chúndara, orgullo de peñafiel

Así es el pasacalle más típico, colorido y diferente de cuantos se celebran en las fiestas de agosto por España

VÍCTOR VELA , AGAPITO OJOSNEGROS LÁZARO y RODRIGO UCEROPEÑAFIEL

Allí en el suelo, entre adoquines, cuando la plaza de España se estrecha para ser calle Derecha al Coso, allí hay una placa que marca el lugar exacto en el que todo comienza. Incrustada en el terreno, a la intemperie, expuesta a las pisadas, hay una placa en la que los peñafielenses presumen de una fiesta única, colorida, multitudinaria. Un festejo que se ha construido a si mismo, que comenzó como cortejo solemne, que se estrenó sin nombre concreto, que es agua y pasodoble, y que ha cristalizado en una palabra que fue onomatopeya y hoy es sinónimo de fiesta.

¡Chúndara!

El orgullo de Peñafiel.

Una emoción que, como dice esa placa en el suelo, «solo sienten los que lo han bailado alguna vez».

Placa colocada como homenaje al chúndara en el inicio del recorrido.
Placa colocada como homenaje al chúndara en el inicio del recorrido. / AGAPITO OJOSNEGROS

¿Qué es el chúndara? Hay un monolito que lo explica en la plaza de España de la localidad vallisoletana de Peñafiel (5.327 habitantes). Dice que es una «manifestación extraordinaria del júbilo de la fiesta». Los días 15, 16 y 17 de agosto, a las 17:00 horas, los vecinos y visitantes de Peñafiel se unen para recorrer, durante casi dos horas, los 550 metros que separan esta plaza de España de la plaza del Coso. Durante el trayecto, en el que la banda no deja de tocar el pasodoble ‘La entrada’, los participantes en la comitiva «reciben desde balcones y ventanas el agua que les echan los espectadores, que refrescan su baile y aumentan la algarabía».

Cuatro jóvenes miran el monolito del chúndara, en la plaza de España.
Cuatro jóvenes miran el monolito del chúndara, en la plaza de España. / AGAPITO OJOSNEGROS

Eso es el chúndara hoy.

Pero, ¿cómo empezó? ¿Cómo fue incorporando, poco a poco, nuevos elementos a la fiesta?

No es fácil saber el momento exacto en el que se comenzó a fraguar la leyenda del chúndara, pero sí que hay hitos que permiten reconstruir su historia. Al menos, trazar su evolución a lo largo de casi cien años.

Habla Jesús de la Villa, profesor de Filología Clásica en la Universidad Autónoma de Madrid, director del Museo Comarcal de Arte Sacro de Peñafiel, historiador local.

«La tradición que existía de siempre es que, desde la puerta del Ayuntamiento, salía la corporación municipal, el alcalde y los concejales, con los toreros y las mulillas, para ir, en comitiva solemne, hasta el corro, hasta el coso, para la celebración del festejo taurino. La banda de música iba tocando y había vecinos que acompañaban el cortejo. Hay fotos de los años 20 que lo recogen. Y así se mantuvo durante mucho tiempo, salvo algunos años de la Guerra Civil en que se suspendieron las fiestas», asegura De la Villa

Imágenes de las fiestas de Peñafiel publicadas en El Norte de Castilla del 19 de agosto de 1927.
Imágenes de las fiestas de Peñafiel publicadas en El Norte de Castilla del 19 de agosto de 1927. / EL NORTE

Este cortejo oficial hacia el corro (hacia la plaza del coso donde tendrían lugar corridas, probadillas y capeas) es el germen de un chúndara que todavía no se llamaba así y que comenzaría a configurarse como tal años después, en el decenio de 1950, cuando un pasodoble empezó a calar hondo en el gusto de los peñafielenses.

Hasta entonces, la banda de música ambientaba el pasacalles con multitud de tonadas y melodías... pero había una canción entre todas, un pasodoble, que gustaba de forma especial, que despertaba las ganas de bailar, de saltar, de cantar y pasárselo bien. Los vecinos de Peñafiel, entre un larguísimo repertorio, decidieron adoptar el pasodoble ‘La entrada’ como himno para sus fiestas.

