De las aulas, a la Catedral de Valladolid

Una alumna de la escuela trata uno de los muebles de la catedral. / Alberto Mingueza

Por primera vez, alumnos de la Escuela Superior de Conservación y Restauración están recuperando piezas de la Catedral de Valladolid

EL NORTE

Entre focos y herramientas y con el suelo empapelado ha permanecido la capilla de San Juan de la Catedral de Valladolid durante todo el mes de julio. Un escenario primordial para que los alumnos de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales practiquen lo aprendido en los cuatro años de estudios que requiere la titulación.

Un armario, un baúl, la base de una custodia y otros tantos hasta llegar a unos veinte objetos son los bienes con los que los nueve estudiantes han trabajado. Muy diferentes entre ellos, pues por ejemplo la recuperación del armario comenzó el primer día y continuará hasta final de mes, mientras que otros en apenas media mañana se consigue su limpieza.

La recuperación de estas piezas, que no tienen un importante valor artístico, según Pedro Escudero, técnico conservador y restaurador y además colaborador de la catedral, sirve para que los alumnos adquieran experiencia en un terreno alejado de las aulas.

«No es lo mismo trabajar en la escuela, donde hay otro ritmo y otro ambiente, que hacerlo en un lugar donde tienes que amoldarte al espacio y asumir unos plazos», indicó Escudero. Ese ritmo que mencionó el profesor se ejemplifica en las siete horas diarias de trabajo y la jornada de lunes a viernes necesarias para restaurar los doce objetos con los que contaban inicialmente y los que se han ido sumando después.

Estos objetos no están catalogados en el inventario de bienes culturales de la Junta de Castilla y León y, como detalló el técnico conservador, «es más barato adquirir uno nuevo que restaurarlos, en algunos casos».

De esta manera, con el convenio alcanzado entre la Junta y el Cabildo Catedralicio todos obtienen beneficios. La catedral establece un técnico, aporta los bienes y los materiales necesarios para la restauración, y la escuela de arte ofrece un profesor encargado de supervisar, y a los alumnos que ejercerán la actividad en un lugar emblemático en cuanto al patrimonio cultural de la ciudad.

Estos estudiantes, que ahora están acostumbrados a trabajar con las miradas de los visitantes de la catedral, se han empleado durante este mes en los distintos objetos para aprender así las diferentes técnicas y maneras de trabajar con cada material. «La idea es que todos toquen los diferentes materiales para que cojan práctica, aunque haya uno que se encargue en especial de cada objeto para después saber exactamente qué se ha hecho y rellenar el informe», detalló Escudero.

De naturaleza orgánica, como la madera y el cuero, e inorgánica, como la plata, el bronce o la cerámica, estos materiales ofrecen a los estudiantes una gran variedad de situaciones a las que hacer frente a la hora de restaurar, algunas totalmente nuevas para ellos. «Hay algunas piezas, sobre todo las de metal o cerámica, que no lo han visto en clase, y aquí es donde más lo aprenden».

Estos conocimientos adquiridos por los alumnos, que se presentaron voluntarios para la actividad cuando se les informó en la escuela de conservación y restauración, se centran en la desinfección de los xilófagos en los materiales orgánicos, la eliminación de repintes y barnices o el tratamiento del cuero, propio del baúl, al que han dado grasa de caballo para que no quede seco y se estropee.

Respecto a los inorgánicos, en el material de platería metálico se trata de eliminar el sulfurado de óxido y además darle un acabado de protección para que no se vuelva a oscurecer. Estas y otras técnicas ya conocidas por los estudiantes serán mejoradas con este taller. «Ya han hecho practicas anteriormente con piezas que no tienen un valor artístico importante y con este curso han empezado a coger carrerilla», según Pedro Escudero.

El baúl, un jarrón moderno, la base de una custodia renacentista o una cerradura propia del armario son algunos de los objetos con los que trabajan los alumnos. Esta última cuenta ahora con una llave gracias a su fabricación por parte de un profesor de la escuela de forja, una tarea «bastante difícil de encontrar hoy en día».

Ninguno posee un gran valor, pero es el armario el que más destaca entre el resto debido al gran cambio que está sufriendo, pues antes del curso permanecía en un estado «indecente».

El mes de trabajo en la catedral no solo ha servido para restaurar. Los alumnos de la escuela de conservación también han catalogado las cerca de 200 lápidas del suelo del recinto sacro, así como los planos del concurso de arquitectura de 1942 que se celebró para terminar la catedral. «Estaban por ahí sueltos y los hemos catalogado y puesto una protección para su almacenaje», indicó Escudero.

Otra oportunidad que han tenido estos nueve jóvenes ha sido la de visitar el museo de la catedral y el almacén del propio museo. «También han subido a la torre y al archivo diocesano, donde han visto cómo funciona el almacenaje», detalló Escudero.

Otra de las experiencias ha sido ver cómo se tratan los textiles de la sacristía, lo que en su conjunto ha servido a los alumnos de la escuela de restauración para conocer el funcionamiento de la catedral en cuanto a la conservación del patrimonio.

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