«El futuro tecnológico ya está aquí, pero no llega a todos por igual»

Rebeca Minguela, este fin de semana en Nueva York.
Rebeca Minguela, este fin de semana en Nueva York. / EL NORTE
  • Rebeca Minguela García, vallisoletana elegida Joven Líder Mundial del Foro de Davos

Desde que dejó el instituto segoviano de Cuéllar, donde residían sus padres profesores, Rebeca Minguela (Valladolid, 1981) no ha dejado de hacer y deshacer maletas, coger taxis y aviones. No importa los continentes, ni las lenguas. Aunque ella ya lo sabía desde hace un mes, la semana pasada se hizo público que esta ingeniera en Telecomunicaciones había sido elegida por el Foro Económico Mundial como Joven Líder (Young Global Leaders) de entre un centenar de candidatos del todo el planeta.

Ahora vive en Nueva York, su puente aéreo con Madrid, donde está una de las sedes de su empresa. A inicios de abril, Rebeca será ‘coronada’ en la cumbre del Foro de Davos, que tendrá lugar en Buenos Aires.

–¿Cómo ha recibido esta elección?

–En principio con sorpresa, porque son miles de personas las que optan en un proceso al que te nominan por tu trayectoria. Es un honor y espero cumplir con la responsabilidad los próximos cinco años.

–¿Cuál será su cometido?

–Participar en los Foros Económicos Mundiales conllevan acudir también a encuentros en Latinoamérica, África o Asia, donde se discute sobre el futuro.

–Su trayectoria es un reflejo de esa ‘juventud tecnológica’, que sale de lo local y mira a lo global, y viceversa?

–Desde que salí de Cuéllar con 18 años para estudiar en Madrid no he parado. Empecé con 16 años, con la Ruta Quetzal, en un viaje por Latinoamérica. Luego estudié en Alemania y Harvard, he trabajado en Londres, vivido en Seattle, Bostón, San Francisco... Mi vida es un poco complicada. No paro de reuniones y de viajes. Me mudé hace un año a Nueva York desde San Francisco. Pese a todo, sigo manteniendo mis vínculos no solo con la villa segoviana, sino con Campaspero, donde está mi familia materna. Estoy orgullosa de mi tío Carlos, dueño del restaurante Mannix, y de mi prima Gema, que hace unos postres maravillosos.

–¿Hace falta salir fuera para tener reconocimiento?

–Se habla mucho de la fuga de cerebros, y pienso que salir es muy positivo. Hay oportunidades en España y en Castilla y León, pero es cierto que salidas como las que yo he tenido que hacer, para trabajar en la Agencia Aeroespacial Alemana, no salen todos los días. Pienso que las administraciones deberían potenciar las habilidades tecnológicas que es por donde está yendo el progreso económico y el futuro.

–Trabaja ahora en el sector de la inteligencia artificial que puede provocar la desaparición de muchos empleos. En ese mundo de robots, ¿sobre gente?

–Ese es uno de los debates que hay aquí en Estados Unidos y en otros países. Creo que debemos prepararnos para ello. Los sistemas educativos deben pensar más en las nuevas habilidades tecnológicas y menos en la teoría. El debate que hoy hay es qué hacer con los salarios, o si se debería poner impuestos a la automatización de los procesos. Creo que en vez de suprimir trabajos, lo que deberíamos hacer es generar más pero con menos horas, es decir, buscar el pleno empleo. Estamos en un momento en el que no todo el mundo tiene habilidades tecnológicas, y eso es lo que hay que fomentar.

–¿La tecnología va a favorecer el desarrollo económico, o el sistema se quedará en suplir a las personas por máquinas?

–Soy una defensora de la tecnología porque con ella todos podemos vivir mejor. El problema es que el futuro tecnológico ya está aquí, pero no distribuido igual para todos. Debemos progresar en el reparto de los recursos y del trabajo. No solo podemos pensar en desarrollar que con un teléfono móvil podamos pedir un taxi, mientras que hay gente que no tiene para comer. El mundo no puede ser bipolar.

–¿Se pueden crear empresas sin tener activos, ni oficinas?

–Por supuesto que sí. Yo no tenía nada cuando fundé Blink, la plataforma de reservas para hoteles que me compró Groupon. Es necesaria una idea y, si es buena, ya vendrán luego los fondos privados para respaldar su desarrollo. El perfil de confianza y el trabajo en equipo es fundamental para que los inversores confíen en ti. De todos modos, algunas de las empresas tecnológicas que han surgido en los últimos años, como Facebook o Google, han sido repeticiones de ideas de otras que ya existían, y se han mejorado.

–En ese ámbito internacional, ¿alguna vez pensó ‘qué idea más buena para ejecutar en Castilla y León’?

–Lo que sucede en nuestra región y en España es que no contamos con líderes fuertes para ejecutar las cosas de principio a fin. Por otro lado, nos falta preparación en el ámbito político y de negocios. No sé si los políticos que tenemos están preparados para estos cambios y tomar decisiones políticamente incorrectas. Con los actuales medios podríamos hacer cosas a distancia. Yo trabajaba desde mi casa de Seattle para Groupon, y dirigía equipos en tres o cuatro ciudades de EE UU. Lo que hacía desde Seattle lo podría haber hecho desde Cuéllar. Cada vez más se trabaja desde casa sin necesidad de tener que ir a la oficina.

–Usted ha trabajado durante un tiempo para el Banco de Santander en el desarrollo de su negocio digital. El sistema financiero cierra oficinas y despide empleados, y se manda a los clientes a Internet para ahorrar costes. ¿Nos queda mucho por ver en este sector?

–No creo que sean las entidades bancarias las que envíen a los clientes a operar a Internet. Es más bien lo contrario. Son estos últimos los que demandan los servicios digitales para realizar operaciones sin tener que ir a las oficinas. Eso es una realidad que supone desplazar a esta gente, para los que hay que buscar opciones de empleo para intentar recolocarles en otras necesidades.

Faltan informáticos y diseñadores de web

Rebeca Minguela está ahora embarcada en un nuevo proyecto empresarial: Clarity. Es una empresa que maneja cantidades de datos de empresas para saber cuál es su impacto en la sociedad. En función de los mismos, se les da una categoría teniendo en cuenta criterios de cómo pagan a empleados o si contaminan.

Con esta iniciativa el equipo de Miguela, integrado por unas 20 personas nada más, pretende ver cuál es el impacto que muchas empresas tienen, cómo usan su dinero y que hacen para la sociedad. Con el uso de las nuevas tecnologías y sus datos extraidos de redes sociales, Clarity dará una nota teniendo en cuenta los países donde operan las mercantiles. Pero para ello se precisa personal preparado, y no es fácil.

«Es muy triste que con el paro tan alto como el que hay en España, de más del 18%, muchas empresas como la mía no consigamos contratar a personas cualificadas. Necesidad de fuerza laboral hay mucha en el ámbito tecnológico. Yo estoy intentado buscar ingenieros, informáticos, investigadores, diseñadores y no lo consigo. Hay una desconexión entre el mercado laboral y las necesidades».