Asalvo, diez años acercando la realidad de la pobreza a los jóvenes

Mercadillo solidario de Asalvo, una de las actividades que permite financiar sus acciones./G. V.
Mercadillo solidario de Asalvo, una de las actividades que permite financiar sus acciones. / G. V.

Desde la Fundación se han volcado en estas fechas para que todo el mundo pudiera disfrutar de las fiestas

CÉSAR R. CABRILLOValladolid

Durante el día a día muchas personas ayudan a los más necesitados, pero ha sido en estas fechas navideñas cuando todo el mundo ha hecho un esfuerzo extra para tratar que los más necesitados pudieran tener unas mejores fiestas. Conseguirlo no es sencillo, pero desde organizaciones como Asalvo se ha trabajado para ello. Asalvo es una institución sin ánimo de lucro que trabaja en Valladolid desde el año 2008. La asociación está formada por profesores y estudiantes y sus objetivos están dirigidos a la ayuda de alumnos y personas en situación de exclusión social.

La iniciativa comenzó de una manera un tanto tímida hace casi diez años. Una profesora quiso que sus alumnos conocieran de cerca la realidad de la pobreza en la ciudad y movilizó a los jóvenes para acercarse una noche a la semana a ofrecer alimentos, y conversación a los indigentes que se reúnen habitualmente en el entorno de la estación de autobuses. Aquella iniciativa fue tomando forma hasta desembocar en la creación de una ONG, bautizada como Asalvo. Pues bien, la organización cuenta con gran número de estudiantes voluntarios y socios, y más de una quincena de empresas colaboradoras que ayudan en el día a día a mejorar la vida de los demás.

Las cosas han cambiado mucho desde los inicios de esta organización, porque desde aquel cafetito caliente con galletas que ofrecían por la noche a todos aquellos que quisieran acercarse por la calle San José, ahora también se les ofrece comida tres noches por semana y ayudas directas a los más pobres entre los pobres, como alojamiento en pensiones o bonos de transporte e, incluso, ayuda sanitaria como consultas con el dentista o citas con el oculista para abonarles las gafas.

Desde Asalvo se preocupan por los más desfavorecidos y por ello se propuso ayudar al máximo de número de personas posible. El pasado día 19 de diciembre los alumnos del instituto Zorrilla organizaron un desayuno solidario en el que atendieron a más de seiscientas personas. Gracias al chocolate cedido por Seresca y a aportación de los ciudadanos, Asalvo pudo invitar esa misma noche a unas 150 personas necesitadas en el comedor social de la parroquia de La Milagros.

Echar una mano

El menú navideño y los regalos amenizaron una noche en la que todo salió «a pedir de boca», como indica María Jesús Fournier, una de las impulsoras de este proyecto y que quiso poner en manifiesto la aportación de todos los voluntarios y hacer una reseña especial a una familia que permitió sufragar los gastos de gran parte de la cena.

Es importante poder echar una mano a todas aquellas personas que lo necesitan, pero no solo en fechas señaladas, sino los 365 días del año porque siempre hay quien necesita de la solidaridad de otros para salir adelante. Desde Asalvo tienen muy en cuenta esto y por ello siempre están ahí, con sus voluntarios y todos los comercios que les respaldan, y sin cuya aportación no podrían llegar hasta donde llegan, ni ayudar a tantas personas como lo hacen hoy en día.

El barrio de San Miguel está volcado con Asalvo y varios de los comercios locales colaboran con el día a día de la asociación. Unos doce negocios echan, en mayor o menor medida, una mano para que los más necesitados puedan acceder a determinados recursos. Desde Asalvo no se quiere dar mayor relevancia a la aportación de los colaboradores. «Para nosotros lo importante no es cuánto aporta cada uno, sino saber que están allí para ayudarnos a nosotros y las personas que lo necesitan», señala Fournier.

«El Rincón del Val, en plaza del Val, por ejemplo, es uno de los establecimientos que no duda arrimar el hombro cada semana que todos los martes nos hace diez litros de caldo caliente». El imparable crecimiento de esta inicialmente diminuta organización solidaria llevó a sus miembros a organizar la ya tradicional marcha solidaria, al principio para darse a conocer y ahora también para recaudar fondos para mantener e incrementar en lo posible la ayuda que prestan al cerca de medio centenar de personas que carecen de lo más básico, como un techo para guarecerse, y que sobreviven a costa de las entidades sin ánimo de lucro y de los servicios sociales municipales.

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