Antoinette Kankindi, en la calle Gamazo.
Antoinette Kankindi, en la calle Gamazo. / HENAR SASTRE

Antoinette Kankindi: «El hombre tiene el poder... pero la mujer tiene la autoridad»

  • La activista congoleña ha recibido el premio Harambee por su compromiso con la igualdad y el liderazgo femenino en África

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«¿Filósofa? No, no. Filósofos son Kant, Descartes, Hegel... yo soy profesora de Filosofía», dice Antoinette Kankindi, docente en la Universidad de Strathmore, en Nairobi (Kenia), quien ayer visitó Valladolid tras recibir el premio Harambee 2017 a la promoción e igualdad de la mujer africana.

–Si hablamos de mujeres...

–Pienso en mi madre, Suzanne, ella me ha enseñado lo más importante de lo que he aprendido en la vida.

–¿El qué?

–El interés por el otro, pero no ese interés del interesado... Mi familia [nació en la República Democrática del Congo]tenía una finca con tierras, con vacas. Yallí había gente empleada. Mi madre nos decía a mis hermanos y a mí: ‘Id y mirad cómo trabajan y, mientras ellos comen, cogéis el relevo y hacéis su trabajo. Solo así seréis capaces de valorar lo que el otro hace por ti’. Ese mensaje se me ha quedado grabado.

–¿Alguno más?

–Una de las personas de las que más he aprendido, aparte de mis padres, sobre lo que es la dignidad de la mujer es Juan Pablo II. Tiene un escrito en el que recuerda que la mujer está preparada, por naturaleza, para ser madre.Y eso le alimenta la vocación de cuidar, de preocuparse por los demás, incluso del hombre. La mujer es el pilar de la casa... y, por lo tanto, es también el pilar de la comunidad. Si la mujer consigue su lugar, el sitio que le corresponde, pondrá en su sitio al hombre.

–¿En su sitio?

–La tradición dice que ella cuida de la familia y que él es el que provee. Claro, eso empieza a crear problemas cuando la mujer también provee. Hay hombres que están muy despistados con esto. Porque la mujer tiene un poder.

–¿Qué poder?

–¡Uy! Hay un problema con el poder. En el África tradicional, el poder y la autoridad recaían en la misma persona, aquel que dirigía a la comunidad tenía que ser una persona sabia. ¿Y quién es el sabio?

–¿Quién?

–El que sabe, por conocimiento y experiencia, cómo llevarnos, cuáles son las normas, qué se puede hacer aquí y qué no se debería hacer allí. El problema es que estas no son sociedades democráticas, porque esas personas con poder no son elegidas por la comunidad, sino por otros sabios que deciden quién tiene el poder y quién no.

–Entonces...

–Álvaro D’Ors decía que el poder es la capacidad que tienen las personas de organizar y dirigir a un grupo, a una comunidad, en una dirección concreta. El poderoso es alguien que tiene una cualidad personal. Pero, para que sea legítimo, tiene que ser reconocido por el grupo. Y para ejercer ese poder, necesitará el consejo del que sabe. ¿Sabes dónde quiero llegar con esto?

–A ver.

–Que tradicionalmente el hombre ha tenido el poder... pero es la mujer la que tiene la autoridad.

La ONG Harambee ha reconocido el trabajo de Antoinette Kankindi por su compromiso con el desarrollo de la mujer en África. Compagina su trabajo en la enseñanza con proyectos sociales como African Women Leadhership. «La mujer es el auténtico motor de África. Es imposible mejorar la vida en cualquier lugar de ese continente si no se trabaja para mejorar la situación de la mujer». Para ello, promueve iniciativas que faciliten la creación de pequeñas empresas impulsadas por mujeres, con modelos «sostenibles y alejados de la corrupción». «Se trata –dijo anteayer en Madrid– de impulsar medidas para garantizar la autonomía económica de la mujer, su educación, y que tenga un empleo digno, compatible con su familia, que le sirva para permanecer trabajando por el bien de su país sin llenar las filas de la inmigración».

–¿Sabe cuál es uno de los problemas de África?

–Diga.

–Hay que dar voz a los africanos. A veces tenemos la sensación de que las ONG nos instrumentalizan. Son un negocio y no tengo miedo a decirlo. Muchas se basan en proyectos que diseñan aquí y que llevan allí para hacerlos como lo han planeado, como quieren, sin preguntar. Las iniciativa de las ONGdeberían responder a propuestas muy concretas desde dentro, que sean los propios beneficiarios los que formulen lo que quieren. Si alguien quiere ayudar desde aquí, debe saber qué tipo de iniciativas respalda y quién las apoya, porque claro que hay ONG que merecen la pena y hacen bien su labor.