Con 73 años, Santiago Castro Luguillano, vuelve a torear

Ha sido en una capea privada en la finca de Toros de Tierz

EL NORTE Valladolid

Santiago Castro Luguillano volvió a coger una muleta a sus 73 años en la finca de Toros de Tierz, situada en el páramo de la Parrilla durante una capea privada.

Desde el blog de la finca lo narran así:

"De forma inesperada, la torería que atesora este gran maestro se rebeló dentro del burladero de la placita de tientas de nuestra finca y le empujó a salir al ruedo tantos años después para dar una lección de despaciosidad, de temple, de ritmo, de aguantar la embestida de la becerra metida en la muleta hasta completar muletazos prácticamente circulares, lentos y ligados.

Una lección de toreo de las que no se olvidan.

Y fue entonces cuando los que tanto hemos oído hablar de como aquel pequeño torero volvía locas las plazas en los años sesenta pudimos por fin ver la enorme personalidad del maestro.

Frágil la apariencia, macizo su toreo.

Un toreo distinto al que hoy estamos acostumbrados a ver.

Las tres claves del toreo eterno: naturalidad, temple y suavidad en las muñecas.

Un regalo inesperado, un sueño cumplido y un enorme privilegio para los que pudimos vivirlo desde el ruedo.

Dejadme que os lo cuente:

Tres muletazos de clamor y un remate de cartel, hicieron al maestro saltar de alegría, apretar los puños y celebrar orgulloso que sí, que el toreo es eterno, que el que lo tuvo lo tendrá siempre, que tantos años después, el torero, el maestro Santiago Castro Luguillano existe y está más vivo que nunca.

Una tanda más. Esta más larga, más cuajada. Un pase de pecho larguísimo y el remate airoso. Más convencido el torero para demostrar que tenía razón, que lo que siempre nos dijo es verdad, que con diez o doce muletazos se puede hacer rugir a cualquier plaza.

Y así, después de tantos años, ayer en la finca de Toros de Tierz cuando nadie – ni él mismo - lo esperábamos fuimos testigos de un instante verdaderamente especial, de ese momento en el que por fin el destino fue justo con un hombre bueno y volvió a poner en sus ya veteranos labios el dulce sabor de volver a sentirse torero".

Santiago Castro Luguillano cortó durante su carrera trece orejas en las Ventas lo que le han covertido en uno de los diestros que más veces han abierto la puerta gran de esta plaza. Su oficio se vio truncado por una cornada que le afectó a una pierna e impidió que siguiera toreando a partir de 1969 fue su última temporada. Su última faena tuvo lugar en la Monumental de Barcelona.

También fue director de la escuela taurina de Medina de Rioseco.

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