Volar en Globo a los 90 años

La segoviana Lucila Velasco celebra por adelantado su cumplealos en el cielo de Valladolid

El globo a su paso por encima de la ciudad de Valladolid.
El globo a su paso por encima de la ciudad de Valladolid. / E. Martín
Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

Quién le iba a decir a Lucila Velasco de Frutos que iba a pasearse en globo a los 89. Ojo, no es que se haya querido quitar años: en mayo cumplirá nueve décadas que no le restan un ápice ni de alegría ni de energía. Con ayuda del técnico de tierra y de su hijo se aúpa a la cesta, bajo un chorro de llamas que levantará al globo multicolor, que tiene capacidad para 16 personas. La empresa Vallaglobo hace flotar a este gigante de unos 360 kilogramos de mimbre y 32 metros de altura siempre que el viento lo permite: solo hay otro aerostático más grande en España.

La mañana de la fiesta de la Virgen de San Lorenzo amanece con el viento del noreste y buenas condiciones de vuelo, así que el objetivo de deambular sobre la ciudad se verá satisfecho. Roberto Pérez, el piloto que dirigirá el artefacto, presenta a Lucila y explica su ilusión al resto de tripulantes antes de comenzar a ‘inflar’ el globo. «Ya que no pude montar en globo de joven, lo hago de vieja», ríe ella, halagada. Eduardo Martín Velasco, hijo de la aventurera, decidió, en colaboración con los otros cinco hijos de Lucila, cumplir como regalo de cumpleaños anticipado una de sus mayores aspiraciones: volar. Él hace parapente y, walkie talkie en mano, se comunica con algunos compañeros que esperan ya en el aire. La protagonista cuenta que ya había disfrutado de vuelos en avión, pegada a la ventanilla («¡si en una ocasión hasta me cambiaron el sitio porque me veían muy interesada!»), y casi se diría que se queda con las ganas de montar en el parapente. Maestra de párvulos, trabajó en el colegio José Zorrilla, en el Jacinto Benavente y en el Macías Picavea. Confiesa que la mayor alegría de su vida, por encima del vuelo, fue compartirla con su marido, ya fallecido y también profesor. Tanto a ella, de Segovia, como a él, de Salamanca, el trabajo les llevó hasta Valladolid. Estuvieron casados medio siglo: «Y tres años de novios», añade ella con orgullo y una media sonrisa tímida.

Lucila Velasco de Frutos posa sentada delante del globo antes de despegar. / Ramón Alonso

El aterrizaje, en una expedición de estas características, es un factor que no se puede predecir, ya que hay que adaptarse a dónde lleve el viento. El equipo de tierra sigue con la vista, con la furgoneta y el remolque al globo de colores, que al final toma tierra cerca de la urbanización de Casasola, en Renedo. «Yo le propuse este día a su hijo porque sabía que por las condiciones íbamos a aterrizar muy suave», reconoce Roberto Pérez. Aunque el hecho de que el lugar del despegue fuera el cementerio del Carmen suscitó bromas que se ponían en lo peor antes de soltar lastre, lo cierto es que el vuelo, según el equipo de Vallaglobo y los propios turistas, fue muy plácido. Alrededor y con su particular baile, los parapentistas escoltaron al globo.

Desde arriba, la mirada de la antigua maestra, suscriptora fiel de El Norte de Castilla, busca la silueta de San Pablo, (ya que destaca una zona familiar para ella) y conversa con el niño que viaja también en el globo aerostático. Ser la más mayor y el más joven respectivamente les hace desarrollar cierta complicidad, a la que se une la totalidad del grupo. El ambiente que generan los comentarios y la charla presente deja buen recuerdo en todos. «Ha sido un viaje entrañable de principio a fin», afirma tras el vuelo el piloto. «Quiero dejar claro que esta es una actividad para todos los públicos, siempre que los aspirantes se encuentren bien físicamente», explica. Con banqueta, ayuda y un poco de cuidado, Lucila Velasco no ha tenido ningún problema. Ni siquiera parece haberse planteado que pudiera tener uno. Durante esa hora en el aire, ella no ha dejado de señalar maravillada los elementos que reconocía. «Ahora que tengo tiempo para ello, mis hijos me ayudan a cumplir una serie de ‘caprichos’», cuenta la mujer. «Esta lista también incluye cosas como viajar al pueblo en el que nací (Valleruela de Sepúlveda, Segovia) o hasta aquel en el que saqué las oposiciones».

Productos de la tierra al tocar el suelo

La flota de Vallaglobo se compone de tres artefactos aéreos nuevos, con capacidad para 4, 10 y 16 personas respectivamente. Fundada en 2010, a día de hoy la empresa es la única con este tipo de negocio en Valladolid. También la única que opera en Castilla y León con domicilio físico y fiscal dentro de la comunidad. Una distinción especialmente importante es la comida: Roberto Pérez, piloto de la empresa, recuerda su primer vuelo y cómo el tradicional ‘brindis’ fue servido casi con prisa. Él decidió que no sería así en su negocio. «No me gusta la palabra picnic ni almuerzo porque nos gusta montar una mesa bien», remacha. Así, allá dónde aterricen sustituyen el champán por Ribera de Duero y añaden productos de la tierra para que todo el grupo coma y añada así a la experiencia enoturismo y cata gastronómica.

La canasta y los pies de todos hace ya rato que están en el suelo. Sin embargo, las ganas de soñar de todos los presentes, incluida Lucila, se han quedado enganchadas en un trocito de cielo, tela y aire caliente.

Fotos

Vídeos