Así apoya Red Íncola la puesta en marcha de nuevos negocios

Ivanka Spasova, en su tienda de San Pedro Regalado/A. Mingueza
Ivanka Spasova, en su tienda de San Pedro Regalado / A. Mingueza

La entidad acompaña y sirve de mediadora para que personas inmigrantes obtengan créditos sociales para emprender su proyecto

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

El mostrador de la pastelería Loretto (en la calle Santa María de la Cabeza) es una tentación de cremas, tartas, dulces varios, petisús. Las delicias tienen nombres como savarina (que es un pastel borracho), diplomat (como llaman a un bizcocho con nata y trozos de fruta), amandina (un pastel con capuchino y crema de chocolate sabor a ron) o ecler (que parece un pepito, de tan alargado y chocolateado). Todo tan mmm. Son dulces típicos de Rumanía que Loredana Camelia se trajo de su país, cuando hace diez años hizo la maleta para venirse a España.

«Tenía aquí a una amiga que me dijo que viniera y probara suerte. Nunca pensé que me quedaría para siempre», cuenta Loredana mientras su marido, Antonio, español –se conocieron en el rellano del portal compartido–, prepara una tanda de magdalenas. Loredana trabajó durante años como asistenta en varios pisos. Hasta que un día, con su pareja también en paro, decidió montar su propio negocio y volver a vender al público esos dulces y tartas que hasta entonces solo disfrutaban sus amigos. «Al principio me daba miedo. Era una inversión muy grande. ¿Ysi no salía bien?».

Eduardo Reyes y Javier Arenas, en el comedor del restaurante Totol Naj, en la calle Santa María. En el medio, Eduardo Menchaca, Rosario Gutiérrez y María Miranda y en la imagen de abajo Loredana, con los dulces que elaboran en su pastelería de Santa María de la Cabeza. / Alberto Mingueza

En esta aventura empresarial para abrir su tienda, Loredana ha caminado de la mano de Red Íncola, la fundación que trabaja con personas inmigrantes o en situación de precariedad. Esta plataforma diseña desde hace años unos programas de empleo que acaban de dar un paso más. Ya no es solo formación, orientación laboral, una bolsa de trabajo o intermediación para conseguir un empleo.

Ahora Red Íncola colabora también para acompañar a población extranjera «y que se dedique a lo que en realidad quiere, para que monte su propio negocio», explica María Miranda, responsable del área de empleo de la fundación. «Cuando acuden al servicio y charlamos con ellos, vemos que muchos tienen experiencia en sus países de origen, que no se conforman con trabajar para otros y que prefieren tener su negocio», añade Eduardo Menchaca, coordinador de Red Íncola. Y ahí es donde la fundación comienza a colaborar. Primero, desde un punto de vista «motivador». Segundo, como un «avalista moral», que orienta, asesora y ayuda a la obtención de los fondos necesarios para que esa iniciativa emprendedora se haga realidad.

El problema con el que choca la mayoría es la dificultad para acceder a un crédito bancario. «Los hay que no tienen familia o un piso o propiedades con las que avalar el préstamo», apunta Miranda, quien explica que en esos casos Red Íncola muestra otras vías de financiación. Es vital para ello Fondesva, el Fondo para el Emprendimiento Social que respalda el Ayuntamiento de Valladolid y que gestiona la Asociación Fiare Castilla y León. Gracias a ello se ofrece un marco de préstamos con el solo interés del precio del dinero. Ni un euro más. «Red Íncola no aporta dinero, pero sí que colabora para trazar el plan de empleo, apoyar el emprendedor, hacer un seguimiento del negocio», indica Menchaca.

Todo este entramado colaborativo ha desembocado en los últimos meses en la creación de tres negocios. La pastelería de Loredana es uno de ellos. Abrió el 22 de octubre y ya ha conseguido endulzar la vida de sus vecinos con los pasteles típicos de su país, pero también con milhojas y hojaldres castellanos, que llegan a despachos de la Circular, Delicias, Medina del Campo o Aranda de Duero, con los que colabora. Apenas mes y medio para descubrir que este es el negocio que siempre quiso en su vida.

