Cinco años después del robo del Museo Oriental, las siete joyas desvalijadas siguen sin aparecer

Cinco años después del robo del Museo Oriental, las siete joyas desvalijadas siguen sin aparecer

La galería, fundada en 1874, blindó sus salas y estudia ampliar su colección con piezas de la India

J. Sanz
J. SANZ

El Museo Oriental alberga el mayor tesoro de arte oriental del país desde 1874. Allí, en las entrañas del Real Colegio de los Agustinos Filipinos, se custodian más de diez mil obras procedentes de China, Japón y Filipinas con un moderno sistema de seguridad, similar al de los Museos Vaticanos de Roma, que fue reforzado «con mimo» hace exactamente cinco años. Fue entonces, en la madrugada del 17 de diciembre de 2012, concretamente entre las 2:30 y las 5:30 horas, cuando un ladrón cometió el mayor robo de arte registrado en la historia reciente de la capital después de descubrir el punto débil para acceder a las instalaciones, como era la puerta de emergencia, que carecía de alarma. Así que dispuso de tres largas horas para escoger las piezas y llevarse siete en concreto, manufacturadas en seda y oro, bronce y cerámica.

Nada, «ni una sola pista», se ha podido encontrar desde entonces para identificar al autor del robo y menos aún para localizar las siete piezas sustraídas, cuyas fotografías y características fueron remitidas a los policías y figuran desde entonces en los archivos de Interpol a la espera de que alguien «cometa el error de sacarlas a la venta en alguna subasta o sean localizadas en manos de un coleccionista», explica el director del Museo Oriental, Blas Sierra de la Calle, que dirige desde hace casi cuarenta años la galería.

Algunas de las piezas robadas

DIOSA GUANYIN
Esta escultura de bronce, que representa a la ‘diosa Guanyin de las mil manos y los mil ojos’, está datada en la época de la Dinastía Ming (1368-1644) y representa a la diosa de la misericordia. La pieza fue adquirida antes del robo en una subasta en Londres dentro de un lote conjunto con la figura de Avolokitesvara.

AVOLOKITESVARA
Esta escultura de bronce representa a la diosa Guanyin (de la misericordia) y está datada en la época de la Dinastía Ming (1368-1644). Origen. La pieza fue adquirida antes del robo en una subasta en Londres dentro de un lote conjunto con la figura de la ‘diosa Guanyin de las mil manos y los mil ojos’.

VESTIDO DE LOS CLAVOS
El ‘vestido de los clavos’, de dos metros de altura, es un traje de seda y oro perteneciente a un general manchuriano de la época Guangxu (1875-1908). Su casco es de metal y el resto de la indumentaria está formado por una tela suntuosamente adornada con clavos dorados. Esta combinación de tela y armadura tiene su origen en el siglo VIII. El traje formaba parte de la colección del Museo Oriental y era la pieza central de la sala de las sedas.

SELLOS IMPERIALES
Los cuatro sellos de jade robados, de dos y un kilo de peso, pertenecían a una colección de veinticinco. Todos ellos son réplicas del siglo XX y representan los sellos imperiales de la Ciudad Prohibida de Pekín. Las piezas fueron donadas al Museo Oriental en los años anteriores al robo por dos de sus principales benefactores, el doctor S. C. Cheng y la doctora Luana Cheng Tee.

Aquel fue un «robo extraño», incide el padre agustino, ya que escogieron piezas con «un valor relativo menor, en comparación con muchas otras, como cuatro pesados sellos de jade que son las únicas imitaciones, en su caso de los sellos imperiales que se custodian en Pekín, que estaban expuestas en el museo». Y así lo reflejaba el cartel que aún hoy, en la misma vitrina, donde se repusieron las piezas por otras similares de la misma colección de veinticinco, informa al visitante que se trata de copias, valiosas, sí, pero solo copias.

Sí eran originales, y de mayor valor, las otras tres piezas sustraídas: el ‘vestido de los clavos’, una prenda de finales del siglo XIX que combinaba seda y oro; y dos figuras de bronce que representaban a la diosa Guanyin manufacturadas durante la Dinastía Ming (1368-1644). Eso además de dañar algunas porcelanas al apoyar el ladrón los pesados sellos de jade sobre una de las vitrinas. Después se esfumó.

Fuentes policiales reconocen que no pudieron encontrar «rastro alguno» del autor o de las piezas y aclaran, eso sí, que la investigación de un «robo de arte nunca se archiva» a la espera de que alguna de las piezas pueda localizarse en el mercado, a todas luces, internacional. «Son obras conocidas y marcadas, que tienen una salida muy complicada en el mercado de subastas y de coleccionismo, aunque nunca he perdido la esperanza de que su actual propietario cometa algún día un error o las herede algún descendiente y acabemos recuperándolas», desea el veterano director del museo, quien lamenta que el día del robo, que él mismo descubrió nada más regresar de un viaje a Filipinas, «fue un día triste, muy triste», aunque aclara que «el museo, por fortuna, no se resintió y tenemos que agradecer que no fue para tanto para la catástrofe que pudo ser, ya que tenemos piezas muchísimo más valiosas con más de dos mil años de antigüedad».

El Museo Oriental, añade Blas Sierra, «continúa vivo y, además de reponer las piezas sustraídas por otras similares de nuestros fondos, hemos continuado incrementando nuestro patrimonio con adquisiciones propias y numerosas donaciones de benefactores particulares». Lo que sí espera el padre agustino es que «nunca tengamos que lamentar otro robo». Para ello mejoraron la seguridad del recinto «con la instalaciones de alarmas en la puerta de emergencia, nuestro fatídico punto débil de aquel día, y con una mejora notable de la iluminación nocturna, incluidos sensores de presencia, para que las cámaras graben con una mayor nitidez».

Así que la colección del «mejor museo de arte oriental de España», lejos de reducirse, ha continuado creciendo y su director desvela que llevan «diez años acumulando obras procedentes de la India con el fin de ampliar la muestra, que desde sus orígenes se centra en China, Japón y Filipinas –destinos tradicionales de los misiones agustinos–, a este país». Es un proyecto, matiza, «a medio o largo plazo» para un museo que carece de ayudas públicas y que, aún así, recibe diez mil visitas al año. Una joya en el corazón de la capital.

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