores del buscador, que se llenaron de pucelanos rápidos con la tecla para saber quiénes eran y cómo sonaban esos que vendrían a actuar en ferias. ¿Primal Esqué? ¿Y esos que tocan? Todos de cabeza a Spotify a buscar las canciones más reproducidas por si alguna suena. Los más puestos en música saben que este párrafo que que acaban de leer es puro sacrilegio. Pero es así. Para la mayoría es así. Tal vez el concierto de anoche sirvió para que se les conozca más por aquí.

Galería de imágenes

Más propio del circuito alternativo e internacional, su actuación en un recinto abierto, gratis (para el público) y en medio de unas fiestas patronales es un tanto que puede apuntarse Valladolid, hasta donde se acercaron fieles de unos músicos que, como pudiste comprobar aquel día en que los buscaste por Internet, están considerados como uno de los grandes grupos del cambio de milenio. «Treinta años de drogas, libertinaje y pantalones de cuero», decía el periódico The Guardian a principios de este año, en un artículo especial para conmemorar el origen de una banda que nació para las discográficas en 1987 (sí, hace tres decenios) y que desde entonces ha construido un amplio repertorio del que ayer sonó una parte en la Plaza Mayor. Drogas, libertinaje, pantalones de cuero... y buenas canciones, se olvidó de contar aquel artículo.

Al frente del grupo, Bobby Gillespie, delgado como un fideo a dieta, bamboleante como un péndulo cojo, lánguido en las palmas y superviviente de un historial de excesos y noches sin recuerdos. Salió al escenario con camisa estampada, maracas en la mano e interés por si el público está ok y quiere hacer algo más de ‘noise’.

Ofreció el grupo una colección de temas que puso de manifiesto su destreza a la hora de mezclar rock, electrónica y rabia, con puntadas del acid house de los 90, la psicodelia que no perdieron por el camino, las esquirlas de una fiesta rave e incluso un regusto gospel que asoma entre algún que otro acorde. Y en el cogollo, claro, ‘Screamadelica’, su everest de 1991, del que emergen tal vez las piezas mejor valoradas por la crítica y las más escuchadas de su catálogo, que empezó a virar desde un rock más evidente hacia una música lisérgica. Muestra de todo eso hubo ayer en una Plaza Mayor que empezó tímida y que se animó según avanzaba el concierto, con canciones como ‘Jailbird’, ‘Dolls’ (ese dulce rock and roll) o ‘Cant’ go back’, que sonó justo antes de ‘It’s alright, it’s ok’, que el público cantó animado por la banda. Llegó después el coro de palmas para ‘I’m losing more than i’ll ever have’ y hubo fiesta con ‘Country girl’. Si ninguna de estas te suenan, prueba con ‘Loaded’ o ‘Movin’ on up’, que seguro que las has escuchado en la tele porque las agencias de publicidad no han dudado en echar mano del catálogo de Primal Scream para vender coches (Toyota Auris), teléfonos móviles (Sony) e incluso tarjetas de crédito. Hubo sin duda quien trasteó por YouTube para saber quiénes eran Primal Scream. Lo de Internet está bien, pero para otra vez es mejor acercarse por la Plaza Mayor y disfrutar de un buen concierto... aunque sea en la noche más fresquita de las fiestas.

En la nueva piel de Siloé

Suena ‘Daños trágicos’ para desplegar el repertorio con el que Siloé (la nueva piel bíblica de Fito Robles) se ha paseado por salas de todo el país hasta recalar ahora en casa, en el escenario noble de su ciudad, Valladolid, que lo recibe con aplausos y ganas de corear sus canciones. Se dirige al público tratándole de usted («Queridos espectadores de mis amores», dice) para presentarle unas canciones incluidas en su último disco. Suenan así piezas como ‘Invasor’ o ‘Espectadores amantes’, interpretadas desde un micrófono doble que Siloé utiliza para buscar nuevos ecos a su voz. Con armónica y guitarra en solitario afronta ‘La verdad’, una canción de inspiración íntima con la que reclama unas relaciones y una sociedad basadas en la sinceridad. La interpreta justo antes de presentar una de las piezas (‘Cerezos’) de su próximo álbum.

Fotos

Vídeos