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«La clave está en cantar con el alma»

David de María actúa esta noche en la Plaza Mayor
  • David de María actúa esta noche en la Plaza Mayor

David DeMaría habla tan profundo como canta. Cercano y agradable, como siempre ha sido él, pero con esa sensatez y cordura que solo adquieres con el grosero paso de los años. Ya hace más de una década desde que aquel joven jerezano de tez morena y sonrisa cautivadora golpeara los corazones de los españoles -especialmente las féminas- con canciones como 'Precisamente ahora', 'Barcos de Papel' o 'Pétalos marchitos'. A sus 40 años y papá desde hace unos meses, David DeMaría sigue amando la música como el primer día, consciente -algo digno de admirar- de que seguramente su época de mayor tirón comercial ya haya pasado, pero viviendo cada concierto «como si fuera el último». Ahora, con más de medio millón de discos vendidos y casi veinte años de carrera profesional a sus espaldas, llega a la Plaza Mayor para promocionar su último trabajo, 'El Séptimo Cielo', dispuesto a hacer disfrutar a una ciudad a la que guarda «especial cariño».

Tras dos décadas de bagaje en el mundo de la música y siendo una de las caras mas conocidas del panorama español, ¿Qué siente David de María cuando se sube a un escenario?

Siento una emoción adictiva, diría. Tras pasarme en los escenarios durante 20 años de mi vida, la música se ha convertido en una forma de vida mas que en una profesión. La necesito. Para mí es volver a sentirme un chaval, regenerar todas las energías. Al subirme al escenario, yo me lo tomo como si fuera la primera y la última vez, disfrutando, dejándome llevar. Esa es la única manera de seguir motivándote y de mantener esa pasión por lo que haces. También es cierto que tienes mucha responsabilidad, eso sí. Hoy en día puedes hacer cientos de conciertos de puta madre que si la cagas en uno se va a hacer viral en pocos minutos. Pero luego ese nerviosismo por hacerlo bien también te ayuda a motivarte.

Si por algo has triunfado en la música es por transmitir y emocionar al público con la pasión con la que cantas tus canciones. ¿Cómo lo consigues?

Creo que lo importante es mostrarte lo más natural posible. Siempre he intentado huir de las poses y, ahora que he llegado a los 40, más todavía. Creo que se transmite mucho más cuando eres tú mismo. Yo lo comparo con la belleza de una mujer: una mujer está realmente guapa recién levantada, con la cara lavada, cuando se pone mucho potingue ya me tira un poco para atrás. Y luego, por supuesto, cantar con el alma. Yo no se cantar de otra manera. Necesito vaciarme, no se fingir. Lo vivo y no conozco otra forma que hacerlo que desde la naturalidad.

Echando la vista atrás, ¿cuando supiste que querías dedicarte a la música?

Hay recuerdos de la niñez que te marcan. Cuando empiezas a escuchar tu timbre de voz, cuando empiezas a cantar tus canciones y sientes una vibración especial, cuando empiezas a tocar la guitarra y empiezan a surgirte mil ideas... Eso son los recuerdos más bonitos, y sobre todo montar un grupo con 13 o 14 años en el instituto. Eso fue la base principal de lo que vendría después, no me dedicaría a la música sin aquella época y ese alma de grupo. Yo nunca hubiese sido ese niño presentándose a un casting de televisión, porque «quiero ser cantante mamá». A mi lo que me gustaba era ensayar cada día, dar conciertos para comprar un amplificador o pagar el alquiler del local, componer juntos, tocar canciones de nuestros referentes... Eso es lo que me hizo sentir que de verdad quería vivir de la música.

Esa vida de cantautor, tus días de ensayo y trabajo, los eventos... ¿es como te lo imaginabas entonces?

Hay una parte que sí. La convivencia con tus músicos, la creación y producción musical, las giras y su preparación... Todo eso sí, es lo que he vivido desde que tenía 13 o 14 años. Luego desgraciadamente está la otra parte del negocio, de la industria, de la radiofórmula, de la política, del sistema, que es como todos sabemos: amargante, frustrante y contaminante. Pero bueno, yo intento olvidarme de esa parte en los conciertos, de gira; disfrutando de una prueba de sonido, disfrutando con un viaje de mil kilómetros y disfrutando del escenario aunque esté reventado y hecho polvo. Un día te haces Málaga – Galicia, al otro Tenerife – Murcia o como ayer, que hicimos Granada – Aragón, y mañana vamos a Melilla. Al final cuando llegas al sitio, montas el equipo y empiezas a sonar, se te quita todo el cansancio de encima. Esa sigue siendo la vitamina del músico. Y eso sí que me lo imaginaba como lo que llevo viviendo durante los últimos 20 años que llevo defendiendo una carrera como solista.

¿Y cómo ha evolucionado tu música en todo ese tiempo? ¿Es una música más madura, diferente?

