Un equipo de fútbol para golear contra la exclusión

Entrenadores, promotores y jugadores del club deportivo Santo Toribio. /ALBERTO MINGUEZA
Entrenadores, promotores y jugadores del club deportivo Santo Toribio. / ALBERTO MINGUEZA

La parroquia de Santo Toribio promueve, a través de Cáritas, un club deportivo para atender a jóvenes de Delicias

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Antonio Dual ‘Pipi’, 15 años, llega a las pistas del instituto Ramón y Cajal con una caja enorme en los brazos, el precinto medio abierto y una sonrisa que anticipa que lo que tanto llevaban esperando ya está por fin aquí. «Ja, que tenemos camisetas nuevas», grita a los compañeros. Y un batallón de brazos compite por ser el primero en coger la equipación, meter la mano en la caja para hacerse con el mejor número, con un pantalón de la talla correcta, con una elástica azul cielo que lleva grabado el escudo en el pecho: Club Deportivo Santo Toribio.

Este es un equipo de fútbol sala que es más que un equipo de fútbol sala. Es una escuadra que no solo juega en la cancha. Es un grupo de chavales que golpean balones para aprender valores. Son unos jugadores abonados al ascenso, aunque no vayan primeros en la clasificación. Es una iniciativa emprendida por Cáritas y la parroquia de SantoToribio que parece un simple club deportivo pero que, en realidad, es mucho más.

Lo cuenta Antonio Verdugo, el cura de la iglesia de la calle Hornija, en Delicias. «El equipo nació como parte de un proyecto más amplio de integración social y de educación de calle. En la parroquia trabajamos con adolescentes y jóvenes desde una vertiente educativa que no solo incluye el apoyo escolar, sino que también se interesa por otros aspectos, como el tiempo libre, el ocio saludable, la lucha contra la exclusión, la integración, el trabajo con las familias», explica Verdugo. Yel fútbol se ha convertido en una vía efectiva para llegar a estos chavales.

El equipo (de cadetes y juvenil) está compuesto por jóvenes de entre 14 y 18 años y compite en ligas escolares. Es, por lo tanto, imprescindible que los jugadores estén matriculados y vayan al instituto o cursen un módulo de Formación Profesional;si no, no pueden formar parte del club. Esto es clave para luchar contra el abandono escolar y han conseguido que dos adolescentes se reenganchen a los estudios, que vuelvan a las aulas para terminar la Secundaria o formarse en un oficio.

«El fútbol es la excusa», explica Carlos San Segundo, educador de calle de Cáritas y uno de los promotores de la iniciativa, que cuenta con el respaldo de la Fundación Municipal de Deportes. Desde hace años, San Segundo desempeña su labor en zonas como Delicias, Las Viudas o Barrio España. Acompaña, charla y aconseja a adolescentes para prevenir situaciones de riesgo, conflicto y exclusión. Se ha convertido, en muchos casos, en confidente y amigo. Se ha ganado su confianza para echarles una mano –si hay problemas en casa, con los amigos, en los estudios– e incluso una bronca si es menester. La clave, dice Carlos, es estar cerca de los jóvenes, comprenderlos, hablar su lenguaje, conocer sus anhelos, estar donde ellos están.

Por ejemplo, en el entorno de una tienda quiosco que había cerca de la iglesia de Santo Toribio y que los chavales usaban como centro de reunión. Allí, sentados en la acera, en el respaldo de un banco, se pasaban las tardes muertas. Charlaban, escuchaban música, trasteaban con el móvil, echaban un pitillo o una pachanga. «En realidad no hacían nada. Se pasaban allí el día, sin estudiar...».

«Qué os gustaría hacer?» –les preguntó Carlos una tarde– «¿Qué os parecería si montamos un equipo de fútbol?». Y una llama de ilusión, de compañerismo, de un reto alcanzable, vete a saber, prendió entre estos chavales con sobredosis de calle. Y así fue como el año pasado nació este club, que entrena los martes y los jueves, aunque no todo consista en esfuerzo físico y toque de balón. Junto a la preparación clásica de un equipo de fútbol, los jugadores del Santo Toribio mantienen encuentros periódicos con el educador de calle.

