Las clarisas dejarán Rioseco por la falta de vocaciones

Patio del convento de Santa Clara en Medina de Rioseco. /M. G. Marbán
Patio del convento de Santa Clara en Medina de Rioseco. / M. G. Marbán

Las tres hermanas que habitan el convento de finales del siglo XV se trasladarán al de Santa Isabel, en Valladolid, en próximas fechas

Lorena Sancho Yuste
LORENA SANCHO YUSTE

A sor María Concepción hace días que le invade la tristeza. Recorre pasillos y claustro, habitaciones y capillas con retrovisor al pasado, a los días en que varias hermanas llenaron de vida un cenobio del siglo XVI. «Pena no, mucho más que pena», se lamentala madre abadesa. A sus 78 años lidera la mudanza que en unas semanas, quizás en Navidad, realizará con las otras dos hermanas de la comunidad hasta el Convento de Santa Isabel de Valladolid. Se van, dejan Medina de Rioseco y cierran una historia de cinco siglos. Pero lo hacen, dice, empujadas por una sangrante falta de vocaciones que hace insostenible la continuidad de las tres monjas en un edificio de tal magnitud. «Yo soy la menor y tengo 78 años, otra hermana tiene ochenta y la tercera hace doce años que está enferma», prosigue, «y nos vamos haciendo mayores, y necesitamos otro tipo de hogar, con más hermanas», añade.

Ese lugar es el convento de Santa Isabel de Valladolid, «las isabelas», en la calle Santo Domingo de Guzmán, en el centro de la ciudad. Hasta la capital se trasladarán en una fecha aun por determinar, pero con la esperanza aun de que puedan engrosar su marcha con un mayor número de hermanas que ‘in extremis’ se sumen a esta pequeña comunidad. «Hasta hace pocas semanas éramos cuatro, pero falleció nuestra hermana Sor Piedad, que en paz descanse, y nos quedamos solitas». La muerte de la Superiora les ha dejado huérfanas de esperanza, de ganas por continuar en este cenobio datado entre los siglos XV y XVI. En 2010, y tras la llamada que lanzaron ante la ausencia de novicias, un grupo de monjas de Kenia y de México consiguieron insuflar vida a este convento de clausura, con hasta diez hermanas. Así se mantuvo hasta hace unos meses. «Pero se marcharon y ya solo quedamos tres, que gracias a Dios estamos bastante bien, pero somos mayores».

Los preparativos para dejar el cenobio incluyen ahora el repaso al inventario de bienes, a un patrimonio «pequeño» pero del que estudian su futuro. De momento, según confirma la abadesa, se plantean la posibilidad de que el albergue de peregrinos que pusieron en marcha continúe, prosiga en un proyecto que sustenten entre la Diócesis, el Ayuntamiento y la parroquia. «Todo ahora está por hacer», concluye.

Con la desaparición de la congregación de Santa Clara, la ciudad de Medina de Rioseco se queda sin conventos, pues las clarisas perpetuaban una larga historia de clausura vinculada con la ciudad de los Almirantes. Su marcha se suma a la de las carmelitas, que en 2005 sorprendieron al municipio al cerrar su convento –que después sacarían a la venta– y trasladarse a Valladolid; y a la de los padres claretianos, que dejaron la localidad en el año 2007, tras 112 años de presencia entre los riosecanos. Solo las Hijas de la Caridad han perpetuado así su legado en la ciudad terracampina al formar parte del colegio de San Vicente.

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