El Ayuntamiento cierra con placas de chapa el Marqués de la Ensenada para frenar el expolio

Los operarios reciben las indicaciones de un policía local para tapiar el Marqués de la Ensenada. /J. S.
Los operarios reciben las indicaciones de un policía local para tapiar el Marqués de la Ensenada. / J. S.

El mobiliario y las obras de arte que su dueño malvendió antes del saqueo del hotel estaban valoradas en dos millones de euros

J. Sanz
J. SANZVALLADOLID

El faraónico proyecto del hotel Marqués de la Ensenada, aquel lujoso cinco estrellas construido sobre el Canal de Castilla que languidece hoy en la esquina de las avenidas de Gijón y Salamanca, incluyó la compra de mobiliario y obras de arte valoradas en dos millones de euros que su dueño malvendió por unos ridículos ocho mil euros a comienzos del año pasado antes de dar la espantada y abandonar su suerte el inmueble catalogado. Solo una pequeña parte de este patrimonio, embargado por la Seguridad Social por las deudas de las sociedades que llevaron a la ruina el negocio, pudo ser recuperado y subastado por este organismo. El resto literalmente voló o quedó a merced del expolio inmisericorde al que ha sido sometido el inmueble y que desembocó en el incendio intencionado que carbonizó una habitación el 28 de abril.

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Aquello fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de la Concejalía de Urbanismo, cuyo titular, Manuel Saravia, después de meses intentando, sin éxito, localizar a los propietarios, ordenó finalmente el 3 de mayo cerrar los accesos al antiguo hotel por la vía de la ejecución subsidiaria para frenar, por un lado, los robos y el vandalismo y, por otro, evitar accidentes en su interior, que ha permanecido abierto de par en par durante meses y que era frecuentado tanto por ladrones como por jóvenes y grafiteros. Los operarios llevaron a efecto ayer aquel decreto de urgencia y comenzaron a cerrar con chapas las puertas y ventanas de la calle en una intervención que culminará hoy y que le costará 2.500 euros a las arcas municipales. El recibo lo girará luego el Ayuntamiento a las sociedades que figuran como titulares de este inmueble catalogado, construido en 1912 sobre el canal y que funcionó como harinera (La Perla se llamaba) hasta 2006. Parte de su maquinaria centenaria, tanto de la harinera como del propio canal -un Bien de Interés Cultural- aún se conserva a duras penas en el comedor del sótano, hoy carcomido por las humedades a causa de la ausencia de mantenimiento.

El cierre del edificio protegerá, al menos, lo poco que queda del patrimonio de este inmueble catalogado por partida doble. «Hemos sellado todos los accesos con chapas atornilladas y a continuación vamos a cerrar todas las ventanas o sellarlas con tablones de madera», apuntaron los operarios encargados de esta intervención municipal que concluirá hoy mismo.

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