Astillas de chopo y pino calentarán el Hospital Clínico

Acceso a las Urgencias del Clínico.
Acceso a las Urgencias del Clínico. / RAMÓN GÓMEZ
  • El centro sanitario se unirá a la red de calor de biomasa de la Universidad, con la sustitución de sus actuales calderas de gas natural

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El entramado de tuberías, la telaraña térmica que enlaza ya 27 edificios públicos del noreste de la capital (desde el campus Miguel Delibes hasta las facultades del Esgueva, desde los apartamentos universitarios Cardenal Mendoza hasta la sede del IOBA) extenderá sus redes durante los próximos meses hasta llegar a la calle Real de Burgos.

Una vez allí, integrará al palacio de congresos Conde Ansúrez, a la biblioteca Reina Sofía, a la Casa del Estudiante y, sobre todo, al Hospital Clínico en una red de calor que permite suministrar calefacción y agua caliente a todas estas dotaciones a través de una gran caldera centralizada y con una gigantesca red de conducciones (11,2 kilómetros de tuberías de acero preaisladas)que la convierten en la red de calor alimentada por biomasa más importante de España.

El proyecto, impulsado por la Consejería de Fomento y Medio Ambiente –que dirige JuanCarlos Suárez-Quiñones– y la Universidad de Valladolid, abordará durante los próximos meses una inversión de 1.180.000 euros (IVA incluido)para ampliar esta gran caldera (la primera fase costó cinco millones), en funcionamiento desde finales del año 2015 y que en la actualidad ya abastece a 27 edificios públicos. Ahora, se sumarán otras cuatro dotaciones, entre las que destaca, por el gran volumen de consumo (representará el 35%de la red de calor), el Hospital Clínico.

Este gigantesco edificio sanitario –con 73.400 metros cuadrados y por el que a diario pasan 7.300 personas– hasta ahora se calentaba con cinco calderas de agua caliente que utilizaban como combustible gas natural (la factura el año pasado fue de 656.090 euros). «Estas calderas tienen además la posibilidad de quemar gasóleo en caso de emergencia, ya que un criterio básico en estos edificios hospitalarios es la seguridad de suministro ante cualquier eventualidad», explican desde la Junta. El Clínico se adherirá a la red de calor para cubrir el 90% de sus necesidades de suministro. Quedarán como apoyo las calderas actuales de gas natural para que entren en funcionamiento de forma automática «en las horas puntas de consumo, cuando las condiciones meteorológicas sean muy adversas».

La nueva caldera de biomasa (alimentada con astillas forestales)llevará también calefacción y agua caliente al palacio de congresos Conde Ansúrez, la biblioteca Reina Sofía (con 2.195 metros cuadrados de superficie y un paraninfo para 600 asistentes) y la Casa del Estudiante.

Para adherir estos cuatro edificios a la red de calor ya existente será necesario ampliar la potencia térmica instalada. Para ello, se incorporará una cuarta caldera a las tres actuales, ubicadas en dos naves (de 1.400 metros cuadrados)en el extremo norte del Campus Miguel Delibes. Estos tres equipos de combustión ofrecen ahora una potencia de 14,1 megavatios, que sumarán cinco más con la nueva caldera, en una ampliación que ya estaba prevista cuando se diseñó la red de calor. Las viejas calderas de todos estos edificios «se mantienen en reserva para entrar en funcionamiento de forma automática ante cualquier incidencia en la red de calor».

Además, será necesario extender la trama de canalizaciones (en 800 metros), que ahora llega hasta el Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM). Desde allí, saldrán nuevas conducciones hasta alcanzar las salas de calderas de los cuatro nuevos edificios, en los que será necesario el montaje de subestaciones de intercambio térmico. Para calentar estas instalaciones, en la actualidad se utilizan 8.700 toneladas anuales de astilla forestal. La previsión es que, con la incorporación de estos cuatro edificios, la cifra se eleve hasta las 13.800 toneladas al año, un incremento importante (del 58,6%) por la ingente superficie del Hospital Clínico. Las previsiones económicas dicen que el dinero de esta intervención (1.180.000 euros), se amortizará en quince años con cargo a los ahorros económicos generados por el cambio de combustible (que además rebajará la factura en torno al 5%... hasta el 30% en los casos más optimistas). La Universidad eleva este ahorro sobre una factura de gas y gasóleo que, en su caso, ascendía a 1.240.000 euros antes de la puesta en marcha de esta red de calor. Pero no solo será beneficioso desde el punto de vista económico, sino también medioambiental. De acuerdo con las estimaciones de Somacyl (la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León), durante estos primeros años de funcionamiento, la red de calor de la Universidad ha permitido evitar la emisión de 6.800 toneladas anuales de CO2 a la atmósfera.

Con la ampliación prevista, se espera que esta reducción de emisiones ascienda a 9.800 toneladas. Pero, además, se emplea una fuente de combustible generada en la región, una materia prima cercana con cada vez más presencia en la comunidad, convertida en la mayor fabricante española de pellets de biomasa. Las utilizadas aquí son astillas de chopo y pino, suministradas por Somacyl y procedentes de los excedentes que se generan en trabajos forestales llevados a cabo en choperas y montes de la provincia.