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Los operarios retiran los últimos enseres de la chabola

Demolidas dos chabolas en pleno centro de Valladolid

  • Los operarios retiraron los enseres de dos indigentes, que rehusaron la ayuda social, bajo el puente de Isabel la Católica y al borde del Pisuerga

Los efímeros asentamientos chabolistas construidos con una sorprendente asiduidad en el tramo de la ribera del Pisuerga comprendido entre los puentes de Isabel la Católica y de Adolfo Suárez (García Morato) pasaron ayer a mejor vida una semana después de que sus inquilinos, sendos indigentes, fueran informados de su inminente desahucio por cuestiones de «seguridad», ante posibles crecidas del río, y «salubridad», por la ingente cantidad de basura acumulada junto a una de las chabolas y la cercanía de colonias de gatos silvestres. Sendos inquilinos de las casetas construidas bajo el puente de Isabel la Católica y, aguas arriba, al borde mismo del cauce en la calle Arzobispo José Delicado rehusaron las ayudas sociales ofrecidas por la Policía Local.

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  • Derribo de chabolas junto a la ribera del Pisuerga

Los agentes llevaban semanas realizando un seguimiento de los ocupantes de sendas chabolas y finalmente elaboraron un informe que aconsejaba la retirada de ambas después de intentar, sin éxito, «reconducirles a los servicios asistenciales». Poco o nada se llevaron los desahuciados, que dejaron tras de sí un rastro de 2,5 toneladas de basuras, plásticos, maderas y colchones, sobre todo, en el caso, de la caseta construida casi tocando el agua en la parte posterior del polideportivo Huerta del Rey y del comedor social. Solo de allí retiraron los operarios del Servicio de Limpieza más de dos toneladas de desperdicios después de más de una hora de trabajos en la mañana de ayer. Su inquilino era un indigente español que construyó allí su hogar hace menos de un año, en el hueco dejado por otro chabolista. Y allí fue acumulando trastos y basuras hasta llegar a un punto que motivó la intervención llevada a cabo por una docena de operarios escoltados por los agentes.

Justo antes de despejar la ribera, en un punto que carece de paseos transitables, los empleados municipales habían hecho lo propio en el peligroso hueco situado bajo el tablero del puente de Isabel la Católica, del lado de la plaza del Milenio, donde convivía desde hace un par de meses un inmigrante marroquí que lleva quince años viviendo en España –en su caso apenas había generado desperdicios más allá de los cartones, las mantas y el colchón que conformaban su endeble hogar–, con una colonia de gatos silvestres asentados en una fila de refugios de cartón habilitados por los vecinos del entorno para darles cobijo. Y todo ello en un reducido espacio con una caída libre más que pronunciada hacia el camino que discurre bajo el puente, entre los pilares de hormigón.

Demolidas dos chabolas en pleno centro de Valladolid

«Es un lugar peligroso de por sí y se estaba generando un problema de infecciones en un espacio reducido en el que vivía esta persona con los gatos», aclararon fuentes policiales. De ahí que los operarios de Limpieza retiraran ayer tanto el chamizo de la esquina como las gateras. Media tonelada, en total, entre los refugios y la propia caseta.

Un pintor en paro

«Es un hombre que estuvo un tiempo viviendo en el albergue, pero tuvo un problema allí y decidió venirse bajo el puente», explican los propios agentes antes de incidir en que el inmigrante, al igual que en el caso del chabolista de la ribera, rechazó regresar a los servicios asistenciales. «Fue pintor durante un tiempo y aún hace algunas chapuzas, aunque no le va bien y se están planteando volver a su país (Marruecos)», añaden.

La presencia de este pintor en paro bajo el puente, eso es cierto, no había generado problema alguno; como así había ocurrido en la chabola del segundo indigente asentado al borde del río. Allí, al margen de las basuras, la chatarra y las maderas que rodeaban su chamizo, construido entre la maleza, contaba con una pequeña cocina de gas y su correspondiente bombona de butano–: «Suponía un riesgo para él mismo dada la acumulación de material combustible que tenía alrededor».

Sendos asentamientos quedaron despejados pasado el mediodía de ayer a la espera, salvo sorpresa, de nuevos inquilinos. «Son lugares en los que llevan tiempo montando y desmontando chabolas y se tiene cierta permisividad hasta que existe un riesgo evidente para ellos ante posibles crecidas del río o incendios, al margen de los problemas de salud pública por la acumulación de basuras», concluyen fuentes policiales.