José María Barruso ha visto desde primera fila, con la batuta en la mano, cómo a su alrededor se edificaba la historia del chúndara.

Natural de Santo Domingo de la Calzada, Barruso llegó a Peñafiel en 1955, después de aprobar las oposiciones al cuerpo nacional de directores de bandas de música civiles, que ofrecía diversos destinos a lo largo de España. Él, que se había formado en Zaragoza, que obtuvo premios extraordinarios a lo largo de su carrera, que recibió importantes reconocimientos en composición y armonía, eligió Peñafiel para su futuro. «Me pillaba cerca de casa, de mi tierra, y pensé que sería un buen destino. Y sí, al final lo fue».

Tomó posesión de la banda el 8 de enero de 1955 y no oculta que su primer pensamiento fue de «ligera decepción». «Yo venía de una banda militar, en Zaragoza, en la que éramos 72 músicos, una de las mejores de España. Y cuando llegué a Peñafiel me encontré con un grupo de 12, de 14 músicos, que además no estaba equilibrado. Faltaban instrumentos. Teníamos cuatro clarinetes, un par de saxofones... pero, por ejemplo, no había tuba». Fue así como decidió crear una academia de música que formara a los futuros integrantes de la banda. Cuando se jubiló en 1991, el grupo lo formaban 53 integrantes.

Hay un artículo de El Norte de Castilla, de 1956 (el segundo año con Barruso al frente de la banda por las fiestas de agosto) en el que se refleja, palabra por palabra, cómo era el pasacalle en aquella época. El chúndara empezaba a ganar señas de identidad.

Fotografía publicada en el libro 'Peñafiel, una historia gráfica', y fechada en torno a 1955.
Fotografía publicada en el libro 'Peñafiel, una historia gráfica', y fechada en torno a 1955. / JUAN JOSÉ MORAL DAZA

De entre todos los párrafos de esa información (la foto es de Cacho y el texto viene firmado con un anónimo 'de nuestros enviados especiales'), merece la pena destacar dos en los que se relata, de forma minuciosa, cómo era esta procesión a mediados de este decenio de los 50... cuando ya se ha adoptado como tal uno de los emblemas del chúndara.

El texto dice así: "Por la tarde, se va concentrando el gentío cerca de la Casa Consistorial para formar en la comitiva que va a dirigirse a la plaza del Coso. Sale un alguacil con un sencillo y extraño aparato para el disparo de cohetes. Y allá en lo alto va poniendo cada uno la nota, en humo, de la interrogación".

Y sigue la noticia de El Norte, publicada el 17 de agosto de 1956, "las seis menos minutos" [aquí se supone que hay un error en la redacción, pues no especifica la hora concreta]. "Ya camino de la plaza. Primero el correllaves Florentino Orrasco, que luego ha de demostrar en el cuadrado que sustituye al anillo, y después la gente joven, todos unidos, entrelazados, bailando y coreando el típico pasodoble 'La entrada', que interpreta la banda de música. Detrás la gente y, por último, el alcalde y concejales. Es todo ello una estampa de color, abigarrada, caliente de alegría y júbilo".

Así que, en ese año 1956, 'La entrada' se había convertido, de forma definitiva, en el pasodoble que ponía la banda sonora a la comitiva, durante un paseo que, por aquel entonces, apenas duraba unos minutos.

¿Por qué 'La entrada'? El histórico director de la banda, José María Barruso, explica que se trata de una tonada alegre, sencilla, fácil de cantar y de bailar, que gustaba especialmente a los mozos, que la pedían una y otra vez durante el pasacalles, hasta que se terminó convirtiendo en la única canción que tocaba la banda. Ganó la aclamación popular. Triunfó 'La entrada'. Pero este pasodoble no había nacido en Peñafiel.

