La cuarta fosa de El Carmen

Trabajos en una fosa común del Carmen, el verano pasado.
Trabajos en una fosa común del Carmen, el verano pasado. / G. V.

Memoria Histórica retoma el 1 de agosto las excavaciones para recuperar los cuerpos de los represaliados en el cementerio

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

Es un misterio de 16 metros cuadrados en el corazón del cementerio del Carmen. Una incógnita de tierra y aún no se sabe cuánto dolor que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzará a despejar el próximo 1 de agosto, cuando comience una nueva campaña de excavaciones en el camposanto para recuperar los cuerpos de los represaliados durante la Guerra Civil. Los trabajos de este año se centrarán en la cuarta fosa del cuadro 58, la más grande (en tamaño) de cuantas se han localizado. Todavía es pronto para saber si se trata también de la que contiene el mayor número de cadáveres por identificar.

Julio del Olmo, arqueólogo y presidente de la ARMH en Valladolid, explica que es difícil saber lo que se van a encontrar, porque las otras tres fosas localizadas en El Carmen respondían a formas completamente diferentes de enterramiento. En la primera hallaron 75 cadáveres, dispuestos en grupos «perfectamente colocados para ocupar el menor espacio posible», alguno, incluso, metido en un rudimentario ataúd. La segunda fosa permitió recuperar 52 cuerpos, aunque en este caso estaban «amontonados;los arrojaron en grupos más grandes, sin cuidado, con un amontonamiento de cuerpos en la zona central de la fosa y muchos menos en los bordes». En la tercera fosa desenterraron 58 cadáveres, la mayor parte dentro de un ataúdes.

«En este caso, las raíces de un ciprés y la acera de un panteón construido encima impidieron recuperar los restos de seis personas, por lo que lo completaremos este año», explica Del Olmo. El resto del trabajo se centrará en esa cuarta fosa, de la que en la pasada campaña levantaron tres cadáveres (estaban muy cerca de la fosa número 2) que se encontraban «totalmente en la superficie». Ahora será el momento de continuar con la excavación y descubrir qué más oculta este cuarto gran enterramiento de represaliados en El Carmen. El último de los que parece haber en el cementerio. Durante los últimos meses, los integrantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica han inspeccionado, rastreado y escaneado el camposanto, han buceado en el subsuelo de los caminos a la búsqueda de otras posibles fosas. «No hemos encontrado más», concluye Del Olmo.

Identificación

Pero todavía queda mucho trabajo por delante. Porque no solo se trata de exhumar los cadáveres. A continuación hay que intentar desentrañar sus identidades:saber a quiénes corresponden esos cuerpos hallados en estas fosas comunes de Valladolid y en qué año fueron fusilados y allí enterrados. «Sabíamos que todo tuvo lugar en verano por el tipo de ropa que tenían las personas cuando fueron asesinadas», explica Del Olmo. Lo que no era posible precisar era el año, en qué verano concreto de la Guerra Civil. Para intentar responder a estas preguntas, recurrieron a los libros de enterramiento. Descubrieron que todas las fosas (las cuatro)se habían abierto a la vez. Y que correspondían, además, a mediados del mes de septiembre de 1936, «que coincide además con un momento de mucha represión».

Los restos óseos, perfectamente identificados y guardados en cajas independientes, con las pertenencias personales que se hallaron en cada uno de los cuerpos (ropas, insignias, zapatos), se han enviado para su identificación a un laboratorio de Verín (Orense) donde el forense Fernando Serrulla se encarga de su estudio y, si hay suerte, posterior identificación.

Su trabajo ya ha dado resultados. Lina Neira Francés. Es el nombre del primer cuerpo del que se ha conseguido recuperar su identidad. El pasado mes de marzo llegaron los resultados de las pruebas de ADN que certifican que el cuerpo de una de las personas fusiladas y enterradas en una fosa común del Carmen era el de Lina, madre de tres hijos, vecina de la localidad palentina de Castromocho, fusilada junto con otros catorce vecinos del municipio. Lina llevaba encima una medalla de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de su localidad y pieza clave para trabajar en su identificación. «Ahora podemos empezar a tirar del hilo. Sabemos que ahí había más gente de su pueblo, que hubo familiares (como su marido) y amigos que fueron enterrados con ella en esta fosa número dos», explica Del Olmo. Yahí se centra parte de su trabajo, en el repaso de cartillas militares y en la práctica de pruebas de ADN a los familiares de los en su día desaparecidos para comprobar la coincidencia genética con los restos hallados en Valladolid.

Sin recursos económicos

El problema, recuerda Del Olmo, es que la carencia de recursos monetarios ralentiza todo este trabajo. El año pasado contaron con el respaldo económico del Ayuntamiento de Valladolid (25.000euros) para financiar los trabajos de excavación. «Este año todavía no tenemos ningún tipo de apoyo», reconoce el presidente de la asociación en Valladolid, quien recuerda que habrá seis voluntarios (cuatro de ellos arqueólogos)que trabajarán de forma desinteresada durante el mes de agosto.«Cuando se trata de una excavación sencilla, de dos o tres días, es distinto. En este caso, se trata de una campaña larga, que durará varias semanas, y entendemos que es importante pagar a los profesionales que se encargarán de hacer un trabajo que debería llevar a cabo la propia Administración», indica Del Olmo, quien confía en que también haya financiación económica para poder levantar en El Carmen un memorial que acoja los cuerpos recuperados de las fosas comunes, una vez que hayan sido perfectamente identificados.

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