Cien menores con trastornos graves ingresan cada año en el Clínico

Instalaciones de la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Clínico. / G. V.

La conducta alimentaria y el déficit de atención e hiperactividad con patologías añadidas son las causas más frecuentes de hospitalización

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

La atención psiquiátrica tradicionalmente ha mirado especialmente a los adolescentes, adultos y a las personas de la tercera edad. Los niños parecían estar fuera de este mundo. Sin embargo, en los últimos años la realidad se ha impuesto, un mayor conocimiento, un mejor diagnóstico y más estudios epidemiológicos han constatado que no solo existe la enfermedad mental en los más pequeños, sino que la psiquiatría infantil y juvenil es muy relevante y puede marcar el futuro de estas personas.

La magnitud de los trastornos mentales en menores está recogida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que sitúa en un 20% de los niños y adolescentes los que sufren alguna enfermedad mental. Unos datos que reclaman especialización de profesionales y recursos.

Fue un 25 de mayo de hace diez años cuando la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Clínico de Valladolid ingresó a sus dos primeros pacientes. Fue todo un hito. Llevaba reclamada desde hacía siete años. Hasta entonces, cualquier problema grave de salud mental que exigía la hospitalización de estos menores de 18 años se realizaba en los servicios generales de psiquiatría o, incluso, en pediatría; pero Castilla y León carecía de servicio específico.

La unidad del Clínico arrancó, de la mano de la doctora Carmen Ballesteros, ya como centro de referencia para toda la comunidad autónoma, aunque en los primeros años había una clara mayoría de ingresos de Valladolid. Sanidad la puso en marcha con ocho camas, y con las mismas sigue. Ahora la consolidación del servicio y la demanda conllevan nuevas exigencias. El equipo que trabaja en estas instalaciones lo tiene claro: son insuficientes, sobre todo porque son habitaciones dobles y hay enfermos que no deben estar juntos –como por ejemplo dos niñas con anorexia– y tampoco se deben mezclar sexos; por lo que «al no tener individuales provoca la infrautilización de las habitaciones en ocasiones». La reclamación es tímida pero clara, dos camas más e individuales. La otra demanda profesional es la de crear hospitales de día en otras provincias, al menos en León y Burgos. Y, por completar necesidades, la de reconocer la especialidad, que la psiquiatría sea troncal y tras una preparación común el médico se forme de forma específica, y no voluntarista como ahora, en los problemas de los menores.

El origen

«La unidad fue una apuesta clara por la salud mental infantil y juvenil. Ya totalmente consolidada. Entonces se preveían unos ingresos de entre setenta y cien pacientes al año y hemos llegado, ya de forma claramente estable, al máximo previsto e, incluso, por encima», explica el doctor Fernando Uribe, jefe de la misma. Así, la media anual es de cien menores ingresados por trastornos graves – el año de más casos fue 2008, con 109, y el menor, 2013, con 83 (con la excepción del año de estreno, que fue de 56). En estos años, lo que sí ha habido es una reducción de los tiempos de estancia. La media es de 23,8 de un total de 1.006 pacientes que han pasado por estas instalaciones desde 2007. Los datos actuales la sitúan en 17,6 días; aunque es muy variable. La patología marca el tiempo de estancia. Un problema de anorexia suele suponer una media de 40 días de ingreso, pero hay casos de tres meses; el resto de los trastornos habitualmente marcan tiempos de unas tres semanas.

«Estas medias son algo mayores que en otras unidades por dos factores claros –explica el doctor Uribe–: el hecho de recibir pacientes de otras provincias, que hace que demos el alta con un mayor grado de estabilidad que cuando son del mismo Valladolid y, por otra parte, por la falta de recursos psiquiátricos para estas edades en el resto de la comunidad. Sería importante crear hospitales de día, algo que solo hay en Valladolid y que permite un mejor seguimiento y continuidad». En este sentido, la doctora Soraya Geijo, coordinadora de este departamento, explica que cuando un menor es dado de alta «está garantizada su continuidad asistencial ambulatoria. Salen con cita preferente con su psiquiatra desde el hospital. Otra cosa es que pueda haber demoras en las primeras consultas, pero no para el seguimiento».

La población de referencia para el Clínico es, por lo tanto, de 328.000 tarjetas de Sacyl para la Unidad Infanto-Juvenil y para el Hospital de Día, solo en Valladolid, unas 80.000. Incluso, aunque cada vez menos, el Clínico recibe pacientes de otras comunidades, como Cantabria, que hasta hace poco carecía de este servicio específico.

Los trastornos afectivos graves, síntomas psicóticos descompensados al inicio de la adolescencia, anorexia y bulimia, ansiedad y depresión, pánico, histeria y una larga lista de problemas emocionales llevan a los más pequeños a precisar de un ingreso. Siempre, por protección del menor, con autorización judicial; aunque sea voluntaria y con el consentimiento de los padres.

Problemas añadidos

Son los problemas de déficit de atención e hiperactividad (TDAH); pero «casos graves, con comorbilidad como el consumo de tóxicos o trastornos de conducta asociados, o negativismo... la principal causa que lleva a un menor hasta esta unidad. Y la edad con este problema o un trastorno del espectro de autismo de diagnóstico son los 12 o los 13 años. A los 14 y 15 suelen surgir los trastornos conductuales y las psicosis, bipolares o esquizofrénicos y también el consumo de estupefacientes. La psicosis –añade el doctor Uribe– requiere un cierto grado de madurez, es más habitual hacia los 15 o 16 años. Antes el debut era el servicio militar, esto ahora ha cambiado claro», añade.

El sexo marca diferencias en el tipo de patologías. En los varones, el TDAH y los problemas de tipo autismo son mucho más frecuentes que en las mujeres, de tres casos por cada chica, y suman el 21,3% de las patologías que provocan un ingreso. En cambio, ellas suelen sufrir mucho más que los chicos los trastornos de conductas alimentarias, la otra gran causa de hospitalización en la unidad. La diferencia es de cinco a uno. No obstante, ahora hay más casos masculinos (hace años eran muy anecdóticos, de apenas uno por cada diez mujeres). Además, el trastorno alimentario en los varones es diferente, «suele tener componentes de vigorexia o fobia a tragar, son más raros». En este decenio, han sido 158 mujeres y 31 hombres los ingresados por trastornos de conductas alimentarias. En conjunto han supuesto el 18,8%. Es un problema que además de la salud mental suma las necesidades nutricionales, los problemas de bajo peso. «Esto alarga la estancia porque igual tienen que ganar ocho kilos y eso lleva su tiempo», puntualiza la doctora Geijo.

Otras patologías

Otras patologías cada vez más preocupantes son los trastornos autolíticos (riesgo de suicidio), los afectivos y las autolesiones. A este respecto, ambos especialistas en Psiquiatría explican que «cada vez son más preocupantes porque están muy influenciados por las redes sociales e Internet, donde se encuentra de todo y ellos comparten cómo lesionarse más o hacerse determinada cicatriz, es tremendo...». Por ello, los terapeutas tienen acceso a estos contactos, a los mensajes que ponen, porque «en ocasiones averiguas más de lo que les pasa que hablando con ellos».

Los datos de esta experiencia ya de diez años sitúan en 13,7 años la edad media; pero lo más pequeños son de 5 años y hay un bloque de 7 y 8 años en los que los trastornos de tipo autismo o fobias al trato con la gente son más frecuentes. La edad suele ser más baja en los varones que en las mujeres. Algo, explica el doctor Uribe, «que no pasa solo en psiquiatría, sino con otro tipo de patologías generales también. En las mujeres aparecen alrededor de medio año más tarde».

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