El colectivo Asalvo otorga 10 becas para necesitados en su décimo aniversario

Una estudiante entrega alimentos a una persona que acude a la convocatoria de Asalvo. /R. OTAZO
Una estudiante entrega alimentos a una persona que acude a la convocatoria de Asalvo. / R. OTAZO

Las ayudas para alimentación, compra de libros y ropa irán destinadas a estudiantes del instituto José Zorrilla

Jorge Moreno
JORGE MORENOValladolid

La Asociación de Alumnos Voluntarios (Asalvo) cumple diez años de actividades solidarias. Y para celebrarlo nada mejor que seguir con sus fines, o ampliarlos. En este caso, concediendo 3.000 euros en becas para los diez estudiantes del instituto José Zorrilla que más lo necesitan, y de donde se nutre buena parte de los socios de esta ONG. Las ayudas consistirán en aportaciones de 300 euros, que se distribuirán en la compra de alimentos en la cadena de supermercados Gadis, 150 euros; para ropa deportiva, 75 euros, y material escolar, los 75 restantes.

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Para la selección de estas ayudas, Asalvo ha utilizado los servicios del Grupo de Orientación del instituto de la plaza de San Pablo, teniendo en cuenta las declaraciones de la renta. «No se han considerado, sin embargo, las notas académicas de cada uno de los candidatos», explica María Jesús Fournier, presidenta de Asalvo.

Fournier, profesora de Lengua y Literatura Castellana, gestó junto con Nuria Recio, docente de Filosofía y secretaria de la Escuela de Arte de Valladolid, esta red solidaria. Eran los primeros años de la crisis económica, y ya se comenzaban a sentir sus efectos en las aulas. Pero también se visualizaban en la calle.

Fundación

La red Asalvo se puso en marcha como fruto del trabajo de estas dos profesoras que, como dice María Jesús, estaban «algo cansadas de tanta tutoría», y veían que algo tenían que hacer con la población de indigentes sin recursos que hacían cola, de lunes a viernes, a las puertas del comedor social.

«La humildad es una virtud que no es de los débiles, sino de los fuertes, y enaltece a estos. El reto que teníamos en 2007 era cómo trasladar esta premisa también a las clases y fuera de ellas», explica Fournier. Las comidas a los indigentes, buena parte de ellos extranjeros, no se daban por las noches ya que el comedor cerraba. Ese era el desafío.

Y así comenzaron ‘Las noches de los martes solidarios’, que durante toda una década se han mantenido con Asalvo. Empezaron a colaborar los estudiantes de segundo de Bachillerato llevando bocadillos de tortilla y embutidos, caldos, gazpachos, fruta, yogures y café y pasteles, donados por tres confiterías.

Con esa predisposición, grupos de Asalvo comenzaron a buscar a personas en cajeros automáticos, por las calles, en la playa del Pisuerga, o en las estaciones de tren y de autobús, para ofrecerles su apoyo.

«Éramos dos profesoras, cuatro amigos más, y una docena de alumnos de bachillerato de la Escuela de Arte los que empezamos», recuerda la presidenta de la asociación, que añade que el primer donativo de 1.000 euros, entregado por un amiga de la Escuela de Enfermería, les impulsó a ‘oficializar’ la entidad sin ánimo de lucro en el registro de la Junta y en el Ayuntamiento.

Desde 2009 y hasta 2012, Asalvo ha ayudado a indigentes y personas sin techo a los que citaban cada martes, a las nueve de la noche, en la estación de autobuses de Valladolid, un punto cercano al albergue, próximo al antiguo Hospital Militar, donde luego iban a dormir. Sin local, el colectivo conseguía de este modo «dar visibilidad» a la miseria durante 60 minutos.

Perfil del atendido

«Son personas con una media de 35 años, muchos divorciados o solteros, que han perdido su empleo y casa. Atendemos a unos 70 indigentes, que siguen ahí, aunque con la crisis han bajado algo. Llegamos a dar hasta 90 cenas en la calle. Un día, los vigilantes nos echaron de la estación, y pasamos a quedarnos debajo del puente de Arco de Ladrillo. Pero también protestaron dueños de los bares...», se acuerda Fournier. A nadie le gusta que la pobreza se quede en su puerta, pero alumnos y profesores siguieron adelante.

La iniciativa ha servido para que estudiantes de los centros públicos (Núñez de Arce, Zorrilla, Condesa Eylo, Parquesol y Escuela de Arte), y privados, como el de Nuestra Señora de Lourdes, conozcan que «hay otra realidad social más allá del día lectivo en el aula».

Con las aportaciones de 115 socios, Asalvo ha realizado también programas para revisiones oftalmológicas y compras de gafas, ayudas para atención bucodental, podología, recarga de teléfonos móviles, o para pagar traducciones juradas que necesitan cuando renuevan permisos de estancia en España.

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