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Antonio y Loli, un matrimonio de Valdestillas, observan el caudal del Adaja. / J. Sanz

Las crecidas del Adaja y del Cega pasan de la provincia sin causar daños

  • La aportación de los dos afluentes triplicó el caudal del Duero sin alcanzar un riesgo real de desbordamiento

«Hacía veinte años, por lo menos, que no veíamos al Adaja bajar con tanta agua», aseguraban ayer con la vista puesta en el cauce Antonio y Loli, dos veteranos vecinos de Valdestillas, la localidad en la que el río alcanzó de madrugada su máximo esplendor con un pico de 157,50 metros cúbicos por segundo, uno de los más elevados, en efecto, de los últimos cuatro lustros –el martes arrastraba apenas ocho–. La crecida, eso sí, apenas anegó la parte inferior de las riberas y, pese a superar con creces su nivel de alarma (127 metros cúbicos), se quedó muy lejos de sus puntas históricas de los años 1989 y 1997, cuando superó los 400, una cifra casi inalcanzable ahora al estar regulado por una presa en la cabecera desde los años noventa.

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  • Aumenta el caudal en los ríos de la provincia de Valladolid

El Adaja, que recibe la aportación del Eresma unos kilómetros aguas arriba de Valdestillas, es el segundo mayor afluente del Duero por la margen izquierda y por eso su caudal, sumado al del Cega –este río también alcanzó ayer un significativo pico cercano a los cincuenta metros cúbicos por segundo–, hicieron que su receptor triplicara su caudal en apenas unas horas hasta superar con creces los 220 metros cúbicos en la estación de aforo de San Miguel del Pino.

Tanto el Adaja y el Eresma como el Cega alcanzaron sus puntas durante la madrugada de ayer, en los tres casos sin desbordamientos significativos, y sus caudales comenzaron a descender paulatinamente a medida que avanzaba la jornada. La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), de hecho, da por finalizado el presente episodio de crecidas de los ríos de la margen izquierda de la cuenca del Duero –el Pisuerga o el Esgueva, por la derecha, apenas han visto crecer sus caudales– y prevé que el incremento de este último se quedará «lejos de los niveles de alerta».

La estampa de los caudales de los ríos repletos llega después de que la mayoría rozaran mínimos históricos por la pertinaz sequía de este invierno, solo rota por las precipitaciones registradas durante los primeros días de febrero, que ya provocaron una fugaz crecida del Pisuerga en la capital y que ahora están causando una situación similar en el Eresma, el Adaja y el Cega y, por extensión, también en el Duero. La conclusión de este episodio supondrá la vuelta a la normalidad de todos ellos. El Adaja, por ejemplo, apenas superaba a media tarde de ayer los cien metros cúbicos por segundo y el Cega, los treinta.