Cómo han afectado a Valladolid 10 años de crisis

Transeúntes en la calle Santiago en la ciudad de Valladolid/Ramón Gómez
Transeúntes en la calle Santiago en la ciudad de Valladolid / Ramón Gómez

Después de tocar fondo, la provincia remonta en creación de empleo y gasto en el hogar, sin alcanzar aún las cifras perdidas en 2007

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

Y aquí estamos, diez años después. Aquel verano de 2007 parece de otro mundo. La tasa de paro estaba por los suelos (6,82%) y el precio de la vivienda, por las nubes (casi 1.700 euros el metro cuadrado). ¿Prima de riesgo? ¿Preferentes? ¿Desahucios? No había letras para palabras así en los titulares. Cuando en agosto de 2007 llegaban desde Estados Unidos las primeras noticias sobre hipotecas basura, nadie fue capaz de predecir lo que llegaría después: que explotaría la burbuja inmobiliaria, que vendrían cierres de empresas, que habría millones de personas sin trabajo, que menguaría la hucha de las pensiones. Los recortes, los ERE, la precariedad. Hoy, diez años después, cuando se cumple un decenio de aquel fatídico verano de 2007 en el que todo comenzó, hoy es momento de echar la vista atrás y ver cómo ha cambiado Valladolid en estos diez años de recesión. Porque la crisis ha influido. Mucho. Hay datos que lo demuestran. Cifras que certifican que lo peor ya pasó, que la provincia sale del bache. Estadísticas que permiten dibujar cómo es el Valladolid que se escapa, por fin, de diez años de crisis.

Demografía Una población más envejecida... y con más jóvenes fuera

Había 521.661 personas que vivían en la provincia vallisoletana a principios del año 2007. La cifra creció a gran velocidad hasta 2011, cuando se marcó techo con 534.874 residentes. Este incremento se debió, sobre todo, a la importante llegada de población extranjera, que desembarcaba en España atraída por un boyante mercado de trabajo. En 2007, había 23.087 residentes llegados de otros países (mayoría de Bulgaria, Rumanía y Marruecos). En 2011 eran 33.257. El último dato, con el padrón a 1 de enero de 2017, dice que son 22.915. Los hay que han obtenido la nacionalidad española. Pero también son muchos los que se han mudado a otras provincias o regresado a sus países de origen en busca de una oportunidad aquí truncada. Esta marcha de población extranjera tan pronto infló los registros demográficos como los ha deshinchado después. Hay otro fenómeno destacado. En 2007 había 92.855 vecinos con más de 65 años (el 17,8%). En 2016 eran 113.259 (el 21,6%). Esto nos habla de una provincia cada vez más envejecida y que tiene consecuencias económicas, claro. En 2007 había 95.098 pensiones de la Seguridad Social en vigor. En 2016 eran 111.461. Un incremento del 17% en el que también influye el aumento de las prejubilaciones. Si volvemos a lo puramente demográfico, el descenso no solo se explica por que el saldo natural es negativo (nacen menos personas de las que mueren; 46.057 nacimientos y 46.950 defunciones entre 2007 y 2016), sino porque también hay una pérdida de residentes por culpa de aquellos, sobre todo jóvenes, que salen de Valladolid en busca de un trabajo. Y aquí la situación económica también influye. Entre 2008 y 2016 hubo 51.135 personas que se marcharon de Valladolid a otros puntos del país (el principal destino: Madrid). En ese mismo periodo llegaron 47.125 (también de Madrid, pero con importantes flujos desde Zamora y Palencia).

Empleo Valladolid tiene 9.346 parados más que en el año 2007

Como telón de fondo de estos movimientos demográficos está, en muchos casos, el mercado de trabajo, muy vapuleado durante estos diez años, en los que se ha alcanzado el récord de desempleados. Abril de 2013 marcó el máximo, con 54.138 personas en paro. Desde entonces, la cifra ha caído y el último dato, de julio de este año, dice que hay 34.192 desempleados en la provincia. Son casi veinte mil menos que en 2013, pero la cifra es superior a la que había en 2007, cuando se desencadenó la crisis y había en Valladolid 24.846 personas sin trabajo. Así que, la provincia sale de estos diez años de crisis con 9.346 personas más en las listas de desempleo. En el último trimestre de aquel año 2007 la tasa de paro era del 6,82%. En el último trimestre de 2016, del 13,96%. El porcentaje actual es similar al de principios de 2009, cuando la crisis dio sus primeros zarpazos con el cierre de empresas.

