El encuentro de los Habsburgo

Las rutas de Carlos V por Valladolid

«El Gobierno flamenco dilató el viaje del infante a España más de año y medio con la intención de garantizar su seguridad. En este sentido, enviaron previamente al embajador Adriano de Utrech a Castilla, para que relevara al cardenal Cisneros, quien se opuso a ser cesado»

José Luis Chacel
JOSÉ LUIS CHACELValladolid

Fallecido el Rey Fernando en Madrigalejo el 23 de enero de 1516 y estando su hija, la Reina Juana confinada en Tordesillas, el Gobierno de Castilla queda en manos del regente, el cardenal Cisneros; a la espera de que el archiduque Carlos de Habsburgo, en su condición de primogénito, y por tanto heredero legal, viniera a Castilla para ser nombrado rey. En este escenario, muchas voces defendían que su hermano menor, el alcalaíno Fernando, era quien debía ser coronado, ya que Carlos era extranjero, había sido formado en Flandes, no hablaba castellano y nunca había pisado Castilla. El Gobierno flamenco dilató el viaje del infante a España más de año y medio con la intención de garantizar su seguridad. En este sentido, enviaron previamente al embajador Adriano de Utrech a Castilla, para que relevara al cardenal Cisneros, quien se opuso a ser cesado, basándose en una orden emitida por la Reina Juana que impedía ocupar cargos de gobierno a los extranjeros.

El 3 de septiembre de 1517, Carlos escribió a Cisneros y a Fernando, comunicándoles su inmediata partida hacia España, informándoles de que sabía los nombres de los que conspiraban contra él, detallándoles las medidas disciplinarias que debían de aplicar a los miembros de su equipo, ordenándoles que no acudieran a Santander a recibirlo y que se mantuvieran a la espera de nuevas noticias.

Monasterio de Santa Clara en Tordesillas.
Monasterio de Santa Clara en Tordesillas. / Fran Jiménez

El 7 de septiembre, en compañía de su hermana Leonor, Carlos partió desde el puerto de Flexinga al frente de una flota compuesta por cuarenta mayores y doce menores.

Incendio en la nave

Durante la primera noche de navegación, se produjo un incendio en la nave donde se encontraba la caballeriza real, en el que perecieron ciento setenta servidores, amén de un gran número de caballos. Tras once días en la mar con vientos contrarios y temporales que provocaron el extravío y la confusión de los tripulantes de las naves, divisaron tierra asturiana. Deseando dar fin a aquella diabólica travesía, Carlos desembarcó junto con su séquito en Villaviciosa bien entrada la noche. Estas circunstancias provocaron que el monarca no gozara de un recibimiento acorde a su condición y que sus servidores tuvieran que solucionar su hospedaje e intendencia con sus propios aparejos y pertrechos. Al día siguiente se hospedó en la casa de don Rodrigo de Hevia, señor de Poreño, y ordenó que el grueso de la flota se dirigiera al puerto de Santander.

Tras mes y medio avanzando por tierras de Castilla, Carlos y Leonor llegaron a Tordesillas el 4 de noviembre. Un día después conocieron a su hermana pequeña, Catalina, y abrazaron a su madre, Juana, tras once años sin verla. Ese mismo día, Cisneros, Regente de Castilla y el infante Fernando, que no habían sido invitados a la reunión familiar en Tordesillas, se entrevistaron en Aranda de Duero, donde el Cardenal aprovechó para moderar los impulsos revolucionarios del joven. Allí recibieron otra misiva de Carlos, donde los citaba en Mojados el día 11, ordenándoles que se desplazaran con el mínimo séquito. El archiduque notificó a los aposentadores de Mojados «en la posada del Rey a de aver aposyento para su majestad, cumplido y para el señor Ynfante a lo menos de una sala y cámara».

«Tras mes y medio avanzando por tierras de Castilla, Carlos y Leonor llegaron a Tordesillas el 4 de noviembre. Un día después conocieron a su hermana pequeña, Catalina, y abrazaron a su madre, Juana, tras once años sin verla»

El cardenal Cisnero no pudo asistir a esa reunión ya que de forma repentina encontró la muerte el día 8 de noviembre en Roa.

El 10 de noviembre, Carlos, junto con su madre y sus hermanas Leonor y Catalina, asistió a una misa funeral en la iglesia de Santa Clara, presidida por el féretro que contenía el cuerpo embalsamado de su padre Felipe ‘El hermoso’, y el día 11, partió junto con su séquito hacia Mojados, donde les esperaba Fernando. El primogénito tenía 17 años, el menor, 14 y nunca antes se habían visto. Estando uno frente al otro, Fernando se arrodilló; una señal de respeto y obediencia que fue gratamente recibida por todos los presentes, incluido el propio Carlos, quien le invitó a levantarse para fundirse en un abrazo.

Al día siguiente, los dos hermanos disfrutaron de una jornada de caza por los alrededores. En ese marco se produjo la más contundente victoria de la diplomacia de la casa de los Habsburgo sobre la homónima de los Trastámara y, consecuentemente, la desaparición de la segunda.

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