Álvaro Salgado, plata en la Olimpiada Internacional de Filosofía

ÁLvaro Salgado./R. G.
ÁLvaro Salgado. / R. G.

El vallisoletano elaboró en cuatro horas, a partir de un texto de Spinoza, un ensayo en inglés sobre la tolerancia

Antonio G. EncinAS
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Cosas que sabemos de Rotterdam. Que juega el Feyenoord. Que es uno de los grandes puertos de Europa. Que está en Holanda. Y sí, claro, que allí nació y vivió un tal Erasmo. Ya igual es más difícil recordar que la familia de otro filósofo, Baruch Spinoza, se exilió allí. Y más complicado saber que la Carta sobre la Tolerancia de John Locke también se escribió allí, cuando el británico se refugió en la ciudad.

Y saber todo eso con 16 años e hilvanarlo con la historia de la democracia, los Estados y la libertad en un ensayo en inglés en cuatro horas... Eso sí que es complicado. E inusual. Y por eso su texto le valió a Álvaro Salgado Carranza, alumno de 1º de Bachillerato del Colegio Lourdes, la medalla de plata en la Olimpiada Internacional de Filosofía.

«De los cien participantes se condecora a un tercio de ellos», dice con humildad. Pero no todas las condecoraciones valen lo mismo, claro. «Dentro de ese tercio, hay veinte menciones honoríficas, cinco medallas de bronce, cinco medallas de plata y tres de oro». Junto a él, fueron plata Mihnea Bâlici (Rumanía), Hrvoje Kožic (Croacia), Rosalie Looijaard (Holanda) y Victor Mordhorst (Dinamarca). Y por encima, los tres oros: Mor Divshi (Israel), Nóra Schultz (Hungría) y Milan Milenovic (Serbia). España tiene una historia muy breve en la Olimpiada Internacional, puesto que solo participa desde el año 2012, según recoge la página de la IPO (International Philosophy Olympiad). En estos años solo había conseguido una medalla de bronce. Así que lo de Álvaro Salgado es un hito para nuestro país.

A Rotterdam llegó, curiosamente, con la medalla de plata de la Olimpiada Nacional, que se había celebrado en Murcia. «El primer día se nos hizo una recepción, se nos dio la bienvenida, asistimos a algunas conferencias y hubo una pequeña fiesta. Y al día siguiente fue la realización del ensayo».

Luego hay dos días más en los que los participantes, que tienen los gastos cubiertos pero que se deben pagar el viaje salvo que su país se haga cargo del gasto –cosa que aquí no ocurre–, pueden disfrutar de la ciudad mientras se deciden los ganadores. Eso sirve, cuenta su padre, para que ahora tenga "el Facebook" lleno de nuevos amigos de las más diversas partes del mundo. Nada más acorde con el tema escogido para esta Olimpiada: la tolerancia.

«Había que redactar un ensayo y se nos daban cuatro horas y nos entregaban cuatro textos de cuatro autores diferentes que versaban sobre la tolerancia, cada uno con sus particularidades. Debíamos escoger uno y a partir de él redactar nuestro propio ensayo», explica Álvaro. Y él eligió uno de Spinoza. «No es un examen, no se evalúan solo nuestros conocimientos de la disciplina, sino la capacidad de que seamos nosotros mismos los que hagamos una argumentación y ofrezcamos nuestro punto de vista. Eran cuatro horas y de entre todos decidí escoger un texto de Spinoza».

Y claro. Spinoza. ¿Qué decía Spinoza? «Pues decía que era imposible criticar las leyes del Estado sin cuestionar la autoridad de dicho Estado, pero que la libertad de pensamiento y de expresión son esenciales siempre y cuando el individuo no pretenda imponer su autoridad sobre el Estado".

Esa idea es la que sirvió a Álvaro para enfocar su ensayo. Durante la primera media hora pensó, reflexionó, hizo alguna anotación, un esquema... Y luego escribió. No mucho. «No quería escribir trece hojas, como algunos compañeros, porque en mi opinión denota que te has puesto a escribir sin pensar. A mí no me da tiempo a escribir trece hojas en cuatro horas», sonríe.

El ensayo

Dicen los manuales de periodismo que no se deben escribir párrafos largos y que hay que simplificar lo que cuenta el entrevistado para hacerlo accesible al lector. Pues esta vez no. Porque es imposible resumir mejor, y de forma más inteligible, lo que expuso Álvaro en su ensayo. Así que ahí va.

«Decidí desarrollar una idea acerca de cuál debería ser el futuro de nuestros sistemas democráticos actuales. Exploré un poco el tema de la libertad, de cómo se veía en el pasado, antes del Romanticismo, en esa premodernidad en la que todo está en un pequeño cosmos y el hombre cumple una función. La libertad es política, pero no hay una libertad individual. Después llega el romanticismo, en el que precisamente se busca lo contrario, una subjetividad tan exacerbada que lleva a una alienación del individuo, a una anomia, una falta de leyes que busca esa libertad completa y absoluta. Ahora que estamos en el momento de crisis, de cambio, hacia la posmodernidad, ¿qué debe ser el hombre?».

Y él mismo responde: «Yo postulo que debe ser un ciudadano. Libre, pero ciudadano. Es decir, debemos aprender a ser libres en comunidad. Y a partir de eso estudié un poco el concepto de Estado desde esos primeros estados democráticos en Atenas, que eran en realidad el gobierno de los hombres ricos, pasando al desarrollo de los estados modernos y a las democracias actuales, que están amenazadas de muerte por los virus que hemos puesto en ellas de corrupción, de falta de representatividad, de una regresión hacia una partitocracia que en realidad no es una democracia». (¿Les suena?).

«Lo que defendí es que si tenemos una democracia, la ley debe ser aquella que exprese la voluntad de un pueblo, a través de representantes que sean voceros de sus electores, no que impongan su propia voluntad. Después está la responsabilidad individual de cada uno de mantener un escrutinio sobre sus representantes, además de la responsabilidad de no tratar de imponerse sobre los demás. Así, defiendo que la democracia puede ir bien. Que vaya bien es otra cosa».

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