Partitura de 'La entrada'.
Partitura de 'La entrada'. / EL NORTE

'La entrada' lleva la firma del músico Quintín Esquembre (Villena, 1885-Madrid, 1965) quien, para atender una petición de sus vecinos, compuso en 1925 un pasodoble que se tocaría en las fiestas de Moros y Cristianos de Villena para evocar la fecha en la que los cristianos recuperaron la ciudad de la mano de los musulmanes. Esa entrada es a la que se refiere el título de una obra que el profesor Mariano Sanz de Pedre, en 1961, en su libro 'El pasodoble español', define como una composición "sencilla, fácil y, sobre todo, libre de dificultades instrumentales, toda vez que estaba primordialmente destinada a ser interpretada por una modesta banda de música de reciente creación, integrada en su totalidad por muchachos de Villena que alternaban, en su mayoría, sus ocupaciones artesanas con la afición musical". La pieza fue estrenada en Villena el 5 de septiembre de 1925. Entró luego en el repertorio habitual de las bandas... y logró especial éxito en Peñafiel.

Se da además una curiosa circunstancia. En 1982, Villena y Peñafiel sellaron un hermanamiento que va mucho más allá de este pasodoble. La razón histórica es que en ese 1982 se cumplieron 700 años del nacimiento de Don Juan Manuel, autor de 'El Conde Lucanor', príncipe de Villena y señor de Peñafiel.

Pero el pasodoble no tenía letra. Y en ese año 1956 todavía no se había oficializado lo del nombre de chúndara.

La primera referencia de la fiesta que con ese nombre aparece en El Norte de Castilla es una noticia del 16 de agosto de 1962. "Lo más divertido son los acordes de 'La Chúndara' [venía así, en femenino], coreado por todo el pueblo. Comienza la corrida. Primero llegan en tropel corros de mozos y mozas bailando 'La Chúndara', que invaden la plaza. Detrás, a paso lento, la banda, y tras ellos el Ayuntamiento y autoridades en pleno. A su paso tiran confettis".

A su paso tiran confettis, decía El Norte de Castilla. El agua llegaría después.

Ese tira y afloja entre los mozos que quieren alargar la fiesta y retrasar la comitiva y el avance de la autoridad para que comiencen los festejos taurinos tuvo durante los años 90 momentos conflictivos. El más delicado se produjo en 1993, cuando se rompió la tradición y la comitiva del chúndara no llegó a traspasar el arco de la plaza del Coso.

Pero esa pasión por alargar el chúndara viene de lejos. Ya a principios de los años 60 se informaba de unos cortejos cada vez más largos.

La Comisión de Festejos de 1974 aseguraba que «en algunas ocasiones resulta tan largo que origina un descontrol con el resto de espectáculos». La de 1983 insistía y pedía a los jóvenes que se pensara en el "inmenso público que ha adquirido su localidad o pagado el balcón para ver la novillada y no tiene por qué aguantar el capricho de unos cuantos".

El 11 de agosto de 1987, El Norte de Castilla publicaba un saludo de la alcaldesa, Rosa María Aguado Ruiz, con una serie de recomendaciones, entre las que se decía (en el punto 3) que el chúndara "es un baile tradicional donde la camadería, compañerismo y amistad se trasmite a través de empujones y bromas a las que se debe estar dispuesto a recibir".

Publicación del 11 de agosto de 1987.
Publicación del 11 de agosto de 1987. / EL NORTE

La situación se recondujo sin problemas en ediciones posteriores y se empezaron a sentarse las bases para un chúndara reglado, que suele durar dos horas, y que cuenta con la sana colaboración de los vecinos que, desde los balcones, lanzan agua para aliviar el extremo calor de las primeras horas de las tardes de agosto.

Y entre los balcones más participativos encontramos este: el de Julio.

Julio Para (Peñafiel, 1942) vive en un lugar privilegiado. En el cruce de Derecha al Coso con Barriondillo. Toda la comitiva del chúndara pasa por debajo de sus ventanas. Y él, desde hace muchos sanroques, se encarga de ponerle agua a la fiesta. Dice que todos los años llena las dos bañeras de su casa. Que con familiares y amigos forma una cadena para acarrear, desde las bañeras a los balcones, cubos llenos de agua. Hasta quince cubos que se llenan en el baño y se vacían balcón abajo. Lo cuenta Julio ahora, días antes de las fiestas, con la calle vacía... Es extraño verla así, cuando tantas veces se ha fotografiado con el asfalto lleno de peñistas.