Bueno, en este país te meten en ciertos perfiles y el público es poco aventurero a la hora de querer profundizar en un artista. Desgraciadamente, yo he perdido a las masas, soy muy consciente de ello. Yo llegué a vender más de medio millón de discos con 'Barcos de Papel', con 'Preciosa mía', con 'Cada vez que estoy sin tí', con 'Pétalos marchitos', y el músico intenta evolucionar y al final va dejando atrás lo comercial, lo que el gran público y las radios demandan. Yo no he querido entrar por el aro. Al contrario, he querido sonar cada vez más a grupo. He querido contar con músicos a los que admiraba, he querido no repetir fórmula en cada álbum. En este país intentas crecer como músico y sabes que vas a perder. Perder inversión por parte de tu propia compañía e interés por parte de la radio, con lo cual te alejas del gran público. De todas formas yo me siento muy orgulloso de seguir sacando cada dos o tres años un álbum que luego disfruto tocarlo en directo. Soy fiel a mis principios musicales. Soy un amante del pop nacional, del flamenco, de los clásicos anglosajones... Posiblemente mis últimas canciones no se parezcan mucho a lo que está sonando ahora en la radio, pero yo prefiero ser fiel a mi manera de entender y vivir la música.

Y después de esos 20 de carrera profesional, ¿mantienes la ilusión de tus inicios?

Si, si. Por suerte, gracias a los conciertos en directo. De todas formas a mí solo me hace falta coger mi guitarra en casa, y vuelvo a recuperar toda la ilusión con dos acordes y con una armonía bonita. Lo bueno del compositor es que en tu montaña rusa particular de emociones, tu eres el dueño también de equilibrarlas cada vez que coges el instrumento. Y yo la ilusión la recobro cada vez que tengo una canción por componer o una idea que grabar. Por mucho que haya cosas en la vida del músico que te quemen y te lleven a una bipolaridad emocional grande de altibajos, al final a mí me acaba salvando la canción, la guitarra y sobre todo ir de gira con mis colegas. Yo disfruto mucho con el pedazo de banda que llevo, tanto en el escenario como cuando me bajo de él. Pero sí que ya con 40 años lo ves todo de otra manera. Pierdes esa inocencia y esas creencias de tus comienzos, te das cuenta de que aquí hay ciertas cosas que se mueven de una manera y de que si quieres entrar en el aro bien y si no, lo tienes complicado. De todas maneras, si a mí cuando empezaba me llegan a decir que después de 20 años seguiría siendo David DeMaría, dando conciertos y grabando discos, no me lo hubiera creído.

Hablando de tus últimas canciones, tu último trabajo se llama 'El Séptimo Cielo'. ¿Por qué ese título y qué ofrece el disco?

El séptimo cielo es un estad de ánimo, las vibraciones que sentimos componiendo, grabando y produciendo este disco. Ha sido un año y medio de dedicación plena a la composición y a la grabación del disco junto a Víctor Iniesta y Javibu Carretero, y durante ese tiempo quedábamos por la mañana en casa, que por aquel entonces yo vivía en un sitio muy céntrico de Madrid, en una séptima planta. «¿A qué hora nos vemos en el séptimo cielo, tío?». Para nosotros era nuestro séptimo cielo. Ponernos a componer, fumarnos un cigarrito y quedarnos hasta las tantas a la guitarra, escribiendo, grabando... y salió una canción que se llama así. He sido papá además, he tenido como ese doble embarazo durante la producción del disco, y pensábamos titularlo 'Capricornio', porque ese iba a ser en principio el horóscopo de mi hijo, pero como se adelantó y salió sagitario pues nos convencimos de llamarlo 'El Séptimo Cielo', que es el ambiente de la gestación del disco y es un título muy cercano a lo que hemos sentido grabándolo.

Ahora que eres un artista más maduro, que eres un artista que tiene muy claro lo que quiere, ¿Cómo te ha influido el nacimiento de tu hijo?

Pues la primera experiencia como padre me llegaba haciendo una gira. Es brutal, la sensación, la energía que te da. Saber que ya hay algo que está por encima tuyo y que es prioritario incluso a tu carrera, a tu profesión y a tí mismo. Luego es agotador también. Cuando estás de gira, llegas reventado a casa y la vida de padre te exige dedicarle muchas horas. Es agotador pero a la vez muy reconfortante, y no lo cambiaría por nada. Está siendo una experiencia muy bonita, el amor más pleno que se puede conocer en la vida. Te cambia la vida. La prioridad ahora es su salud, su felicidad, su sonrisa, su futuro. Te recarga las pilas, es como volver a nacer.

¿Es esta la primera vez que tocas en Valladolid?

No, afortunadamente he tocado en Pucela varias veces a lo largo de mi carrera. Es una tierra a la que le tengo especial cariño y respeto, siempre me han tratado fantásticamente. Precisamente en la Plaza Mayor ya tuve la ocasión de tocar con el disco 'Posdata' hace cuatro o cinco años, y todo fue genial. La verdad que disfruto mucho cada vez que vengo y espero que esta no sea la última visita.

¿Cuáles son tus planes de futuro?

La gira seguirá hasta finales de año, promocionando el disco. Aún nos quedan ciudades importantes por hacer como Salamanca, Barcelona, Madrid, Sevilla, Cádiz... Luego sí que tengo en mente hacer algo para conmemorar mis veinte años de carrera profesional, que cumplo en 2017. Aún no se si se podrá hacer, hay que ver primero la predisposición de la compañía, pero en el futuro veo eso, algún concierto conmemorativo para grabarlo, con las veinte canciones más importantes de mis veinte años de carrera. Por ahí irían los tiros.