Morat revienta la Plaza Mayor

Morat en la Plaza Mayor de Valladolid.
Morat en la Plaza Mayor de Valladolid. / Ricardo Otazo

Miles de gargantas acompañan a Morat en su concierto multitudinario en Valladolid

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

«Queremos pedirles que sean parte de Morat esta noche», dice Juan Pablo Isaza, guitarra en ristre, como el militar que antes del ataque repasa instrucciones junto a la tropa. «Queremos que canten hasta si no se saben las canciones». Porque si falla la letra, siempre se puede recurrir al ohhh, tan presente en su repertorio. Piden que la gente cante porque la orgía de voces es parte de la base del grupo. Para que lo entiendas, un estribillo de Morat es una expedición de la Guardia de la Noche contra los caballeros blancos, una horda de ‘millenials’ que avanza contra el frío muro del futuro, un ejército joven que une ‘brackets’ para cantar que «hoy te escribo sin pensar y sin ortografía» (!!!!). Es un batallón arracimado que acumula voces para asaltar el torreón repetido de una canción. Un estribillo de Morat es un botellón en Las Moreras, un mercadillo en Delicias, hora punta en el atasco, una foto con mil ‘likes’. Es como un grupo de ‘whatsapp’ donde hay barra libre de emojis que no dejan de vibrar. Un estribillo de Morat es muchas voces en una, un coro, un karaoke a lo bestia, un orfeón. Y lo mismo ocurre tanto en disco como en directo. Mientras que la estrofa es cosa de uno, el solista ejerciendo de tal (y los de Morat se turnan el privilegio según la canción), para el estribillo se juntan todos, tope de voces a la vez, como si fuera imposible cantarlo a solas y hubiera que encomendarse a la santísima cofradía del pop compartido, a la veneradísima hermandad del éxito seguro. ¡A mí el batallón del estribillo! Y entonces empieza la lucha, temblor de cuerdas vocales, maremoto de salivas, tañer de campanillas ahí al fondo de la garganta. Dice el grupo de si mismo que una canción de Morat dura cuatro minutos o 280 latidos de un corazón enamorado (¡ohhhh!). Habría que sumarle además que una canción de Morat, en su estribillo, es una fiesta a la que todo el mundo está invitado. El camarote de los hermanos Vargas Morales (Simón y Martín) y de los Juan Pablos (Isaza y Villamil). Juerga padre para cantar unidos.

Público en el concierto de Morat. / Ricardo Otazo

No hay más que ver esta plaza, con el Conde Ansúrez como si fuera monitor de campamento, instructor de ‘kinder garten’, vigía privilegiado de esta ‘rave’ adolescentes en la que la chavalería se pule los datos del móvil para grabar un trocito de canción. Miles de jóvenes, cientos de infantes hoy sin toque de queda para alistarse al ejército moratiano, que lo mismo guerrea en los resúmenes de Gran Hermano que metrallea éxitos desde los cines con ‘Gru 3’. Son Morat un fenómeno tremendo, una gripe contagiosa, un virus sonoro que avanza sin vacunas ni tiritas por colegios e institutos. Y desde las ondas bombardean canciones que suenan una y otra y otra vez. A los chavales de la EGBles gustaba Parchís. Los de Infantil y Primaria se encomiendan hoy a Morat. Algo hemos avanzado. Como en el informe PISAincluyan prueba de memoria con las canciones del grupo, ganamos de goleada. Como lo hagan en comprensión lectora, ya veremos, porque tiene su aquel escuchar a chavales de siete y ocho años cantar estrofas existencialistas en plan «no sé cuánto, no se cuánto voy a soportarlo. Y no sé dónde, no sé dónde voy a dar sin ti».

El grupo colombiano Morat ha conseguido conectar con generaciones de fans, muchos de ellos niños y adolescentes

Es un espectáculo mirar en sus conciertos no solo lo que ocurre en el escenario, sino sobre todo lo que pasa ahí abajo, en ese foso de soldados dispuestos a soltar munición en los estribillos. Corean ‘Mi nuevo vicio’, con el que empieza el recital. Siguen con ‘En un solo día’ y ‘Aprender a quererte’. Repasan de pe a pa ese vals que titulan ‘Yo más te adoro’ y se vuelven locos con ‘Yo contigo, tú conmigo’. Enfilan el final del concierto con ‘Amor con hielo’ y sueltan el ataque definitivo en los bises, cuando parece que la batalla ha terminado pero todo el mundo sabe que aún no, que en la recámara queda pendiente la emboscada final. Yentonces, a eso de la medianoche, suena el ‘Cómo te atreves a volver’. Las huestes de Morat cantando a una, a voz en grito, como tercio de Pucela, ‘Cómo te atreves a volver’. Y la verdad es que con tanto ímpetu y seguridad, cualquiera que intente regresar se lo tendrá que pensar dos veces. Sí, ayer Morat venció la pelea. Por KO.Absoluto. Yhoy, cientos de padres que tuvieron a los niños toda la guerra a hombros, se pasarán la mañana buscando fisio. Es lo que hay.

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