Daniel Miguel encara su último año de mandato con intención de renovar

Daniel Miguel, director de la UVA, durante una comparecencia. / El Norte

El rector de la Universidad de Valladolid ha basado su apuesta en la investigación y las infraestructuras, pero aún tiene asuntos pendientes antes de junio de 2018

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Si no cambia de opinión, y no parece que así sea, en el próximo mayo-junio de 2018 Daniel Miguel afrontará la campaña para ser reelegido rector de la Universidad de Valladolid. Su mandato acaba de cumplir el tercer año y lo que queda es ya una recta final en la que, poco a poco, comenzarán a surgir candidatos para sucederle. También existe la posibilidad de que nadie más se presente a las elecciones al Rectorado, aunque visto el elevado número de aspirantes de la última vez –cuatro, incluido el propio Daniel Miguel y el entonces rector,Marcos Sacristán, que casi hicieron obligadas las dos vueltas de votación–, es poco probable que eso suceda.

Más información

Es pronto para saber quiénes darán el paso. Sin embargo, a estas alturas de mandato, Daniel Miguel ya tiene todas sus cartas sobre la mesa. No caben sorpresas de última hora en una institución que, en los temas más calientes, sigue maniatada por la legislación nacional. Es decir, en cuanto a profesorado. La elevación de la tasa de reposición al 100% permite dejar de perder docentes e investigadores al ritmo frenético de los peores años de la crisis, pero no ayuda a reponer las pérdidas con la misma velocidad.

En cuanto a la oferta académica, el pacto de titulaciones al que se llegó el año pasado garantiza una implantación paulatina y con cierto criterio de nuevos grados en las universidades públicas y privadas de la región, pero también obliga a repensar ciertos asuntos, como los másteres, que cobran cada vez más importancia. Los dobles grados han funcionado de manera inmejorable, con pleno de matriculados en todos ellos y listas de espera considerables, pero aún hay espacio para titulaciones interesantes y combinaciones que, hoy por hoy, no encuentran cabida ni en grados ni en másteres. Por ejemplo, siendo Periodismo el segundo grado más demandado de la Universidad de Valladolid, no existe ningún máster ni especialidad en Periodismo y Big Data entre las facultades de Filosofía y Letras e Ingeniería Informática, cuando precisamente ese se apunta como un nicho de empleo futuro (y casi de presente).

Momento crucial

El momento que vive la Universidad de Valladolid es crucial para su desarrollo futuro. Con ya menos de veinte mil matriculados en estudios de grado y con la tesorería en perfecto estado de revista, los retos que se presentan son una oportunidad y un riesgo al mismo tiempo. La bajada demográfica se ha hecho patente en toda España y la internacionalización es una apuesta que hay que hacer sí o sí. Para atraer estudiantes, lo primero. Para conseguir proyectos de investigación internacionales, lo segundo. La reciente adjudicación de un millón de euros en el programa Erasmus+KA107 para 243 movilidades de alumnos de 33 países de fuera de la Unión Europea indica que se está trabajando en la buena dirección. De hecho, ha sido la universidad que más dinero ha recibido, solo superada por Granada –cuya dimensión es el doble–.

Por otro lado, la aparición de nuevos ‘mercados’, como todo lo relacionado con la formación continua y la enseñanza ‘on-line’, supone una oportunidad a la que la UVA llega tarde. Hace muy poco que se ha sumado a la plataforma de Cursos Masivos Online Abiertos (MOOC por sus siglas en inglés, Massive Open Online Courses) auspiciada por Telefónica,MiriadaX, y su oferta a distancia o semipresencial aún es irrisoria en comparación con la de otras universidades.

La necesaria renovación de un profesorado envejecido en muchos departamentos podría suponer una buena oportunidad para acometer ese paso adelante que, hoy por hoy, se antoja complicado.

Los últimos rankings de la Fundación CyD y de la Fundación BBVA, además, han obligado a Daniel Miguel a reflexionar sobre la pobre posición de la UVA en estas clasificaciones que cada vez cobran más relevancia. Incluso ha sopesado refundar el Parque Científico y la Fundación General, cuyos datos circulan por canales diferentes a los de la propia UVA. De ese modo, la posición en el ranking de patentes era irreal, muy por debajo de lo que debería marcar una universidad que lidera esta faceta en Castilla y León.

El momento histórico es crucial en muchos sectores por la irrupción de las nuevas tecnologías y los consiguientes cambios en casi todos los sistemas productivos. Y la Universidad, por supuesto, está en el ojo de ese huracán.

Fotos

Vídeos