«Nos sirven para hablar, para compartir experiencias, para que los chavales se abran y nos cuenten sus preocupaciones y les podamos ayudar». Porque a veces la vida saca demasiadas tarjetas rojas. Porque hay familias que viven partidos en los que siempre se pita un penalti injusto. Porque hay expulsiones no provocadas y chavales a los que el futuro les sienta siempre en el banquillo. «El fútbol nos ayuda a llegar a ellos y enseñar una serie de valores que son importantes, como la responsabilidad, el compañerismo, el trabajo en equipo, el respeto al rival y a los árbitros, la higiene, la puntualidad», indica San Segundo.

Los integrantes del equipo de fútbol de Santo Toribio.
Los integrantes del equipo de fútbol de Santo Toribio. / A. MINGUEZA

Pueden parecer cuestiones muy básicas, pero en algunos casos necesarias. «Nos pasó en uno de los primeros partidos.Algunos de los chavales salieron el día anterior y llegaron de empalmada al partido.Perdimos, claro. De ahí hay una enseñanza clara: sin esfuerzo y determinados sacrificios, es imposible conseguir lo que queremos», asegura Carlos.

Guillermo González y Luis Ángel Cañas son dos jóvenes entrenadores que colaboran como voluntarios en el club. Ellos se encargan de dirigir los entrenamientos, de definir las tácticas, de plantear los partidos, de administrar la plantilla. «Es verdad que les falta algo de disciplina, pero son buenos chavales y todo se puede trabajar», explica González, quien indica que lo que más le ha costado en este tiempo es conseguir que sus jugadores le escuchen. «Muchas veces van a lo suyo y necesitas imponerte. Juegan un fútbol muy callejero y aquí están aprendido la táctica, a jugar en equipo y contra un rival», apunta Cañas.

El equipo estuvo formado en un principio por adolescentes gitanos, pero esta temporada (la segunda)se ha abierto también a payos y a jóvenes de otras nacionalidades, como Jhordany Miguel Morales (14 años), dominicano y defensa, o Abderrahman Dachraoui (14), que es marroquí y juega de portero. Abderrahman llegó al equipo como tantos otros integrantes. Acudía a las clases de refuerzo escolar en la parroquia y allí le comentaron que existía el club, que necesitaban jugadores, y que si le apetecía, que se apuntara. Abderrhaman, que estudia segundo de la ESO en elArca Real y quiere ser policía, no lo dudó.

Entrenamiento en el patio del instituto Ramón y Cajal.
Entrenamiento en el patio del instituto Ramón y Cajal. / A. M.

Jonathan Villagrá tiene 15 años. Cursa cuarto de la ESO en Cristo Rey y reconoce que tiene que acostumbrarse al equipo después de tantos años de fútbol de calle. «Muchos de mis amigos están en La Victoria y me iba a jugar a las pistas de allí, o en Delicias, o en las Cortes, o en las canchas que hay junto a El Corte Inglés. Ahora aquí jugamos más en serio... y está bien», dice mientras los compañeros recuerdan que él fue uno de los goleadores que permitió ganar (7-4)el encuentro frente al Galileo.

Antonio ‘Pipi’ («viene de piojo, porque de niño era muy pequeño») deja la caja con las equipaciones en el suelo y busca su camiseta. Contra la pared están sentados varios de sus compañeros. Algunos fuman. Los hay que bromean. Otros se quitan los pantalones del chándal para probarse los del uniforme. Hay uno, Carlos de la Fuente, que se acerca al fotógrafo que saca las imágenes del reportaje para preguntarle por el objetivo que utiliza. «Es que de mayor quiero ser fotógrafo», asegura un joven de 16 años, que juega de ala o de portero, según convenga, que desde hace seis años toca el violonchelo con la orquesta In Crescendo y que valora, sobre todo, el «compromiso con los colegas» que supone jugar con el Santo Toribio. Óscar Jiménez, 16 años, pivote, estudia FP Básica de mantenimiento de vehículos en el Juan de Herrera y subraya el buen compañerismo. «Hemos mejorado la técnica, ahora tratamos mejor el balón;lo de antes en la calle eran pachangas... ahora jugamos de verdad», dice Adrián Jiménez, pivote, 15 años, en el equipo de cadete, un apasionado de la Tecnología.

Los entrenadores dan palmadas y comienza la sesión física. Este fin de semana juegan. Pero el partido más importante, el que de verdad importa, tiene lugar fuera de la cancha... y para esa contienda contra el futuro también les preparan y enseñan aquí, en el club deportivo Santo Toribio.

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