La Catedral acoge por primera vez una escuela-taller de verano

Dos alumnas trabajan ya sobre las piezas.
Dos alumnas trabajan ya sobre las piezas.

Nueve estudiantes restaurarán una docena de piezas y catalogarán las lápidas y los planos para la terminación del templo

EL NORTEValladolid

Un armario herrumbrado y convertido en caja de herramientas, una pequeña pieza escultórica, un arcón, una obra de orfebrería… Nueve alumnos de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales han asumido el compromiso de restaurar a lo largo de este mes de julio una docena de bienes de la Catedral de Valladolid. «Se trata de bienes no catalogados, fundamentalmente muebles y elementos auxiliares o domésticos y algo de talla, sin un valor artístico excepcional, pero que tienen cierto interés», explica el deán de la Catedral, José Andrés Cabrerizo.

La escuela-taller de verano es fruto de un convenio de colaboración suscrito por vez primera entre la Junta de Castilla y León y el Cabildo Catedralicio vallisoletano, a semejanza de otros, como el que hace unos años se ejecutó en la iglesia del Rosarillo. La Catedral ha cedido las piezas, los materiales necesarios y el espacio (la capilla de San Juan), además de encargar a su técnico colaborador, Pedro Miguel, que supervise los trabajos.

Los estudiantes, por su parte, trabajarán tres mil horas en la restauración de las piezas propuestas y en la documentación de las lápidas del templo y la catalogación de los planos del concurso nacional de convocado con el objetivo de terminar la construcción de la seo, del que ahora se cumple el 75 aniversario.

«Los alumnos pueden practicar lo aprendido en clase y hacerlo dentro del medio natural del patrimonio, que en el caso de la Catedral de Valladolid es muy desconocido. Rotan por las diferentes piezas, para tocar todos los materiales y realizan intervenciones fundamentalmente de mantenimiento y no demasiado incisivas», explica Agustín Rilova, profesor de la escuela y supervisor de los trabajos.

Además de las auténticas joyas patrimoniales de la Seo, el retablo de Juan de Juni y la custodia de Juan de Arfe que procesiona en el Corpus Christi, la Catedral de Valladolid conserva tesoros, algunos de ellos desconocidos, como una interesante colección de pintura barroca de artistas vallisoletanos e italianos de los siglos XVII y XVIII. Los cuadros más destacados son La Crucifixión de Michael Coxcie (Malinas, Bélgica, 1499), en el ábside del Evangelio, y el San Jenaro, de Lucas Jordán (Nápoles, 1634), que preside la Sacristía, pero hay otros muchos que no están a la vista por las estrecheces del museo o porque precisan una importante restauración. A ellos se suma el órgano Amezúa, de 1903 pero instalado en una caja neoclásica del siglo XVIII, y también necesitado de una ambiciosa intervención.

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