Menos centros de trabajo Baja el número de empresas y sufren sobre todo las pymes

El bosque empresarial de la provincia tiene hoy menos árboles. El incendio provocado por la crisis se ha llevado por delante cientos de negocios. La primera referencia de hace diez años, de aquel 2007 en el que todo se torció, habla de 35.173 empresas en la provincia. La cifra creció algo el año siguiente (hasta las 35.479), pero las apreturas económicas empezaron a hacer mella y fueron muchos los negocios que tuvieron que echar la verja y cesar su actividad. El mínimo se marcó en 2014, con 32.790 empresas. Desde entonces la cifra ha crecido (este 2017 empezaba con 33.587), pero, aún así, tampoco aquí se han logrado recuperar los niveles de diez años atrás. Un informe del Servicio Público de Empleo (SEPE) certifica que la mayor destrucción de empleo se ha dado en los centros de cotización que tenían entre 6 y 25 empleados afiliados al régimen general. En 2009 eran 3.332 negocios. Ahora son 3.080. La misma estadística dice que en Valladolid hay 21 grandes empresas que tienen más de 500 empleados. Al principio de la crisis, en 2007, eran 19. Y unido a esto, están los expedientes de regulación de empleo, que en Valladolid vivieron su peor momento en 2009 (con 13.024 trabajadores afectados)y 2012 (con 16.763 trabajadores). La cifra ha bajado hasta los 1.032 con los que se cerró el año pasado.

Por sectores El enorme zarpazo a la construcción y el repunte de la industria

No hay muchas dudas (en realidad, no hay titubeo alguno) cuando se inquiere por el sector económico que más ha sufrido durante este último decenio. Basta con pasear por la capital vallisoletana y buscar grúas, comparar el hoy con aquellos años de andamios por doquier. El ladrillo se ha llevado gran parte de los golpes de esta crisis. En 2007, había 22.068 trabajadores afiliados al sector de la construcción. En 2016 eran la mitad, 11.063. Diez mil personas menos en el tajo y con una recuperación lenta, lentísima. También la industria sufrió un severo bache durante estos diez años de crisis. En 2007 había 32.758 afiliados y en 2013 se alcanzó un mínimo de 28.444. Pero, desde entonces, la situación ha mejorado hasta igualar (y superar ligeramente) aquellas cifras previas a la recesión. A finales de 2016, los registros de la Seguridad Social tenían 32.768 afiliados en la industria. Este indicador es importante porque el peso de este sector secundario es mayor en la economía vallisoletana que en la del conjunto del país, lo que dicen los expertos que es síntoma y garantía de mejores cifras de empleo. El tirón del sector de la automoción (con Renault y su constelación de auxiliares) es vital para explicar el comportamiento industrial en Valladolid. También ha caído el número de afiliados en agricultura (de 11.229 a 9.694 afiliados), con un incremento en los servicios (de 147.195 a 150.095). Ha crecido el empleo en hostelería (eran 13.193 en 2010 y 14.024 en el año 2016), empujado por las opciones de autoempleo y la apertura de un bar como alternativa al Inem. Y ha caído ligeramente el empleo en comercio (de 32.741 de 2010 a 32.681 en 2016), también un sector que ha salido muy tocado de estos diez años. El autoempleo que parecía alternativa en los primeros compases (el número de autónomos creció mucho en 2008) no ha cuajado, con aventuras empresariales inciertas, muchas de las cuales tuvieron que cerrar al poco tiempo. Y no habría que olvidar un dato vinculado con todos estos datos del mercado laboral. Antes de que la crisis golpeara nuestras economías, el abandono escolar se situaba en el 23,7%. Y alcanzó su máximo en el 27,3% de 2011. Eran tiempos en los que era tentador dejar los estudios cuando había un mercado laboral (sobre todo vinculado con la construcción) que ofrecía sueldos mucho más altos que los que podría obtener un licenciado. La obra salía mejor que la titulación universitaria. Y muchos jóvenes vallisoletanos optaron por esa alternativa. Es verdad que en cifras inferiores a otras comunidades (como Valencia o Baleares, donde la tentación venía del turismo), pero con importante incidencia. El abandono escolar en Castilla y León se sitúa hoy en el 17,3%. Los libros como instrumento contra el paro. También eso es consecuencia de la crisis.

