Susana Molina: «Tenemos mucha presión por trabajar los contenidos y dejamos de lado los sentimientos»

Susana Molina posa en su aula.
Susana Molina posa en su aula. / Mara González
  • Esta profesora vallisoletana ha recibido el tercer premio de 'Buenas prácticas Docentes' de la Universidad Pontificia de Salamanca, gracias a 'Lavamagic: la lavadora de las emociones'

«Me reconocerás porque tengo el pie malo», y efectivamente no tardé ni 2 minutos en verla. «Pues con la bobada ya llevo varios meses así, de hecho, por eso empezó todo». Susana Molina lleva 10 años trabajando en el colegio Sagrado Corazón ‘La Anunciata’ de Valladolid, y este curso ha sido premiada por su innovadora técnica para desarrollar la inteligencia emocional de sus alumnos.

Una lesión la tuvo más de dos meses de baja, «cuando volví la clase no funcionaba, había perdido la unidad y decidí atajarlo con las emociones. Pensé en crear un producto cotidiano, que estuviera en el entorno y que resultase cercano. Eso junto a la expresión 'lavar los trapos sucios' dio lugar a 'Lavamagic'. Aunque reconozco que tuve miedo de que alguno cayese en el tópico machista diciendo que era cosa de niñas, finalmente me lo tomé como una oportunidad para trabajar la igualdad. Pero no hizo falta, les encantó a todos»

Su funcionamiento es muy sencillo: metemos el trapo sucio en la lavadora con el nombre de la emoción que queremos lavar. Después, decidimos: ciclo corto para reflexionar con nosotros mismos, y así trabajar la inteligencia intrapersonal; o ciclo largo, desahogándonos con nuestros amigos y entrenando la inteligencia interpersonal. Y si después de todo, todavía quedan manchas un centrifugado en forma de abrazo, y suavizante como colonia.

Aunque esta profesora es de las que creen que los deberes sirven para afianzar conocimientos, una vez a la semana la única tarea que pone es la de crear cualquier «cosa: una canción, una poesía... un día una me trajo un bolso dispone todo». «Tengo un grupo muy diverso, hay alumnos con trastornos, con altas capacidades y otros a los que ya les afecta presión por un examen. Por eso es necesario aprender a controlar las emociones y la frustración».

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Pregunta: Ya hemos hablado de 'Lavamagic' ¿pero qué son los 'emodiarios'?

Respuesta: La historia de la lavadora quedaba muy en el aire y para que quedase plasmado todo este trabajo de alguna forma se me ocurrió escribirlo en los emodiarios. Al principio había uno de grupo pero siempre había algún alumno esperando, así que decidí hacer uno para cada uno. Lo trabajamos en momentos puntuales y alguna vez por la mañana. Yo les digo: ‘me pone triste…’ o ‘lo que más me enfada es…’ y después voluntariamente quién quiera lo lee. A veces son ellos que me dicen que se lo de un momento porque quieren escribir.

Varios alumnos del Sagrado Corazon 'La Anunciata' posan con sus emodiarios

Varios alumnos del Sagrado Corazon 'La Anunciata' posan con sus emodiarios

P: ¿Cómo es la rutina con los niños?

R: Pues trabajábamos en tres momentos puntuales: después del recreo, que era cuando más conflictos se creaban; al principio de la jornada; y cuando ellos lo pedían. Al principio fue así, pero ahora me piden ellos usar la lavadora en circunstancias especiales como fallecimientos o incluso cuando llegan por la mañana porque han visto como sus padres se enfadaban al no encontrar aparcamiento y lo pagaban con ellos.

P: ¿Qué crees que puede pasar con este grupo cuando cambien de profesora?

R: Se puede deshacer el trabajo hecho. Esto es un entrenamiento y no acaba en un curso. Se debe entrenar continuamente. Por eso lo de la lavadora se podía establecer en el primer ciclo y en el segundo algo más moderno. Pero seguir trabajando, y desde el Centro proponer reuniones y un proyecto concreto, de forma que caigan con el profesor que caigan, con la actividad tutorial se trabaje siempre con el desarrollo de los sentimientos.

P: ¿Cómo se trabaja desde el Centro las emociones?

