Casa Tino, la memoria de Valladolid

María Eugenia Martínez, sus padres, Gloria y Tino, e Ismael Vaquero./Ramón Gómez
María Eugenia Martínez, sus padres, Gloria y Tino, e Ismael Vaquero. / Ramón Gómez

La rehabilitación del edificio obliga a trasladar el restaurante al 1 de la calle Alarcón

Nieves Caballero
NIEVES CABALLERO

Casa Tino echa hoy el cierre en el número 4 de la calle Manzana, después de 24 años, aunque en un mes la familia Martínez espera poder abrir las puertas de nuevo en el número 1 de la calle Alarcón, en otro local al que intentarán trasladar la esencia, el encanto, las nostalgias y, por supuesto, el buen hacer culinario. Con el cierre de esta casa de comidas caseras, debido a la rehabilitación del edificio, no asistimos sólo a un traslado de negocio, si no que se pierde gran parte de la memoria de la sociedad vallisoletana, porque la historia comenzó a narrarse entre estas cuatro paredes cubiertas de hermosos azulejos mucho antes, en el año 1939, cuando Hilario y Piedad abrieron el antiguo Suazo, famoso por sus guisos y sus huevos fritos.

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Toreros, políticos, escritores, artistas, profesionales liberales, deportistas, empresarios, periodistas, y muchos otros ciudadanos y visitantes han pasado por este pequeño negocio de hostelería. La familia Suazo lo mantuvo abierto hasta 1973 y convirtió este local en un lugar de culto para aquellos amantes del buen yantar. Si ya eran famosos los huevos de la madrileña Casa Lucio, no lo fueron menos los del antiguo Suazo, que incluso llegó a degustar el todavía príncipe Juan Carlos.

«En aquella época no había casi restaurantes, así que el Suazo era un lugar obligado», relata Tino Martínez, antes de recordar que, por ejemplo, en ferias se llenaba porque la vecindad podía disfrutar de toreros y artistas. A diario, el diestro Fernando Domínguez y el bailarín Vicente Escudero tenían reservado un rincón en la barra y muchos vecinos se arremolinaban a su alrededor.

«Si ya eran famosos los huevos de la madrileña Casa Lucio, no lo fueron menos los del antiguo Suazo»

Los guisos de Piedad se hicieron legendarios. La merluza rebozada, la menestra de verduras, el consomé y los huevos fritos con patatas, que nunca faltaban. Ese legado es el que rescataron del olvido Tino Martínez y Gloria López cuando abrieron Casa Tino en 1993, hasta que tomó el relevo años después su hija María Eugenia (Maru). «Cogimos el negocio porque era un lugar emblemático», explica Tino, al referirse al antiguo Suazo. Hoy se sienten «deudores con la gente de Valladolid porque nos ha dado mucho cariño», como agradecido se siente con la familia Martínez López Antonio Suazo, hijo de Hilario y de Piedad, «por haber mantenido viva la memoria del negocio de mis padres».

Angelines, hermana de Piedad, e Hilario Suazo.
Angelines, hermana de Piedad, e Hilario Suazo. / A. Suazo

Durante estos largos 24 años, Casa Tino ha logrado erigirse en el mejor lugar para comer unos huevos fritos con puntillas y patatas fritas, una ensalada de tomate y escabechados, y un plato de torreznos, lomo y chorizo. Las obras de rehabilitación del edificio número 4 de Manzana, obligan a la familia Martínez a trasladarse al número 1 de la calle Alarcón, donde Maru seguirá al mando de la cocina, e Ismael Vaqueo será el encargado. Ganarán espacio para los comensales y tendrán barra. Pero la calle Manzana perderá el encanto de «una minúscula taberna junto al Ayuntamiento, donde la calidad de la comida hace olvidar la incomodidad del local», según rezaba en una guía gastronómica hace algunas décadas.

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