«Este año empezarán las pruebas en humanos de la vacuna del sida»

Mariano Esteban Rodríguez, durante su charla en el IES Galileo del barrio de Pajarillos./A. Mingueza
Mariano Esteban Rodríguez, durante su charla en el IES Galileo del barrio de Pajarillos. / A. Mingueza

El investigador vallisoletano Mariano Esteban lidera el manifiesto que reclamará mañana ante el Congreso un mayor apoyo público a la ciencia

Antonio Corbillón
ANTONIO CORBILLÓNValladolid

Mariano Esteban Rodríguez (Villalón de Campos) lleva 35 años persiguiendo al virus más demoníaco y mortífero de las últimas décadas. Cuando apareció el VIH/sida en 1981, este trotamundos y pionero en la 'exportación' de cerebros españoles a los laboratorios foráneos, ya llevaba siete años trabajando en Nueva York. Dos años después, Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi lograron describir el virus y Esteban Rodríguez tuvo claro que tenía que estar en la lucha global contra la nueva pandemia.

Tres décadas y media después cree que la respuesta al reto está cada vez más cerca. «Tal vez en seis u ocho meses puedan empezar las primeras pruebas en humanos de esa vacuna», dijo ayer esperanzado ante un auditorio de alumnos del instituto de enseñanza secundaria Galileo de Valladolid.

Jóvenes de 16 a 18 años, hijos de la generación que, si no ha vencido al sida, al menos ha parado su rueda mortal, logrando con los tratamientos cronificar el mal. «Hoy Freddie Mercury (líder de la banda de rock Queen) no habría muerto de sida», les dijo a los 150 alumnos que asistieron a una charla enmarcada en el proyecto PajarillosEduca, que pretende dinamizar los esfuerzos educativos y sociales de este barrio de la zona este vallisoletana.

Pero la lucha todavía será larga. Y algún día, su nombre y el de sus equipos de trabajo figurarán en la lista de los que consiguieron vencerla. «Hemos logrado entender el comportamiento del virus y las células a las que afecta, pero es un virus muy resistente que se integra en los cromosomas y puede permanecer 'silencioso' mucho tiempo para engañar al sistema inmunológico», explica Esteban Rodríguez.

De los equipos y laboratorios que él ha creado han surgido ya dos ensayos clínicos, uno de ellos profiláctico (en personas sanas) para ver cómo se comporta una posible vacuna. Y los primeros ensayos preventivos se están realizando con 2.700 voluntarios en Sudáfrica (país con niveles de sida cercanos al 30% de la población joven). Él no se cansa de responder a la gran y reiterativa pregunta:¿cuánto queda para que esa vacuna sea una realidad? «Algunos años por delante, pero lo conseguiremos», avanza este entusiasta de la ciencia de 73 años.

El esfuerzo contra el sida ha empujado otros campos. «Ha sido responsable de los mayores avances en biomedicina de los últimos años, como la lucha contra la hepatitis C e incluso ensayos de futuras vacunas contra algunos tumores (caso del cáncer de próstata)», avanza.

Tirón de orejas a los políticos

Su aventura internacional comenzó en 1970 cuando España todavía era un país que ni se asomaba a sus fronteras. Tras completar sus estudios de Farmacia en Santiago de Compostela, Mariano Rodríguez envía peticiones de trabajo a diestro y siniestro, consciente de que en España el tópico unamuniano del «que inventen ellos» seguía en vigor. «Incluso hoy me atrevo a decir que no lo hemos superado del todo. La ciencia es de todos pero los poderes públicos no creen en ella, no miran a largo plazo», lamenta.

Para intentar cambiar las cosas, mañana estará en el Congreso de los Diputados como presidente del Instituto de España (engloba a las reales academias nacionales) para entregar un manifiesto de más de 200 investigadores y otras 275.000 firmas para reclamar «un pacto de Estado y más ayudas a la ciencia».

Pocos investigadores habrá en España que sepan más de los esfuerzos para conseguir fondos para mantener abierto un laboratorio. Cuando llegó al Departamento de Microbiología de la Universidad de Rutgers de Nueva York en 1974, tras cuatro años en Londres, empezó a entender lo que de verdad es apoyar la investigación. «Me dieron un laboratorio y me dijeron 'ya puede empezar'. En Estados Unidos no viven de las rentas ni los Premios Nobel».

Ha conocido de primera mano a muchos de ellos. También a sus grandes colegas españoles como Mariano Barbacid o al propio Severo Ochoa, el último nobel español de la ciencia (1959) al que frecuentó en su estancia neoyorquina. La entrada ingente de españoles en los laboratorios norteamericanos durante décadas no se explicaría sin su enorme red de contactos allí. «Ellos nos buscan porque somos muy creativos y estamos acostumbrados a saltar por encima de los obstáculos».

Y a 'derribar muros' y sortear 'noes' oficiales ha dedicado los últimos 25 años cuando decidió regresar a España en 1992 en plena vorágine de promoción patria con la Olimpiada de Barcelona y la Expo de Sevilla. Vino para poner los cimientos al Centro Nacional de Biotecnología (CNB), donde llegó a reunir a más de 600 profesionales y líneas de investigación todavía hoy punteras y pioneras.

Si antes investigar en España era llorar, ahora sólo se secan las lágrimas llamando a todas las puertas posibles. Una labor al que «hoy día tienes que dedicarle tanto o más esfuerzo que al trabajo de campo en el laboratorio». Es el único español al que se las han abierto en la Fundación Melissa y Bill Gates, para impulsar el trabajo de los equipos Poxvirus y Vacunas que aún coordina en el CNB. Allí, lucha para que su cantera de expertos pueda mantener sus proyectos en el control de plagas como la malaria, el zika, el ébola o la leishmaniasis.

Investigaciones que, como su larga batalla contra el sida, necesitan «que España cree nuevas plazas para que retornen esos 'cerebros' que llevan unos años fuera. Sin ese esfuerzo nunca querrán volver», finaliza.

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