75 años de matrimonio: «Estamos aquí a base de aguantarnos»

Ángela Fernández y Arsenio Alonso, en el salón de su casa en Valladolid./ALBERTO MINGUEZA
Ángela Fernández y Arsenio Alonso, en el salón de su casa en Valladolid. / ALBERTO MINGUEZA

Los centenarios Arsenio Alonso y Ángela Fernández cumplirán 75 años de casado el 30 de diciembre, en el vallisoletano barrio de la Rondilla

ÓSCAR SAN JOSÉ HERRERO

Hoy, día 30 de diciembre, cumplen 75 años casados. Hace un cuarto de siglo conmemoraron las bodas de oro y cincuenta años atrás las de plata. Matrimonio duradero, el suyo. Ahora, para poner el broche a toda una vida juntos, se apuntan las siguientes. Lo vuelven a hacer en fechas navideñas, que fue cuando contrajeron matrimonio en el invierno de 1942. Ambos son de Villalpando, un pueblo de Zamora ubicado al este de las conocidas Lagunas de Villafáfila. Allí se conocieron y allí han continuado viviendo hasta hace escasos dos años, cuando su hija, Pilar Alonso Fernández, decidió que había llegado el momento de que se mudasen con ella a Valladolid, a su pequeño piso del barrio de la Rondilla. Ahí se encuentran ahora, ya sea en casa o saliendo de paseo, pero siempre juntos, como saben hacer.

Ellos son Arsenio Alonso y Ángela Fernández, el matrimonio más antiguo de la región de Castilla y León, y posiblemente de España. Los dos sobrepasan los cien años de edad. Él, nacido el 8 de marzo de 1915, lo hace con 102 a sus espaldas y ella, algo más joven y nacida el 29 de febrero de 1916 -en año bisiesto-, con uno menos. Haber alcanzado el siglo de vida les valió el obsequio, por parte del Ayuntamiento de su villa hace ya tres años, de sendos bastones con sus nombres inscritos y unas placas conmemorativas. Un prodigio de pareja de las que ya no quedan, tanto por sus años como por el desafío que supone mantener viva la llama de una relación durante tanto tiempo.

Ambos afrontaron numerosas dificultades, entre ellas la guerra antes de casarse

La pareja conoció la llegada de la electricidad y ciertas penurias. Entre ellas, la guerra, que asoló una España de hermanos enfrentados antes de que se casasen. Lo hicieron ya en la posguerra, en medio de un clima de estancamiento que en Europa fue caldo de cultivo de nuevos conflictos. Su historia es bonita, como verles a ellos en el sofá del salón, uno al lado del otro. «A veces se llevan como el perro y el gato», dice su hija entre risas. Ángela, con alma de niña, también se ríe, pero de la imagen de Arsenio en el Libro de Familia, que emitió el Registro Civil y simboliza su unión. «¡Qué cara de bobo tiene en la foto!».

El secreto es la convivencia

El matrimonio ha dejado sus frutos, exactamente «cuatro nietos, dos en Francia, y cuatro bisnietos». Lo dice Pilar, visiblemente orgullosa de sus padres. «Viviendo los dos son la única pareja, la más antigua de España, porque a veces se dan casos en los que vive uno o el otro, pero los dos no». Los años no pasan en balde, eso lo reflejan sus rostros, pero la compañía mutua los hace más llevaderos, algo que también se aprende viviendo y conviviendo.

«Algunas veces lo llevamos bien y otras mal, pero aquí estamos. La convivencia es importante». Arsenio parece tajante en su sentencia, con la que coincide Ángela. «Estamos aquí a base de aguantarnos el uno al otro, riñendo y sin reñir». La pareja está forjada a la antigua usanza, a base de amor y tiempo. «En el pueblo -apunta Arsenio- toda la vida he trabajado en el campo de jornalero. Sacaba leña para hacer cisco, araba... He sido criado y amo a la vez». Lo dice con dureza y ternura al mismo tiempo. Ángela, ama de casa en todo momento pero que también trabajó en auxilio social, apunta que «teníamos pupilos y me dedicaba a hacer camas y comidas».

Conocerse se conocieron en el pueblo, aunque ninguno recuerda cuándo ni cómo con exactitud. «Entonces había un colegio de chicos y uno de chicas», rememora Pilar, lo que desbanca la teoría de haberse encontrado en las aulas. «Él (por Arsenio) iba a la Nacional, como se llamaba entonces al colegio público, y mi madre a las Hermanas de la Caridad». Es el misterio del recuerdo. O, más bien, de su ausencia. Celebración por ahora no harán, aunque se inclinan por conmemorar el aniversario «en agosto, que viene la familia de Francia y queremos ir a comer a un restaurante de Villalpando, como en sus cumpleaños».

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