«No me extraña que agradezcan el agua porque son unas horas de mucho calor. No te puedes imaginar el calorazo que sube de la calle. Se siente hasta aquí, y eso que es un segundo piso».

Esta perspectiva desde el balcón de Julio es un clásico, uno de los lugares elegidos por El Norte de Castilla a lo largo de la historia para retratar el chúndara porque, desde aquí, la perspectiva de la calle Derecha al Coso abarrotadísima de gente es brutal.

Fotografías de los chúndaras de los años 2006, 2007 y 2008. / GABRIEL VILLAMIL

Este tramo de la calle Derecha al Coso es el más largo. La comitiva gira después a la derecha hacia la calle La Parra y luego por Don Juan Manuel, hasta ingresar en la plaza del Coso. Este ha sido siempre el recorrido. Toda la vida. 550 metros que ahora se recorren en dos horas de diversión. Dice la web del Ayuntamiento de Peñafiel: "Ver el Chúndara sin mojarse es complicado, pero algún punto en el que se puede ver sin correr mucho riesgo de acabar empapado es en el cruce entre la calle Derecha al Coso y la calle Atarazanas, así como en la plaza Eustaquio de la Torre". Si se ve la fiesta desde dentro, el riesgo es terminar calado hasta los huesos.

Quienes hablan en el vídeo anterior son Miguel Ángel Aparicio (Peñafiel, 1974) y Gustavo Cano (Peñafiel, 1985) y su labor, junto la de otros muchos mozos de la villa, es velar por que el chúndara se desarrolle con absoluta normalidad y sin incidentes. Lo consiguen año tras año. Ellos bailan y se divierten en torno a la banda. También protegen a los músicos para que no reciban empujones. Avisan de su llegada a quienes lanzan agua desde los balcones para que el líquido no toque a los intérpretes. Sobre todo, porque los instrumentos se podrían dañar. Y, además, marcan el ritmo para intentar cumplir esas dos horas de recorrido, que el pasacalles no se alargue y que se llegue a la plaza del coso a tiempo para el festejo taurino.

Gustavo Cano y Miguel Ángel Aparicio, en la plaza del Coso.
Gustavo Cano y Miguel Ángel Aparicio, en la plaza del Coso. / AGAPITO OJOSNEGROS

Cuentan cómo la comitiva avanza más despacio al principio, cómo se aprovechan los tramos en los que da el sol para secarse la ropa, cómo hay balcones que son especialmente generosos con el agua, cómo la cosa se complica cuando hay que girar hacia la calle de La Parra, cómo es fácil llevarse allí zorrostrones en los brazos, sobre todo en el tramo en el que la vía se estrecha... y cómo se accede con júbilo a la plaza del Coso cuando todo está a punto de terminar.

Miguel Ángel y Gustavo son voces que hablan del orgullo que supone para Peñafiel contar con un patrimonio festivo de este calado. Mientras que en otros pueblos se aprovechan las horas de la sobremesa para descansar... aquí, en Peñafiel, la juerga no se echa la siesta. "El chúndara se ha convertido en un himno. Si estás fuera, en cuanto alguien dice en alto chúndara... no puedes evitarlo y tienes que cantarlo entero", dice Gustavo.

Chúndara. Tarata chúndara.

La onomatopeya se convirtió en nombre. A falta de palabras concretas (Esquembre compuso el pasodoble sin letra), se impuso lo más evidente.

Y eso que se intentó que cuajara una letra. La imprenta y papelería Abalo's, en la calle capitán Rojas, 10, imprimió hace más de 50 años un folleto con la letra que para el pasodoble escribió Pili Martín Marcos y Lucanor, con adaptación del músico José María Barruso. Decía lo siguiente:

Letra propuesta por Pili Martín.
Letra propuesta por Pili Martín. / EL NORTE

Pero esta letra no cuajó. Hubo otras, más o menos exitosas, que hacían referencia a personajes de la villa. Durante algunos años se coreó 'Barriguera, barriguera'. Al final, la rima que ha quedado es sencilla: 'Viva el pijo el tío Bernardo'. Y así lo cantan Carmen González (Peñafiel, 1946) y Ana María Carrascal (Peñafiel, 1942).

