El Norte de Castilla

Fiestas de Valladolid
Así trabaja la Policía en las noches de las fiestas
Un agente Local observa como se efectúa un control de alcohol en sangre / Ramón Alonso

Así trabaja la Policía en las noches de las fiestas

  • Pasar una noche con los agentes que vigilan la trastienda de las ferias permite descubrir un mundo que no todos ven

En los espectáculos, lo bueno se lo queda el público. Las maquetas de la escenografía muestran el colorido que dará vida a la escena, no se ve el bullicio, el ir y venir detrás del escenario, los cambios de vestimenta. Todo permanece oculto a la vista para mantener la magia de una realidad que luego resulta ser menos estética de lo que pintan. Igual ocurre con el complejo y laborioso interior de una máquina. O los crujientes engranajes que oculta la carcasa de madera del reloj de cuco, los cuales lo animan y dan vida.

La labor de la Policía Municipal de Valladolid forma parte de esa zona del escenario de las ferias que permanece oculto pero que es imprescindible para que el espectáculo continúe, el lado oscuro de la luna. Dar seguridad y apoyo a los ciudadanos, cuidar que todo vaya bien y «no solo poner multas». Tareas que a los ciudadanos que disfrutan de las fiestas les pasan en muchos caso desapercibidas, pero sin las que nada de eso sería posible.

El pasado miércoles día 7 por la noche se desplegó un dispositivo ampliado para asegurar la correcta marcha de los actos festivos: 34 policías como refuerzo de las zonas conflictivas del centro de la capital, más controles de alcoholemia y más visibilidad. Los municipales no estaban solos: desde 2006 aúnan esfuerzos con la Policía Nacional para garantizar el buen desarrollo de las fiestas y ferias de la Virgen de San Lorenzo y se coordinan para dar una mejor cobertura. «Es una de la pocas ciudades de España donde se ha conseguido. Y tiene sentido: a la gente que con problemas le da igual que sea la municipal o la nacional; solo quieren a la Policía», afirmaba Carlos Ramos, jefe y coordinador del turno de noche de la Policía Municipal, quien llevó la dirección del dispositivo del miércoles. A parte del refuerzo de efectivos en zonas clave (Real de la Feria y el centro), dos equipos se encargaron de realizar controles preventivos de alcoholemia en 25 puntos de las carreteras y accesos de la ciudad. «Lo que nos interesa es ser visibles, es decir, dar sensación de seguridad. Queremos que vean los controles, que vean que estamos ahí. Esa es la mejor forma de prevención», explica Carlos Ramos.

Al ver mucha presencia policial la gente con malas intenciones no actúa. Lo mismo ocurre con los controles: si la persona que va a beber observa que todos los accesos están controlados, se lo pensará dos veces antes de tomarse unas copas y coger el coche. Es un plan sencillo y que por el momento, según la valoración de la Policía, ha demostrado ser eficaz. «Se observa una disminución de los comas etílicos en comparación con el año pasado; el consumo está siendo más responsable. Y de momento, de los 386 controles realizados (hasta el día 6) menos de un 2% han sido positivos», informó Ramos.

Robos y riñas

«Valladolid es una ciudad tranquila. Lo más habitual durante las fiestas son atropellos, robos, riñas por culpa del alcohol...», enumeró Carlos Ramos. «En Valladolid no suelen producirse agresiones sexistas ni violaciones. O, al menos, no se denuncian. En lo que va de fiestas llevamos 6 robos. Sustracciones de móviles ‘al descuido’, que aprovechan que dejas la mochila por ahí y la pierdes de vista». Aunque últimamente, añade, también han llegado varias denuncias de otra estrategia más llamativa: una persona se acerca a otra que tiene el móvil en un lugar visible y le acusa de habérselo robado; la persona, sorprendida, saca el aparato y lo muestra para demostrar su inocencia. Es entonces cuando el ladrón agarra el teléfono, tira de él y sale corriendo con el botín sin dar apenas tiempo a reaccionar.

Botellón

No es ningún secreto que en fiestas el tema del alcohol se flexibiliza. El consumo en la calle deja de estar vetado y pasa a ser habitual en las decenas de casetas repartidas por toda la ciudad. Aunque quizás lo más problemático no sea la caña en Plaza Mayor, sino el botellón de las Moreras, convertido de un tiempo a esta parte en un lugar de peregrinaje para miles de jóvenes. «No se permite, pero ¿cómo actuamos un efectivo de diez policías en un lugar donde hay entre 3.000 y 6.000 jóvenes bebiendo? La actuación policial no es la solución. Y no digo que no sea eficaz, pero hay que complementarla con otras medidas», lamentó Ramos. La madrugada del jueves se saldó con el choque de un vehículo en el Paseo de Juan Carlos I, una pelea con dos heridos leves en las Moreras y tres positivos en controles de alcoholemia.