Más reciente es la propuesta Totol Naj (Casa de las aves). Este es el nombre del restaurante mexicano que la semana pasada abrió en la calle Santa María. Al frente están EduardoReyes, Eduardo Cartas, Javier Arenas y Rocío Carneros, socios de la cooperativa que ha puesto en marcha un local que combina el restaurante con la sede de la Casa de México en Castilla y León. «Cuando contamos nuestra idea en Red Íncola, nos comentaron que podíamos tomar como ejemplo lo que hacían la Casa de Galicia o la de Andalucía», asegura Eduardo Reyes, uno de los promotores de este proyecto, que también cuenta con la mano amiga de Red Íncola.

«Nos dimos cuenta de que, aunque en Valladolid ya había cinco restaurantes mexicanos, faltaba uno en el que se sirviera la comida tradicional de nuestro país, como se hace en nuestras casas, lo que se come cuando estamos en familia», indica Reyes. Ese es el espíritu que calienta unos fogones donde no se sirven nachos, sino totopos, donde todas las salsas son naturales «y no de frasco», donde se buscan proveedores de productos importados de México y se sirven guisos de mole, enchiladas y un exclusivo guacamole.

«Llevamos tan solo unas semanas y la respuesta está siendo muy buena», indica Eduardo, de profesión pedagogo, en España desde 1982, trabajador durante años en una ONG. «El apoyo de Fiare ha sido muy útil para terminar la obra del local y abrirlo», aseguran los responsables de la cooperativa, que utilizará una parte (la primera planta) como sede para la Casa de México en Castilla y León. La inauguración está prevista para el mes de febrero y ya tienen en cartera actividades como exposiciones de trajes típicos, talleres de artesanía y cocina o catas de cócteles elaborados con tequila.

La comunidad mexicana en Valladolid está compuesta por 108 personas, según los últimos datos del padrón. Muy lejos de las 2.690 de origen búlgaro, la nacionalidad extranjera con más presencia en Valladolid. Ivanka Spasova es una de esos vallisoletanos de Bulgaria. Llegó a España en octubre de 2011 para escapar de la crisis de su país.«Allí no había trabajo, la situación estaba cada vez peor», diceIvanka, quien estudió Económicas en Bulgaria, quien abrió una tienda de ropa interior, quien la tuvo que cerrar para buscar suerte en Valladolid porque los sueldos «bajaban y bajaban» y llegó un momento en el que más no podían caer.

Cuando hace seis años vio por primera vez el Pisuerga se dio cuenta de que lo primero y primordial era aprender un idioma que hoy domina. Recibió clases en Procomar y después acudió a Red Íncola para interesarse por la bolsa de trabajo. Allí se encontró con voluntarios como Rosario Gutiérrez, quien subraya la ilusión que siempre mostró Ivanka por trabajar por su cuenta. Durante años se dedicó al servicio doméstico.«En algunas casas iba cinco horas, me pagaban 400 euros y decían que nada de Seguridad Social». Hizo un curso de geriatría. Se dedicó durante una temporada a la selección de la uva. «Pero yo quería ir a mejor. Tener mi negocio», cuenta. Se enteró de que una amiga dejaba una tienda de alimentación en la avenida de Santander (en San Pedro Regalado)y decidió tomar el testigo.

El local se llama Pacishop (Paci es el nombre su hija)y los tres colores de la bandera de su país tiñen el pomo de la puerta de acceso.Dentro suena música búlgara. Ylos estantes están llenos de productos búlgaros. Queso fresco, yogures (más ácidos que los de aquí), bebidas de trigo, embutidos (con más especias) o dulces como el tulumbi. Hay mucho compatriota que se acerca por aquí para comprar lo que no puede conseguir en otros puntos de la ciudad. «Estoy contenta. La cosa va bien», dice Ivanka, quien no deja de profesar gestos de agradecimiento para sus padrinos en esta aventura empresarial, para esos «avalistas morales» que son los integrantes de la Red Íncola.

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