Corpus solemne y vespertino

Los niños celebran el Corpus en las calles de Valladolid. / Gabriel Villamil

La procesión salió de la Catedral a las 19:00 horas, después de la misa, y pasó junto a los 22 altares de las cofradías

JAVIER BURRIEZAValladolid

Con el Congreso Eucarístico Diocesano de 2016 se dio un nuevo paso en el impulso de la celebración del Corpus Christi en Valladolid, siguiendo la importancia histórica que siempre en la ciudad ha tenido esta solemnidad: el traslado de su celebración a las horas vespertinas de la tarde, con una importante acogida ciudadana.

El de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo es un acto religioso único, compuesto de eucaristía y procesión por las calles, situado en el domingo siguiente al de la Santísima Trinidad, quince días después del final de la Pascua con Pentecostés. Da la sensación de que la ciudad tiene que volver a subrayar esta cita en su almanaque, con una definición nuclearmente religiosa que sabe convivir con otras dimensiones, dentro de una sociedad plural en las creencias y en las percepciones.

En el día del Corpus, la calle permite contemplar una importante concentración de obras de arte entre el discurrir de la propia procesión –el paso de la Sagrada Cena de Juan Guraya culminado en 1958 o la Custodia Procesional de Juan de Arfe, realizada antes de la creación de la diócesis– como en los altares montados por las cofradías –hasta en número de veintidós–.

Estas construcciones efímeras se realizaban en el Corpus histórico y en otras muchas fiestas casi siempre sacralizadas del pasado, aunque se abandonaron en las décadas en que la procesión perdió su solemnidad. Sin embargo, se fueron recuperando a partir de los realizados por las cofradías de Jesús y de las Siete Palabras y comenzaron a multiplicarse con el Año de la Fe en 2013. La principal variación en el recorrido es la imposibilidad de que el cortejo procesional dé la vuelta a la Plaza Mayor al encontrarse instalado frente al Ayuntamiento el escenario de una competición deportiva. Con todo, Valladolid es una ciudad que admitiría un recorrido más cuidado y a veces más referencial entre las calles históricas del ámbito catedralicio, universitario y conventual.

Cofradías penitenciales

Los impulsores de los altares son casi siempre cofradías penitenciales, aunque hay algunas devocionales y de gloria, como la Antigua Devoción del Carmen Extramuros, la del Carmen de la parroquia de las Delicias, Nuestra Señora del Pilar o la Hermandad de la Virgen de San Lorenzo. Mientras algunos suelen cambiar el diseño para cada procesión del Corpus Christi, otros son de obligada repetición. La imagen del patrono de Valladolid, procedente del convento de San Francisco, es el protagonista del altar de la cofradía de Jesús Nazareno. Viste su hábito franciscano y luce sobre su pecho la medalla de la cofradía de los Nazarenos: un simpático anacronismo.

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La Vera Cruz cambia su diseño y acudirá con el ángel que sostiene el cáliz del paso de la Oración del Huerto, obra de Andrés de Solanes en 1629, acompañado de una custodia de plata fechada en 1705. La cofradía de El Descendimiento cuenta con dos piezas esenciales: el arcángel San Miguel –titular de la iglesia parroquial donde tiene fijada su sede– y el patrono de la cofradía, el beato Bernardo Francisco de Hoyos con su «imagen peregrina». Los cofrades del Santo Entierro se acogen a la portada de su monasterio de San Joaquín y Santa Ana con un altar conformado por un lienzo de un Cristo Yacente con un ángel custodio, junto con enseres de la cofradía, motivos eucarísticos y adornos florales.

La Orden Franciscana Seglar, los cofrades de la Cruz Desnuda, dedican el altar de este año a San Fernando III, rey de Castilla y León, del que se cumple el octavo centenario de su proclamación en Valladolid, siendo este monarca terciario franciscano. El marco de los cofrades de Jesús Resucitado es de gran belleza, en el patio del hospital de la congregación de San Felipe Neri, con una imagen más pequeña de Cristo Resucitado, un Santo Domingo –pues ellos se encuentran en el convento de dominicas de Portacoeli– y el santo mártir vallisoletano, san José Fernández, misionero en el Lejano Oriente. No falta la copia de Miguel Ángel Tapia de la Virgen de San Lorenzo y con un cambio de ubicación del altar. También se puede hablar del altar de la cofradía de las Angustias con la imagen de San José del gremio de entalladores. Los cofrades del Despojado volverán a llevar sobre sus hombros la talla procesional del titular de su parroquia, la que realizó Francisco Alonso de los Ríos en 1638 del apóstol San Andrés, mientras que los de las Siete Palabras también harán referencia al titular de su sede, Santiago patrono de España en su advocación de peregrino.

Aunque parece que todavía en Valladolid las instituciones no aprovechan las dimensiones históricas de esta fiesta, si en el futuro el Corpus Christi es un foco de atracción, todas las instituciones que lo hagan habrán cumplido con su misión: desde la Iglesia profundizando en su sentido religioso; desde las instituciones civiles al recordar por qué esta vieja ciudad castellana ha sabido plasmar sus expresiones con el buen hacer de lo que han trabajado con las cosas bellas.

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