Descubren una tumba antropomorfa con dos cuerpos en el monasterio de Palazuelos

Tumba localizada por los arqueólogos con restos de dos cuerpos./J.F.
Tumba localizada por los arqueólogos con restos de dos cuerpos. / J.F.

Durante las excavaciones aparece también una cabeza de león esculpida en piedra y un pozo de nieve del siglo XVI

J. DE LA FUENTECabe zón

El monasterio de Santa María de Palazuelos, ubicado entre Corcos del Valle y Cabezón de Pisuerga, no deja de proporcionar sorpresas, satisfacciones y hallazgos significativos a medida que avanzan los trabajos arqueológicos y de recuperación en su interior y alrededores. Una tumba adosada al muro exterior, y a escasa profundidad, con restos humanos de dos individuos, ha sido la sorpresa con la que se han encontrado en las excavaciones Ana Martínez y Arturo Balado. Además, también ha sido hallado un pozo de nieve, interesante estructura de supervivencia y conservación de alimentos y fuente de agua fresca para los monjes.

Una curiosa escultura de una cabeza de león oculta en la Puerta del Cementerio completa el trío de singulares aspectos relevantes del monasterio que han salido a la luz y que evidencian que Santa María de Palazuelos tuvo una incesante actividad en el siglo XIII. Aún queda mucho trabajo por hacer y descubrimientos por localizar. Restaurar el coro y abrir la puerta principal de acceso en el fondo de la nave central del edificio son los próximos retos a los que se enfrentan Palazuelos, Balado y Martínez.

El desarrollo de los trabajos de acondicionamiento del exterior del monasterio, derrumbado y abandonado en el siglo XVI, ha proporcionado una piedra labrada de la cabeza de un león que servía como base en los sarcófagos del siglo XIII, fecha en la que fue tallada. «Fue utilizada para el relleno de la puerta y se ha encontrado a la mitad, pero en perfecto estado de conservación. Eso quiere decir que en el siglo XVI no valoraban la escultura, porque la emplearon como relleno de la puerta», señala Ana Martínez.

Los sarcófagos tuvieron una supervivencia muy agitada durante los años de vida del monasterio, descabalándolos sus habitantes constantemente. «La gran cantidad de piedras halladas en el relleno de la puerta nos han hecho fechar en qué momento se cerró la puerta, y fue cuando se rehízo la parte central de la nave una vez derrumbada, encargo hecho a Juan de Notes, en el año 1585», aclara Arturo Balado. Se ha construido una rampa de acceso, se eliminarán unas piedras que hay en el quicio y se va a hacer accesible. Un prestigioso escultor en madera está tallando una puerta que se instalará allí como un paso más en los esfuerzos porque Palazuelos recupere su esplendor.

Hace tres años comenzaron las excavaciones y salieron a la luz tumbas de los monjes, simples, en fosas y sin ataúd, con los monjes envueltos en un sudario. Recientemente, avanzando con la recuperación del entorno exterior del monasterio, los arqueólogos hallaron una tumba mucho más compleja como consecuencia de la necesidad de rebajar el terreno en su adecuación actual. «La tumba tuvo que ser de un monje especial, posiblemente se tratara de un abad, aunque no tenemos certeza. No puede ser una persona cualquiera por su ubicación privilegiada junto al muro del monasterio», indica Balado. La tumba está hecha a base de sillares, tenía una tapa de lajas de caliza y la cabeza tenía su habitáculo tallado en la piedra. Es lo que se denomina una tumba antropomorfa, con forma humana. Las lajas aparecieron apenas unos centímetros bajo la superficie.

En su interior se encontraron, y esto constituye una singular curiosidad, dos individuos. El más antiguo muy deteriorado y afectado por el siguiente enterramiento, ocupaba la longitud de la tumba, con la cabeza en su sitio natural, mientras que el otro, enterrado allí posteriormente, reutilizando la tumba, más pequeño que el anterior inquilino, «pero como no cabía lo metieron con las rodillas dobladas y la cabeza no estaba en el alojamiento destinado a tal fin en la tumba», concluyen los arqueólogos.

El tercer hallazgo singular, a los pies del monasterio, lateral a la puerta principal, en el fondo de la nave, se trata de un pozo de nieve en perfecto estado de conservación. Es una estructura de cuatro metros de diámetro y tres metros y medio de profundidad «hasta donde ha sido posible excavar, pues a esa profundidad aparece el nivel freático». Está forrado en piedra y tiene forma de cilindro.

Los monjes compraban el hielo en invierno y lo iban poniendo en capas alternando paja y hielo. Así tenían un sitio fresco para conservar alimentos, agua fresca y hielo para cualquier enfermedad, con uso principal y prioritario para los monjes enfermos. «El pozo sí hemos podido documentarlo y está construido en el siglo XVII, en el año 1667».

Los nuevos proyectos

La siguiente obra a acometer en Santa María de Palazuelos será recuperar y asegurar la zona del coro y abrir y hacer accesible la puerta principal de acceso al monasterio. Los trabajos de recuperación comenzaron en el año 2012, cuando un grupo de vecinos comenzó a limpiar la palomina –excremento de aves, especialmente palomas– que cubrían la totalidad del suelo del monasterio, con un espesor de varios centímetros.

Desde entonces han ido apareciendo la Puerta de los Monjes, un mosaico de pétalos con cantos en el suelo, se ha realizado la pavimentación de la entrada y limpieza de maleza y vegetación del perímetro del edificio. El suelo del interior del monasterio se cubrió de madera.

El año 2016 sirvió para hallar el cementerio de los monjes, la puerta de entrada original y una curiosa porcelana china de la dinastía Ming que fue presentada con gran expectación en un congreso mundial de arqueología en Oporto. En el presente año 2017 se han adecentado las grisallas de la sacristía, se abrió la Puerta de Difuntos y se ha dotado de una destacada actividad cultural y social el monasterio.

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