Doscientos de los 622 kilómetros de tuberías serán sustituidos para evitar reventones

Reparación del reventón en la calle Álvarez Taladriz. /J. S.
Reparación del reventón en la calle Álvarez Taladriz. / J. S.

Aquavall planifica a partir de 2018 el cambio de las deterioradas conducciones de fibrocemento para el agua potable por otras de fundición dúctil

J. Asua
J. ASUAVALLADOLID

«Prioridad 1», aseguran en Aquavall. Las obsoletas y deterioradas tuberías de fibrocemento que transportan el agua potable en buena parte de Valladolid están sentenciadas, aunque aún tendrán que pasar tres lustros para que descansen en paz y dejen descansar al resto. El plan de inversiones de la empresa municipal que gestiona el servicio tiene en su cartera de ‘urgente’ el cambio de estas conducciones por otras de fundición dúctil, con un comportamiento eficaz, que no genera problemas para la función que deben cumplir.

De los 622 kilómetros de la malla subterránea por la que se mueve el líquido para el consumo humano en la ciudad, con una antigüedad media de 26,3 años, un tercio, nada menos que 200 kilómetros, son del problemático material. Ahí se comenzará a actuar de manera intensiva (y no a salto de fuga como ha ocurrido en los últimos años), según avanzó ayer Pedro Arroyo, el gerente del ente público que gestiona el servicio integral desde el pasado 1 de julio.

«Es una pesadilla, un material muy frágil que da muchos problemas, ya que cualquier cambio en las condiciones le afecta», explica el máximo responsable de Aquavall. En los cinco llamativos reventones de los últimos días, el fibrocemento ha sido el culpable. Las averías han tenido su origen en el cambio de las condiciones térmicas, que influyen, y mucho, en la respuesta de este compuesto, cada vez más en desuso. Y a partir de ahí han llegado las réplicas. En este caso en un entorno próximo, desde la calle San José (estación de autobuses) hacia el sur, en la avenida de Irún, algo que suele ser habitual. A una fuga le sigue otra y puede que otra...

Este efecto de bomba racimo lo provoca ahora cualquier intervención de urgencia en la red. El corte de agua para afrontar una reparación, el regreso de la presión cuando se devuelve el suministro, el asiento de la conducción en el terreno y los nuevos esfuerzos a los que se somete a la tubería provocan que en los puntos donde las conducciones son de fibrocemento estas salten de forma violenta. Y aquí no se puede parchear. La única solución es cambiar el tubo.

Arroyo reconoce que intervención para su arreglo es problemática porque obliga a abrir zanjas en aceras y calzadas con las consiguientes molestias para conductores y vecinos, así como a cortar el suministro para la sustitución. Por ello, el plan de obras se debe acometer de forma paulatina y coordinada para evitar al máximo las afecciones en la vida urbana. ¿Se concentran estas tuberías en algunas zonas? No. El fibrocemento está presente en toda la trama urbana, desde el casco histórico a Delicias pasando por La Rondilla, La Victoria o Parquesol.

Según consta en el plan de inversiones presentado antes de la remunicipalización del servicio y que está vigente, entre 2018 y 2019 la nueva empresa pública prevé invertir en la sustitución de tuberías 1.755.450 euros en los próximos dos años (17,7 hasta 2032). Se comenzará por 52 calles (12,5 kilómetros de tubería), pero el listado es mucho más amplio, ya que alcanza los 200 kilómetros. En Aquavall trabajan ya en la planificación de esta megaobra bajo tierra, que luce poco para cartel electoral, que molesta a los que las sufren, pero que es básica en el funcionamiento de una ciudad.

El saneamiento, tocado

Cuidado, porque la red de saneamiento de la ciudad tampoco está para tirar cohetes. Con una longitud de algo más de 730 kilómetros, sin incluir las acometidas, la antigüedad media se sitúa en los 32 años y el material más utilizado para el transporte de las aguas sucias es el hormigón. Entre 2018 y 2019, la empresa pública tiene intención de invertir 7,3 millones para poner al día estas tuberías, pero el gasto previsto hasta 2032 asciende a 72,2 millones.

Según consta en el informe que abrió el proceso de remunicipalización del servicio, las instalaciones que forman parte del ciclo urbano del agua arrastran un déficit de inversión acumulado durante los veinte años de vigencia de la concesión al no haberse realizado los gastos que hubiera requerido su correcta conservación.

Esta carencia es, como mínimo, la diferencia entre el canon recaudado (123,7 millones) y las inversiones realizadas durante las dos décadas años de duración de la adjudicación (27), según recoge el documento. Así, serían necesarios entre 178 y 232 millones de euros para poner al día toda la red, incluidas las estaciones de abastecimiento de Las Eras y San Isidro, así como la depuradora del Camino Viejo de Simancas. La empresa Aquavall prevé destinar todo el beneficio de los próximos quince años a estas necesarias intervenciones.

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