Y si se quiere escuchar en todo su apogeo, basta con ver este vídeo.

Pero, ¿de dónde viene esto del pijo 'el tío Bernardo? La versión más extendida dice que la estrofilla tiene como protagonista a Bernardo de Frutos, alcalde de Peñafiel durante el decenio de 1920, quien prohibió la lidia de un toro después del encierro, lo que provocó el enfado de sus vecinos, que le dedicaron varias coplas. Años después, todavía recordaban en el pueblo los atributos del exalcalde a la hora de prohibir los toros y a lo largo de los años 70 se popularizó entre los mozos que participaban en el chúndara. Así que, lo que ha quedado es el tarareo del principio... y la coletilla del tío Bernardo para después. Así es como se corea en Peñafiel este pasodoble de 'La entrada' interpretado por su banda de música... y que puedes escuchar aquí.

Cuenta José Alfredo Calvo (Vitoria, 1971), el actual director de la formación musical, que esta que ensayan en el auditorio es la versión de concierto de 'La entrada'. La del chúndara es más rápida, más festiva, con una mayor presencia de los graves y la percusión para hacerse oír mejor. «Si todo fueran voces altas, como clarinete o flautas, sería imposible que se nos escuchara entre tantísima gente».

Por eso toda ayuda musical es poca. Durante el pasacalles, no solo sale la banda, sino que también se suman antiguos componentes o vecinos que tocan instrumentos y se saben de memoria su pasodoble. «A veces, cuando vamos a un concierto, tenemos que ensayar de nuevo la obra, porque se nos quedan los vicios de tocarla en el chúndara», explica Calvo.

Cristina, Cristina, Carmen y Marina, saxofones en la Banda de Peñafiel.
Cristina, Cristina, Carmen y Marina, saxofones en la Banda de Peñafiel. / AGAPITO OJOSNEGROS

Hay quien con sus instrumentos que se han convertido en míticos, como Cholú, quien durante el pasacalles se ajusta el bombo de uno de los músicos de la banda para relevar, tocar y poner intensidad, y otros que empiezan a descubrir la emoción de tocar para que sus vecinos se diviertan. Cristina Aguilar (Peñafiel, 2004) siempre quiso ponerle música al chúndara. Era una de sus metas cuanto empezó a estudiar saxofón. «Es algo típico de nuestro pueblo... y no hay mayor orgullo que tocarlo», asegura, junto a sus compañeras Cristina Hernando (Peñafiel, 2002), Carmen Redondo (2001) y Marina Diez (2001). Las cuatro tocan el saxofón. Y las cuatro ponen sus pulmones al servicio del chúndara.

Pero muchos peñafielenses, muchos, han hecho lo mismo antes que ellas. Como Carlos Hernández (Peñafiel 1941), quien perteneció a la banda durante esos años 50 en los que el chúndara comenzó a coger cuerpo. Como Alfonso Sanz (Canalejas, 1938) quien durante años amenizó cientos de fiestas con el conjunto Ritmo y se sumó también a los compases del chúndara.

O como Pablo Lerma (Peñafiel, 1943) quien entre 1957 y 1966 tocó el clarinete. Peluquero con su tío Damián, quesero durante más de veinte años en Flor de Esgueva, presidente de la Comisión de Festejos en los 90, Pablo ha vivido el chúndara desde muchos ángulos. Y reconoce que la fiesta disfruta ahora un momento dulce. "Hubo años en los que tal vez se hacía mucho el burro, había chicas que no se atrevían a entrar. Ahora da gusto, es mucho más sano", asegura.

Todos ellos, jóvenes y mayores, músicos y peñistas, mozos y autoridades contribuyen con su pasión a consolidar el chúndara, el pasacalles festivo más divertido de las fiestas de agosto en España (15, 16 y 17 de agosto a las 17:00 horas). Un cortejo que aúna pasodobles, música y camaradería. Una experiencia única. El chúndara, orgullo de Peñafiel.

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