Vivienda Menos pisos, menos hipotecas

Esa especial incidencia del paro entre los trabajadores de la construcción se resume en dos palabras: burbuja inmobiliaria. Esta fue, en sus primeras manifestaciones, una crisis del ladrillo. La espectacular escalada de la construcción (solo en 2007 se levantaron tantos pisos libres como entre 2010 y 2016; en un año, tantas casas construidas como luego en siete) se encontró después con un frenazo brutal. Esto tuvo esa incidencia ya comentada en el empleo, que no solo afectó a aquellos que trabajaban directamente en la obra, sino que también incidió en empleos vinculados: puertas (con comarcas muy afectadas, como Íscar), muebles, fontanería, electricidad... Hay una vertiente financiera que no conviene olvidar. Hace diez años, la compraventa de viviendas implicó 9.156 operaciones. En 2016 fueron 4.400. Y engarzado a esto hay más cifras, como el número de hipotecas suscritas. Hace diez años, en 2007, con un precio de la vivienda desorbitado, se firmaron 20.061 préstamos hipotecarios. Eran los tiempos de la barra libre en las entidades bancarias (que también han sufrido rescates y cierres; de las 3.162 entidades que había en 2008 en toda Castilla y León se ha pasado a 2.149). El último dato anual habla de 4.254 hipotecas firmadas. La cifra ha crecido en estos últimos años, lo que apunta a una recuperación que se ha empezado a trasladar, también, al precio medio del metro cuadrado. Comprar una casa es hoy ya más caro que en 2014. Los expertos hablan, y los datos constatan, de un progresivo encarecimiento del mercado inmobiliario, aunque de momento estamos muy lejos de los altísimos valores anteriores a la crisis. El precio medio del metro cuadrado (vivienda libre) en el primer trimestre de 2007 estaba en 1.691 euros en la provincia. A principios de este año eran 1.163 euros. Y un flanco más: el del drama de los desahucios. Fueron 287 en el año 2008; hasta 885 en 2011; todavía 582 en 2016.

Renta disponible Mayor control del gasto en el hogar

El incremento del número de parados y la situación del mercado laboral ha tenido influencia clara en el bolsillo de las familias. Antes de la crisis, la renta media por hogar era de 26.525 euros anuales. Ahora está en 25.255 euros al año. Este recorte en los ingresos se ha traducido en una modificación de nuestros comportamientos a la hora de consumir. Por ejemplo, en la cesta de la compra, con la proliferación durante estos años de marcas blancas vinculadas, especialmente, con supermercados de barrio. También se ha notado en la compra de vehículos. De los 21.297 que se matricularon en 2007 se ha pasado a los 12.897 de 2016. También en este caso se ha notado una recuperación del mercado, después del mínimo de 7.508 vehículos matriculados en 2012. Esto tiene su incidencia en otro aspecto. Antes de la recesión, la antigüedad de los coches que circulaban por nuestras carreteras era de ocho años. Hoy, de 11,7. Los vallisoletanos salimos de esta crisis con coches más viejos.

Calidad en el empleo Contratos más cortos, más trabajo temporal

Todo este dinero disponible en los hogares tiene mucho que ver con el empleo. Ya no solo con tener trabajo. También con qué tipo de trabajo. Porque estos diez años han moldeado las condiciones generales del mercado laboral. En 2007 hubo 90.947 personas que se repartieron la firma de 203.548 contratos de trabajo. En 2016 fueron 79.162 personas para 213.066 contratos. ¿Esto qué quiere decir? Pues que la duración del contrato era cada vez menor, por eso se firmaron más entre menos trabajadores. El 10,59%de los contratos suscritos en 2007 eran indefinidos. Ahora, suponen el 8,73%. Hace diez años, el 29% de los nuevos contratos eran a tiempo parcial. Ahora, casi el 43%. Las cifras generales de afiliación dicen que el 67% de los trabajadores del régimen general disfrutaban en 2007 de un empleo indefinido. Este porcentaje ha bajado hasta el 56% en 2016. Todo esto nos habla de una creación de empleo a base de contratos con fecha de caducidad, lo que genera más inestabilidad. La buena noticia es que el ritmo de creación de nuevos puestos de trabajo ha permitido volver a niveles de empleo del año 2008.

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