Así han cambiado las clases de periodismo: de la 'criteriología' a Internet

Pilar Sánchez-García, autor del libro, junto con Óscar Campillo, director general de Comunicacion y Relaciones Institucionales de Vocento, la profesora Salomé Berrocal y la periodista Lucía Rodil. /G. VILLAMIL
Pilar Sánchez-García, autor del libro, junto con Óscar Campillo, director general de Comunicacion y Relaciones Institucionales de Vocento, la profesora Salomé Berrocal y la periodista Lucía Rodil. / G. VILLAMIL

Pilar Sánchez-García, profesora de la UVA, analiza por primera vez en España cómo ha evolucionado la formación de los profesionales de la información

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Hay un vértigo de 130 años entre el primer seminario sobre Periodismo que se impartió en España (fue en Salamanca, en 1887, impulsado por el catedrático Fernando Araujo Gómez) y la clase de Ciberperiodismo que esta misma semana –durante este cuatrimestre– pilota Pilar Sánchez-García en la Universidad de Valladolid.

Un abismo de técnicas, de métodos, de altavoces e instrumentos que tal vez hayan cambiado el celofán que adorna a la profesión (a finales del siglo XIX se enseñaba Criteriología), el escaparate en el que se expone.

Pero, en el fondo, la esencia permanece intacta. «Porque el soporte, el lenguaje en cada momento adecuado, los elementos visuales pueden cambiar... pero estarán siempre al servicio de una información honesta, de un compromiso con la verdad que refleja lo que ocurre. Esa es la base del periodismo», explicó ayer Óscar Campillo, director general de Comunicación y Relaciones Institucionales de Vocento, durante la presentación de ‘Periodistas (in)formados. Un siglo de enseñanza periodística en España:historia y tendencias’, el libro en el Sánchez-García analiza, por primera vez en una obra de referencia, cómo ha evolucionado la formación de los periodistas en los últimos decenios y de qué modo tendrán que adaptarse a las novedades que imponga el futuro.

«El periodismo hay que vivirlo desde la pasión y la actitud; ya vendrá después la formación y la tecnología», dijo. Porque el periodista no solo ha de ser capaz de dominar unas técnicas –cambiantes con cada clic, transformadas con cada parpadeo de las nuevas tecnologías– sino que sobre todo ha de disponer de un poso intelectual «que le permita asomarse con claridad de pensamiento a lo que ocurre y saber interpretar una realidad cambiante, compleja y enrarecida».

Si la formación debe ser permanente, en un periodista además tiene que ser exigible, demanda Sánchez-García, porque su labor es fundamental en una sociedad libre. «Este libro reivindica el mejor periodismo posible, que requiere además de la mejor cualificación por parte de los profesionales que se dedican a ello. Y los ciudadanos deberíamos ser más críticos con los medios de comunicación», añadió.

Campillo, con quien Sánchez-García compartió redacción antes de su salto a la Universidad, insistió en esta idea:«Sin periodismo no hay libertad ni democracia y este lío de la ‘posverdad’ (que no es otra cosa que la mentira) nos lleva a que por mucho que se haya dudado de los periodistas y por muchas razones que los periodistas demos para que duden de nosotros, al final la sociedad es consciente de la importancia de recibir una información veraz y comprometida», concluyó Campillo.

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