R: A principio de curso un grupo de profesores recibimos formación para el desarrollo de la inteligencia emocional y métodos para ponerla en práctica. Y a nivel de centro, se trabaja sobre todo en situaciones puntuales después del recreo o con dinámicas de concentración, música y relajación. En educación infantil se le da más importancia porque la etapa lo requiere, trabajan en asamblea.

P: ¿Encontraste alguna dificultad a la hora de poner en marcha tu proyecto?

R: La verdad es que lo tuve bastante fácil. La principal dificultad fue el tiempo. Los profesores estamos muy presionados por los contenidos. Tenemos que trabajar más con el corazón y menos con la razón, y sin embargo dejamos de lado los sentimientos porque no hay tiempo. Me hubiese gustado sacar adelante todo esto sin sacar horas de los contenidos porque no avanzas, y siempre tienes en mente la posibilidad de que pueda haber familias que piensen que lo que haces es una pérdida de tiempo porque no estás dando lengua o matemáticas.

P: ¿Cuál fue la emoción más difícil de ‘lavar’?

R: Les cuesta mucho la rabia. He tenido varios casos en los que la rabia contenida es tanta que no les salen las lágrimas. Esa es la emoción más negativa. Tienen que aprender a controlar lo que sienten y a veces les cuesta llorar por vergüenza o porque no están acostumbrados a exteriorizar sus emociones y lo retienen.

El sistema educativo y las emociones

Cada trapo tiene el nombre de una emoción.

Cada trapo tiene el nombre de una emoción. / Mara González

P: El desarrollo de la inteligencia emocional está muy de moda. De repente, todos escuchamos hablar de eso ¿a qué crees que se debe?

R: Yo creo que todo lo que nos está tocando vivir a nivel social, todos los problemas que abren cada día el telediario, nos ha hecho reflexionar sobre el tipo de estudiantes que están saliendo de las aulas. Y por otra parte, los medios de comunicación y las redes sociales que sirven como altavoz para conflictos que existen y que no teníamos en cuenta. Hoy en día conocemos el TDH, porque se comparten artículos en Facebook o nuevas formas de 'bullying', porque alumnos lo cuentan en las redes sociales.

P: ¿Crees que el desarrollo de las emociones en la educación es una moda pasajera, o hay una preocupación real?

R: La pelota está en el tejado de los profesores. Ahora que está saliendo una nueva hornada de nuevos profesores con edades y formación diferentes yo quiero confiar en que esto cambiará. También es cierto que ayudaría si hubiese una asignatura en la carrera de magisterio que enseñase a cómo trabajar la inteligencia emocional con niños, porque hay maestros que entran y salen de las aulas como si nada, cuando en realidad tienes en tus manos el futuro.

P: ¿En el entorno familiar se le da importancia al desarrollo de a inteligencia emocional?

R: Se le da importancia pero se le debería dar más, porque en el fondo no se les escucha. En seguida se les da objetos para silenciarlos. Se está perdiendo mucho el diálogo.

P: ¿Qué le dirías a unos padres que no hablan de sentimientos con sus hijos?

R: ¡Pues es difícil eh! [se toma unos segundos para responder]. Si quiere que su hijo sea una buena persona, autónoma e independiente, mejor darle más importancia a los sentimientos que a un 9 en el examen de lengua. A veces veo chavales de 17 años que van con sus padres a hacer la matrícula porque no saben. De qué sirve ser un 'cerebrito' si no sabes ir a la compra solo, si no sabes entablar una conversación.

P: ¿El sistema educativo plantea estas cuestiones?

R: Sí. Se supone que debemos trabajarlo, pero siempre tenemos el problema del tiempo. Se le da más importancia al contenido de las materias instrumentales que a enseñar o educar en esas otras cuestiones.

P: ¿Cuándo empiezas a trabajar con un niño, notas si ya hay trabajo hecho previamente desde casa?

R: Sí, se aprecia. Hay niños que te abrazan directamente y otros se apartan, o en un primer momento no saben bien cómo reaccionar cuando hacemos juegos de confianza o de reconocer a nuestro compañero.

P: ¿A partir de qué edad empezarías a trabajar la inteligencia emocional de los niños?

R: Cuanto más pequeños mejor. Desde que van a la guardería, son auténticas esponjas. Cualquier cosa, una música que les inspire tristeza, otra que les inspire alegría. Ponerle un dibujo de un muñeco o lo que sea y preguntarle cómo lo dibujaría alegre o cómo triste.